Esta vez no voy a diferenciar entre mujeres y hombres, porque lxs he padecido a ambos. El problema es el poder. He tenido compañerxs de trabajo solidarixs y laboriosxs que convertidxs en jefes se han vuelto arañas venenosas (perdón por las arañas, que me caen muy bien) pero: ¿Qué poder? ¿Pueden traicionarse a si mismxs por unos pesos más?

Además lxs jefes son absolutamente innecesarixs. Por cuestiones burocráticas, demoras administrativas, y demás. Mis compañerxs hemos pasado meses sin jefes. ¿Y saben qué? No ha pasado nada. Ninguna catástrofe que lamentar. Todo funcionó igual y me animaría a decir que funcionó mejor, más relajado.

Es por eso que nunca seré jefx, por amor a las arañas. Durante todos estos años laborables mis jefxs me han obligado a hacer capacitaciones, cursos de perfeccionamiento o como la nueva moda indique que se llamen. Acudí a la escuela de administración municipal y ahí tomé cursos como Enfoque Sistémico, Trabajo en Equipo, Resolución de Conflictos, Liderazgo, etc. Y casi todos entran en contradicción con la idea de jefx, porque siempre hablan de equipos de trabajo, de abolir el organigrama verticalista, de los mandos medios y demases discursos pseudo progres para terminar diciendo: “Sí, mi general”.

Todes lxs jefxs se hacen lxs que escuchan, te dicen que están dispuestxs al diálogo y todo, luego lo usarán en tu contra. Por eso siempre he permanecido callada aunque pagás las consecuencias igual. Odian el silencio. No pueden asimilarlo.

Solo tuve, por un breve período una jefa justa, equitativa y ecuánime, pero fue muy breve, luego se jubiló. Atendía el teléfono si estaba cerca, barría si veía que estaba sucio, acarreaba cosas si era necesario y así enseñaba con el ejemplo, la veías barrer y agarrabas la palita.

Hay quienes prefieren reglas claras. Siempre voy a preferir un mundo armado de cambios, excepciones, contradicciones. La figura de jefe me retrotrae al Señor Feudal, al estanciero, al dueño, al padre, al marido, a patriarcado. Pero hay gente que necesita que le digan que hay que hacer.

Recuerdo que en uno de esos cursos de administración en lugar de jefe se llenaban la boca con la palabra líder y citaban como ejemplo al entonces director técnico de Boca: Bianchi. A mí no me dice nada esa persona.

Un conocido, el otro día, cuando le conté que estaba escribiendo sobre lxs jefxs me dijo: “Hay jefxs piolas, yo soy jefx”. Quisiera hablar con tus empleados, fue mi repuesta. Esos, suelen ser lxs peores, los que se creen amigos de sus empleadxs.

Creen que somos sordxs y les gusta gritar, hablar fuerte, reírse a lo grande les hace sentir importantes. A  veces hacen bromas para descontracturar y parecer “buena onda”. Pero son patétiques.

Con los años he bajado mi tono de voz hasta hacerlo inaudible con la esperanza que ellxs también bajaran la voz pero aprendí que esto es en vano y les irrita peor.

Se la pasan hablando por teléfono y te hacen creer que eso es trabajar pero si a mí me llaman o te pescan hablando para ellxs eso es haraganear.

Delegan trabajos pero no confían en que lo hagas bien por eso te controlan te espían, te subestiman.

Les jefxs generan un estrés que hace que me equivoque. Me pasó con mi padre, con algunxs docentes y ahora con les jefxs. Si estoy delante de ellxs haciendo algo que habitualmente me sale de taquito, en su presencia, se estropea. Desde clavar una estaca, andar en bici, rendir un examen o escribir una nota. Están y lo hago mal.

¿No se podrá armar, realmente, estructuras laborales que prescindan de lxs jefxs? Si nosotrxs podemos vivir sin ellxs. ¿Ellxs podrán sin nosotrxs?

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Sobre el autor:

Acerca de Verónica Laurino

Nació en Rosario en 1967. Trabaja de bibliotecaria y todos los días va y viene caminando a su trabajo. Le gustan las plantas y los animales. Tiene un gato. Publicó los libros de poesía 25 malestares y algunos placeres (Ciudad Gótica, 2006), Ruta 11 (Vox, 2007) y las novelas Breves fragmentos (2007, primer premio del Concejo Municipal de Rosario) y Jardines del Infierno (Erizo, 2013). […]

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