En su nuevo libro, White Freedom: The Racial History of an Idea (Libertad blanca: la historia racial de una idea), el historiador Tyler Stovall busca un nuevo abordaje de la relación entre libertad y raza en las sociedades occidentales modernas. Este enfoque revela una perspectiva histórica diferente en la comprensión de cómo la era de la Ilustración, que proporcionó la base para las concepciones occidentales modernas de la libertad humana, coincidió con el apogeo de la trata transatlántica de esclavos y cómo los Estados Unidos podrían fundarse simultáneamente en las dos ideas: la libertad y la esclavitud africana, el genocidio de los nativos americanos y la exclusión racial sistemática.

Stovall hace esto sosteniendo una explicación alternativa a lo que describe como la interpretación “paradójica” y estándar de la libertad y la raza. “Si la libertad representa la cima de la civilización occidental –dice Stovall–, el racismo, encarnado sobre todo por historias horribles como la trata de esclavos y el Holocausto, es su punto más bajo”. En otras palabras, el enfoque paradójico ve la libertad y la raza como opuestos. Esto significa que no hay nada en la libertad que esté intrínsecamente racializado. La relación entre libertad y raza desde esta perspectiva, argumenta Stovall, se debe más a “inconsistencias y debilidades humanas que a cualquier lógica subyacente”.

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Stovall desafía la visión paradójica argumentando que no hay contradicción entre libertad y raza. En cambio, piensa que las ideas de libertad en el mundo moderno han sido racializadas y que la blanquitud y la identidad racial blanca son intrínsecas a la historia de la libertad moderna. De ahí la noción de Stovall de libertad blanca.

El libro de Stovall tiene como objetivo contar la historia de la libertad blanca desde las revoluciones francesa y estadounidense hasta el presente. Pero, ¿hasta qué punto se puede reducir la vasta historia de la libertad moderna a la libertad de los blancos? ¿Cómo puede la libertad blanca explicar las diferencias de clase? Además, si la libertad moderna está racializada, ¿cómo diferenciarla del fascismo y otras formas de nacionalismo blanco? ¿Y puede la libertad política romper con el legado de la libertad blanca? Para responder a estas preguntas, hablé con Stovall sobre la historia de la esclavitud y la inmigración en Estados Unidos, el fascismo de Benito Mussolini y Adolf Hitler, el trumpismo y la reciente elección de Joe Biden para la Casa Blanca.

Imagen tomada de The Nation.

—¿Puede explicar su concepto de libertad blanca?

—En este estudio sostengo que la libertad blanca, que es un concepto de libertad concebida y definida en términos raciales, subyace y refleja tanto la identidad blanca como la supremacía blanca: ser libre es ser blanco, y ser blanco es ser libre.

—Su pensamiento sobre la libertad de los blancos ha sido fuertemente influenciado por los estudios sobre la blanquitud. ¿Puedes explicar la conexión entre los dos?

—Los estudios sobre la blanquitud parten de la proposición de que la blanquitud no es simplemente el estándar de oro neutral y no examinado de la existencia humana, el contra argumento es que la identidad blanca es racial, y que la gente blanca son seres tan racializados como las personas de color. White Freedom explora las formas en que el ideal de libertad es un componente crucial de la identidad blanca en el mundo moderno, que los grandes movimientos por la libertad como las revoluciones estadounidense y francesa o las guerras mundiales del siglo XX han construido la libertad como blanca. Más en general, este libro sigue la tradición de los estudios sobre la blanquitud al considerar cómo una ideología tradicionalmente vista como universal, de hecho, contiene una importante dimensión racial. Sostengo que con frecuencia, aunque no siempre, en la historia moderna, la libertad y la blanquitud han ido juntas, y el ideal de libertad ha funcionado para negar las realidades de la raza y el racismo.

—¿Cómo respondería a la crítica de que su noción de libertad blanca es potencialmente monolítica? ¿Cómo explica su diversa aplicación e impacto histórico, especialmente en lo que respecta a las diferencias de clase?

—Empezaría diciendo que la libertad blanca no es de ninguna manera el único tipo de libertad, que en la historia moderna otras visiones de libertad más inclusivas se le han opuesto con frecuencia, y esas visiones a menudo interactúan y se refuerzan mutuamente. Uno piensa, por ejemplo, en el surgimiento de los movimientos por el sufragio femenino en la Gran Bretaña y Estados Unidos del siglo XIX a partir de las luchas por abolir la esclavitud. El concepto de libertad blanca coloca a la raza en el centro de la historia de la libertad, algo que encontré necesario hacer tanto porque con frecuencia se ha dejado de lado o visto como algo periférico a la historia, y porque hacerlo más central en mi opinión ofrece nuevos conocimientos sobre la naturaleza de la libertad en general.

Las diferencias de clase, y las formas en las que históricamente han sido racializadas, también juegan un papel importante en el desarrollo de la libertad blanca. El ejemplo de los inmigrantes irlandeses durante el siglo XIX proporciona un caso interesante. Tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, los inmigrantes irlandeses no solo ocuparon los peldaños más bajos de la sociedad, sino que con frecuencia fueron racializados como salvajes y no blancos durante las primeras partes del siglo. En Gran Bretaña, la integración en movimientos de la clase trabajadora como el cartismo (Chartism, en inglés) y la huelga en los muelles de Londres de 1889 les trajo hasta cierto punto el estatus de blancos, mientras que en Estados Unidos la capacidad de los irlandeses de la clase trabajadora para diferenciarse, a menudo violentamente, de los afroamericanos ayudó gradualmente a habilitar su aceptación como blancos por la sociedad dominante, integrándolos en la blanquitud estadounidense.

—Usted arguye que la paradoja de los esclavistas estadounidenses que luchan por la libertad no es una paradoja en absoluto si se consideran las dimensiones raciales de la idea estadounidense de la libertad durante la Revolución estadounidense. Negar la libertad a los esclavos negros no fue una contradicción, sostiene, porque la libertad estaba reservada para los blancos. ¿En qué se diferencia aquí su pensamiento sobre la libertad y la esclavitud de los blancos del notable Proyecto 1619 de The New York Times, que provocó una tormenta de controversia al argumentar que la Revolución Estadounidense se libró principalmente para preservar la esclavitud?

—Creo que el argumento del Proyecto 1619 (acá un resumen en español de ese proyecto) de que los padres fundadores libraron la Revolución Americana en defensa de la esclavitud tiene mucho de recomendable, aunque creo que este debate podría beneficiarse de algunos matices. Por cierto, los propietarios de esclavos estadounidenses, que estaban ampliamente representados entre los defensores de la independencia, estaban preocupados por las implicaciones del caso Somerset de 1772, que prohibió la esclavitud en Gran Bretaña, para las colonias y su propia propiedad. El llamado de 1775 de Lord Dunmore, gobernador real de Virginia, a los esclavos estadounidenses para liberarse de sus amos y luchar por los británicos los indignó aún más, lo que los llevó a condenarlo en la Declaración de Independencia por haber fomentado insurrecciones internas contra los colonos. También es cierto que esta cuestión dividió amargamente a los patriotas del Norte y del Sur, en formas que, en última instancia, prefiguraron la Guerra Civil. Es muy posible que la revolución dedicada a abolir la esclavitud, como querían muchos norteños, no hubiera logrado obtener el apoyo de Virginia y otras colonias del sur y, por lo tanto, hubiera sido derrotada. Si eso significa o no que el objetivo principal de la Revolución era la preservación de la esclavitud, fue menos claro.

Sin embargo, existen otras formas de abordar este tema, que el debate actual ha tendido a descuidar. Primero, hay que considerar la perspectiva y las acciones de los propios esclavos, que constituían aproximadamente el 20 por ciento de la población de la América colonial. White Freedom no solo considera que la cuestión de la esclavitud es fundamental para la Revolución Estadounidense, sino que también ve a la Revolución como uno de los grandes períodos de resistencia y revuelta de los esclavos en la historia de Estados Unidos. Decenas de miles de esclavos, incluidos 17 pertenecientes al propio George Washington, huyeron de sus plantaciones en un intento por alcanzar las líneas y la libertad británicas. Ya sea que los patriotas blancos creyeran o no que estaban luchando por la independencia para preservar la esclavitud, muchos de sus esclavos ciertamente lo hicieron, y actuaron sobre la marcha de acuerdo con esa creencia. La historia estadounidense hasta el día de hoy elogia a los negros como Crispus Attucks que lucharon por la Revolución, pero ignora el número mucho mayor de esclavos estadounidenses que tomaron las armas por los británicos. Para muchos afroamericanos, por lo tanto, la Revolución Americana fue ciertamente una lucha por la libertad, pero por la libertad de sus dueños estadounidenses blancos y de la nueva nación independiente por la que lucharon.

En segundo lugar, se debe subrayar el punto básico de que, cualesquiera que sean las motivaciones relativas de los patriotas de 1776 para buscar la libertad y la independencia de Gran Bretaña, los nuevos Estados Unidos de América que crearon eran una república esclavista, y seguirían siéndolo durante la mayor parte de la historia del siglo. Claro que es cierto que la Revolución resultó en la abolición de la esclavitud en todo el Norte después de la Revolución, pero eso no cambió el hecho de que la abrumadora mayoría de los afroamericanos eran esclavos antes de 1776 y siguieron siéndolo durante décadas a partir de entonces. Además, lejos de ser una reliquia de un pasado imperial, la esclavitud demostró ser una parte dinámica y central de la economía y la sociedad estadounidenses a principios del siglo XIX. Tanto si los patriotas estadounidenses se rebelaron para preservar la esclavitud como si no, el éxito de su revuelta hizo exactamente eso, creando una nueva nación que en gran medida reservó la libertad para los blancos.

—La Estatua de la Libertad podría considerarse el símbolo de libertad más conocido en el mundo moderno. Con provocación declarás que “es la representación más grande del mundo de la libertad blanca”. ¿Por qué?

—La Estatua de la Libertad simboliza la libertad blanca en varios aspectos. En mi libro analizo cómo tanto sus orígenes franceses como su establecimiento en Estados Unidos subrayan esa perspectiva y, al hacerlo, ilustran la historia de la libertad blanca en ambas naciones. En Francia, la imagen de la estatua se inspiró en la tradición de Marianne, o la mujer revolucionaria, ilustremente representada en el gran cuadro de Eugène Delacroix, “Libertad guiando al pueblo”. Sin embargo, al mismo tiempo representaba una visión domesticada y no revolucionaria de esa tradición. Mientras la Marianne de Delacroix lleva un rifle y lidera un ejército revolucionario, la Estatua de la Libertad se levanta recatadamente y sin moverse, sosteniendo una antorcha que ilumina en lugar de una llama revolucionaria. Es la imagen de la mujer blanca sobre un pedestal. Las implicaciones raciales de esta domesticación de la libertad se hicieron mucho más claras en los Estados Unidos: aunque Francia le dio la estatua a Estados Unidos para conmemorar la abolición de la esclavitud, los estadounidenses pronto ignoraron esa perspectiva y en su lugar convirtieron la estatua en un símbolo de la inmigración blanca. Las cadenas rotas a los pies de la Libertad, que simbolizaban al esclavo liberado fueron efectivamente ensombrecidas por el pedestal y, más en general, por las imágenes raciales que rodeaban la estatua, y lo siguen siendo hasta el día de hoy. El mayor monumento de Estados Unidos a la libertad dio la espalda a la mayor lucha por la libertad de Estados Unidos, porque esa lucha no fue blanca.

Además, muchos estadounidenses a principios del siglo XX consideraban la estatua como un símbolo antiinmigrante, la “diosa blanca” que custodiaba las puertas de Estados Unidos contra las hordas racializadas, sucias y sospechosas de Europa. Solo cuando los inmigrantes, y más particularmente sus descendientes americanizados, fueron vistos y aceptados como blancos, la Estatua de la Libertad los abrazó. Por lo tanto, hasta el día de hoy, el mayor monumento a la libertad de Estados Unidos representa sobre todo la historia de la inmigración blanca. No existen monumentos equivalentes en la Angel Island de San Francisco para conmemorar la inmigración china, o en la frontera entre Estados Unidos y México para conmemorar a los estadounidenses cuyos antepasados ​​vinieron de América Latina. La Estatua de la Libertad oculta efectivamente el hecho de que la ciudad de Nueva York era en sí misma un gran puerto de esclavos, de modo que para muchos la llegada al puerto representaba esclavitud, no libertad. No solo los rasgos blancos de la estatua, sino su historia racial, la convierten para mí en el símbolo más grande del mundo de la libertad blanca.

Liberty Leading the People. 1830. Oil on canvas, 260 x 325 cm.

—Su argumento sobre la libertad de los blancos sugiere que la historia moderna del pensamiento liberal en realidad comparte algo en común con el fascismo de Hitler y Mussolini, es decir, que ambos sistemas de gobierno definieron la libertad en términos raciales. Entonces, ¿qué distingue fundamentalmente estas concepciones de la libertad?

—Como yo y muchos otros historiadores hemos argumentado, existen algunas similitudes fundamentales entre el fascismo y la democracia liberal en lo que respecta a la raza. De alguna manera, el creciente énfasis en el papel del estado como el lugar central y garante de la libertad encontró su culminación lógica en el estado fascista, que rechazó la libertad individual, definiendo en cambio la libertad como integración en el estado racial. Pero también señalaría dos diferencias importantes. Primero, la Italia fascista y la Alemania nazi manifestaron su compromiso con una visión racista de la libertad de manera mucho más explícita y dramática que las democracias del Occidente liberal. La visión nazi de una jerarquía racial en Europa con arios no tenía ninguna de las pretensiones de elevación y administración que se encuentran en el imperialismo occidental, sino que pedía dominación y, en última instancia, genocidio. Los horrores de la Shoah fueron un anticipo de lo que le esperaba a Europa, especialmente a Europa del Este, si la Alemania nazi hubiera triunfado. Las democracias liberales de Occidente, a pesar de todo su racismo, no compartieron esa visión, en cambio se horrorizaron por ella y al final se combinaron para destruirla.

A partir de este punto, también diría que, a diferencia de la democracia liberal, el fascismo europeo se desarrolló en un clima de guerra total, que dio forma fundamentalmente a su visión de la raza y la libertad. El fascismo y el nazismo nacieron al final de la Primera Guerra Mundial (tanto Hitler como Mussolini eran veteranos de guerra), y sus historias culminaron con la Segunda Guerra Mundial. La era de la guerra total reforzó poderosamente el racismo estatal: la idea de que el enemigo representaba una amenaza biológica para la nación. Esto también sucedió en Occidente, por supuesto, pero no constituyó el corazón de la identidad nacional de la misma manera. Además, a diferencia de la Europa fascista, la guerra total en Occidente también creó un movimiento masivo contra la libertad blanca, por una visión universal de la libertad.

—Encontré fascinante las partes del libro sobre el final de la Guerra Fría. Con respecto a Europa del Este, escribe: “El derrocamiento de los regímenes comunistas en este período ocurrió en la parte más blanca y más ‘europea’ del mundo, apenas tocada por la historia del colonialismo europeo de ultramar o la inmigración no europea”. ¿Cae esta visión de Europa del Este presa de una mitología de la homogeneidad blanca, que hoy es explotada por los líderes nacionalistas blancos en Europa del Este impulsados ​​por un sentimiento antiinmigrante e islamófobo? La región había tenido durante mucho tiempo millones de inmigrantes de Asia central.

Hay muy pocas, si es que hay alguna, partes del mundo puramente “blancas”, y los contactos de Europa del Este con Asia se remontan al menos al Imperio Romano. Hay, por ejemplo, una historia interesante de los negros en la Unión Soviética, que era en sí misma un régimen que se extendía y unía a Europa y Asia. No obstante, yo diría que, en comparación con el resto del continente y las Américas, las repúblicas populares de Europa del Este carecían de diversidad racial, una situación que llevó a muchos conservadores estadounidenses a abrazar su resistencia a los soviéticos durante la Guerra Fría como una lucha por la libertad blanca. En la mente de muchos, la liberación de Europa del Este del control soviético representó una continuación de la guerra contra el dominio nazi de Europa Occidental, una campaña inconclusa para asegurar la libertad de toda la gente blanca. Era contradictorio presenciar naciones de gente blanca como “cautivas” o “esclavizadas”, de modo que la Guerra Fría contra el comunismo soviético tuvo una importante dimensión racial. El colapso del bloque soviético representó en teoría la unificación de la Europa blanca, pero al mismo tiempo subrayó el hecho de que Europa no era realmente “blanca”. El dramático aumento de las tensiones étnicas y raciales en los ex países comunistas, especialmente en el este de Alemania, después de 1991, ilustró hasta qué punto la victoria de la blanquitud no estaba completamente asegurada en la era postsoviética.

—¿Entiende el trumpismo como una reacción violenta de la libertad de los blancos a la administración de Obama o como continuación de la historia más larga de la libertad de los blancos? Los intelectuales y los expertos, por ejemplo, están significativamente divididos sobre la cuestión de si el trumpismo está desatando impulsos fascistas de larga data en este país, especialmente teniendo en cuenta los eventos del 6 de enero. ¿Cuál es su posición?

—El fenómeno Trump ciertamente representa una reacción violenta contra la presidencia de Obama, pero va mucho más allá. En mi libro hablo de cómo la campaña por la libertad universal representada por la campaña de los derechos civiles y muchos otros movimientos populares provocaron el surgimiento de la Nueva Derecha, que de muchas maneras reforzó la historia estadounidense de libertad blanca. El actual Freedom Caucus de la Cámara de Representantes, compuesto abrumadoramente por conservadores blancos, ejemplifica eso. En gran medida, el trumpismo representa una continuación de ese movimiento político que triunfó con Ronald Reagan. Sin embargo, al mismo tiempo, la presidencia de Trump, en contraste con el reaganismo, tocó una campana defensiva y, a veces, incluso desesperada, un temor por la supervivencia de la libertad blanca. La elección de Barack Obama demostró que una visión universal de la libertad podía triunfar en los más altos niveles de la sociedad y la política estadounidenses, provocando una reacción de angustia que creó el Tea Party y otros movimientos reaccionarios. El hecho de que Trump nunca haya ganado la mayoría del voto popular combinado con la composición cada vez más multicultural y multirracial de la población estadounidense ha llevado a muchos a creer que los días de la libertad blanca están contados. El hecho de que tantos estadounidenses se aferren a Donald Trump y su partido republicano, a pesar de su comportamiento escandaloso y bufón, creo que surge de este miedo elemental.

Creo que los eventos en Estados Unidos desde las elecciones presidenciales de 2020 muestran que el trumpismo tiene el potencial de transformarse en un movimiento fascista absoluto. Nunca en la era moderna hemos presenciado un intento tan rotundo de derrocar la voluntad del electorado después de una elección estadounidense, basado directamente en la técnica fascista de la Gran Mentira. Ha representado la culminación de los esfuerzos del Partido Republicano para suprimir la capacidad de voto de las personas de color, esfuerzos cuya historia se remonta a la campaña terrorista blanca contra la Reconstrucción después de la Guerra Civil. Además, creo que si el fascismo llega a Estados Unidos, vendrá disfrazado de libertad blanca. La insurrección del 6 de enero es un buen ejemplo. Ese día, Estados Unidos fue testigo del espectáculo de miles de manifestantes, en su mayoría blancos, que invadieron el edificio del Capitolio de los Estados Unidos y trataron de derrocar al gobierno. Proclamaron su movimiento como una campaña para proteger sus libertades y, en su mayor parte, se les permitió partir pacíficamente después de invadir violentamente propiedades federales. Si eso no demostró que la blanquitud sigue siendo una parte importante de la libertad en Estados Unidos, no sé qué lo hará.

—Dada la aceptación generalizada de Black Lives Matter y la elección de Biden a la Casa Blanca, ¿cuáles cree que serán las implicaciones para la libertad blanca hoy en este país?

—Para mí y para muchos otros afroamericanos, una de las cosas más sorprendentes del asesinato de George Floyd fue la intensa reacción de tanta gente blanca contra la brutalización oficial de los negros en Estados Unidos. Dejando a un lado la naturaleza bastante tardía de esta reacción, o la observación de que un movimiento que pide el derecho de los afroamericanos a no ser asesinados no es radical, la aceptación generalizada de Black Lives Matter apunta a un nuevo día en la política racial estadounidense, una nueva afirmación de la libertad universal.

La victoria electoral de Joseph Biden, y su reconocimiento de su deuda con los votantes negros y de color, también sugiere los límites de la libertad blanca en la política estadounidense. Sin embargo, el hecho es que 74 millones de estadounidenses votaron a favor de la reelección de Donald Trump. Continúa dominando la base del Partido Republicano y mantiene una amplia base de apoyo en la nación en su conjunto. La libertad blanca está en muchos sentidos a la defensiva, pero eso puede hacerla más peligrosa que nunca. También queda por ver cuán comprometido está el presidente Biden con una visión progresista de la libertad. Las señales iniciales parecen alentadoras, pero durante la campaña electoral se jactó de su capacidad para trabajar al otro lado de los pasillos con senadores sureños blancos para resistirse a los autobuses para la integración escolar. Tal bipartidismo en el pasado llevó a las leyes de Jim Crow (racistas) y a cuerpos negros colgando de los árboles. Con suerte, el presidente Biden demostrará ser más hábil para resistir el canto de sirena republicano de la libertad blanca.

—Finalmente, en White Freedom se menciona muy poco la tradición política del socialismo democrático, que está experimentando un resurgimiento en la actualidad. ¿Cree que es una opción viable para resistir la libertad de los blancos hoy?

—Creo que el socialismo democrático no solo es viable sino vital en la lucha contra la libertad de los blancos. El hecho de que un segmento significativo de la clase trabajadora blanca haya abrazado el trumpismo no es de ninguna manera inevitable, sino que habla de la convicción generalizada de que el establishment demócrata ha abandonado las preocupaciones de los trabajadores. Algunas personas que votaron por Donald Trump en 2016 también apoyaron a Bernie Sanders, por ejemplo. En este momento en Estados Unidos, una de las razones más poderosas para la supervivencia de la libertad blanca es la creencia de muchos trabajadores blancos de que su identidad racial “triunfa” sobre su posición de clase, que, en un mundo político donde nadie defiende a los trabajadores y sus intereses, el privilegio racial es su mayor activo. La elección a la presidencia de un miembro clave del establishment demócrata como Joseph Biden no es un buen augurio a corto plazo para cambiar esta perspectiva, sin embargo, como ha demostrado el minucioso trabajo de Stacey Abrams en Georgia, no hay sustituto para la organización política a largo plazo. El socialismo tiene el potencial de empoderar a todas las personas y así demostrar la naturaleza universal de la libertad. Desarrollar y actualizar ese potencial será una parte central de la campaña para convertir la libertad blanca en historia.

Nota bene: se respetaron todos los hipervínculos de la edición original en inglés y se agregaron otros para ayudar a entender el contexto y las referencias demasiado localizadas.
El original de esta entrevista se publicó en The Nation y puede leerse acá.
Nuestro interés en la publicación de este artículo es introducir un tema que desde hace al menos un lustro tiene su agenda solapada: la racialización de la política en Argentina, como lo señaló Ezequiel Gatto en esta misma revista.
Traducción y edición de Pablo Makovsky.
llega el frio
Sobre el autor:

Acerca de Daniel Steinmetz-Jenkins

Según su reseña biográfica en The Nation, el autor realiza una serie de entrevistas en ese periódico de izquierda de Estados Unidos. Es profesor asociado de pensamiento político e intelectual moderno en la Facultad de Estudios Sociales de la Wesleyan University, con un interés particular en Europa y el mundo desde la Guerra Fría hasta […]

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