Mientras su gato Bárbaro trata de comerse un pañuelo de papel, Ivana Romero intenta distraerlo con un leoncito de peluche sobre la mesa. Aunque no se la ve, una la imagina en un tentempié entre el jugueteo del micho y la pila de libros que la rodea. Se oye el ruido del papel, un maullido tímido y la voz de Ivana –poeta, escritora, periodista– que del otro lado narra la escena. Entonces una se pregunta cuánto tardará esa mañana cualquiera junto a un gato de departamento en convertirse en poesía. Porque si de algo están hechos los poemas de Romero es de acontecimientos cotidianos entre la oscuridad y el fulgor. Ella parece ir de aquello que está al alcance de la mano hacia lo que no se ve y está guardado –ese corazón de las cosas que sirve de nombre al blog que administra desde 2010– para traducirlo.

Ivana Romero nació en Firmat, en 1976, y vive hace más de diez años en Buenos Aires. Es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario y Máster en Periodismo por la Universidad de San Andrés. Trabajó en los diarios El Ciudadano (Rosario) y Tiempo Argentino (Buenos Aires), colaboró en el suplemento de Cultura de diario La Capital (Rosario) y actualmente trabaja en la revista Ñ. Es autora del poemario Caja de costura (2014, Eloísa Cartonera) y de la crónica autobiográfica Las hamacas de Firmat (2014, Editorial Municipal de Rosario, reeditado en 2018). Además, integra las cátedras Taller de Poesía 1 y Taller de no ficción de la Universidad Nacional de las Artes.

Te puede interesar:

Con el amor no alcanza

Una poeta y un fotógrafo se reunieron para contar acerca del deseo como herida y como sutura. Un adelanto del libro editado por Baltasara

Aunque siempre navegó entre la prensa y la poesía asegura que ambas escrituras son bien distintas, con la salvedad que en el periodismo cultural el ejercicio de la mirada provoca una zona donde existe la posibilidad de que ambos lenguajes se encuentren. “El periodismo es asertivo, afirma, confirma, está diciendo el mundo es así. Mientras que la poesía se pregunta si el mundo es así y va a contrapelo, es contracultural, no es utilitaria, no te da grandes beneficios”, explica.

El sábado 8 de diciembre a las 19 presenta en Rosario su libro de poemas Ese animal tierno y voraz (Caleta Olivia) en el bar Oui (Mendoza 1098) con la compañía de Gabby De Cicco y Rosana Guardalá y la cantante Valei acompañada por el guitarrista Charly Samame.

Cuenta la autora que este libro fue como un alumbramiento y a la vez como un desnudo. “La mirada, las palabras, cada poema, está de algún modo ligado, por un lado, a un aire de época y, por otro, a lo que a una le va pasando internamente”, dice.

El libro se divide en dos partes. La primera se llama “La piel antigua” y reúne poemas donde se atisba la presencia del amor y el desamor, del deseo y la dicha, del silencio y la palabra poética como forma de acompañar la vida cotidiana. “Son los cambios de piel que atraviesan a las mujeres y a las poetas. No es un dato menor ser mujer. Es una zona doble, aquello que se dice se inscribe dentro de un marco cultural, de una manera distinta del decir de un varón. Venimos librando una lucha desde hace mucho tiempo por desestructurar ciertos cánones, por complejizar sentidos comunes que han tornado lo masculino como medida de todas las cosas. Como sucede en el feminismo, una no podría estar diciendo si no hubiesen venido una cantidad enorme de poetas abriendo el camino”, dice Romero.

En la segunda parte llamada “Estrellas perfectas”, la autora explora el universo del rock a través de las estrellas que le gustan tomando un detalle que permita anidar razones que los lleven a componer esa música.  Así vemos a Amy Winehouse hojear revistas en una lavandería, a Bruce Springsteen en un taller mecánico, a Norah Jones caminar bajo los copos de nieve.

Para Romero se encierra una pequeña ironía ahí, porque conviven las estrellas musicales pero también Petty, la peluquera de Firmat, un amigo rocker que es maravilloso pero que no tiene amplificación global y un niño Batman que viaja en subte con su madre. “Es la imperfección, la enorme humanidad que tiene cada persona, y a partir de ahí me permití inventarles una vida, un pensamiento, porque me interesa pensar que hay un punto donde son enormemente vulnerables como cualquiera de nosotros”, dice la autora.

Las primeras versiones de los poemas las comenzó a escribir entre 2014 y fines de 2015 cuando atravesaba una situación personal y política muy distinta de la actual. Al comienzo trabajó los poemas con Osvaldo Bossi y luego los revisó con la ayuda de Alicia Genovese, que es la autora del texto de la contratapa.

La poeta y narradora norteamericana May Sarton decía que “escribir poesía es tratar de averiguar” y a Romero le gusta esa idea. Para ella la poesía es preguntarse por sus cambios, por cómo van cambiando los otros, pero sin hallar las respuestas. Porque si algo demuestra la poesía es que las cosas son de un modo y también de otro.

 

Poemas de Ese animal tierno y voraz 

 

TUS PASOS SUBEN POR la escalera.

El corazón late con ritmo apaciguado
debajo de tu abrigo cubierto de gotas
como la capa de un guerrero.
Me contás que fuiste al supermercado
en medio de la tormenta
porque la heladera quedó vacía.
Pienso que las guerras también son domésticas.
Al borde de la escalera
mientras te espero
mi corazón brilla como la chispa de una bomba.
Para llegar hasta aquí mis pasos fueron
explosiones en el piso
que el silencio aplaca.

Cuando te veo, ya no me importa saber
qué dirá cada uno sobre lo que pasó
cuántas razones, cuántos miedos, cuántas heridas
se apilarán
escalón a escalón
porque ahora estás aquí
con tus bolsas de plástico y tu sonrisa cauta.

Sólo quiero encender tu corazón otra vez.

Sé que aún late por mí, por los dos, por lo que queda.

Aquí, mi corazón de fuego.

Aquí, las armas que ya no necesito.

Aquí, a tus pies.

Bajo la lluvia, a pesar de la lluvia.

 

ERAN UNOS CANGREJOS SOBRE fondo verde veronés.

Un cuadro raro de Vincent
que a falta de mejores modelos
usó lo que tenía a mano.

En esa época se mudó a un tallercito blanco
en Arlés.

“Te parecerá gracioso que el retrete
se encuentre en casa del vecino”, escribió
a su hermano Theo.

También le contó que colgaría
estampas japonesas en la pared.

Quizás la chica sentada a mi lado sea japonesa.

Tiene el vientre muy abultado y una campera plateada.

Al lado está su madre.

Le acaricia la panza un instante y vuelve a sus cosas,
a la guía del museo que lleva entre manos.

Alguien me dijo que las mujeres se vuelven un poco locas
cuando se convierten en madres.

Vincent también se volvió loco
de amor, de tristeza
de aguda fantasía y desasosiego.

Todos podemos volvernos locos alguna vez.

No estamos a salvo, como esos cangrejos
que ya son arena o piedra calcinada.

Escribo estas cosas
en medio de una mañana color trigo,
tan quieta que casi puedo tocarla
como un vientre grávido que respira profundo.

Vuelvo a respirar
después de varios días a la sombra.

Ahí están tus zapatos negros
para recordarme que viajamos juntos
que eso no pasó hace tanto.

Ya está bien con esto de caminar hacia atrás.

Miro tus zapatos,
pienso que volverás en unos días
y que esta vez no me dará miedo
el silencio de la noche
ni las distancias
ni mi propia sombra.

Tampoco el pasado.

Los cuadros tienen adentro otros cuadros.

Yo no tengo chicos adentro mío
pero sí una tristeza antigua,
envuelta en su capa verde.

 

DEJO QUE EL CORAZÓN se escape.

Volverá, revolcado de sangre y arena
elegante a pesar de todo
sin arrepentimiento
por la vida perdida.

Cierro las ventanas
para que descanse
para que este día se extinga
con la confianza
de que habrá otros días.

Dejo las luces encendidas:
yo no quiero que me busquen en la oscuridad.

El corazón es mi amigo.

Él me cubre las espaldas
con su capa púrpura de torero
que sólo deja al descubierto una costilla rota.

Ahí, en ese hueco, late un sonido.

Es la pregunta que no hice.

También, su respuesta.

 

AMY

 

AMY IBA AL LAUNDRY de vez en cuando.

Laundry, lavadero, lavandería.

Camino por Camden Square pensando
cuál es la palabra adecuada
para un poema que quiera contar esto.

Ella sale de su casa por esa puerta de rejas.

Los árboles de enfrente no son aún
santuario cubierto de flores secas
y nombres en los troncos
como arañazos.

Son apenas árboles anónimos en una plaza
donde las chicas trotan.

Como esta africana que pasa por segunda vez.

Amy se cruza con americanas, orientales, indias
que son el corazón verdadero
de este barrio con música en los pubs.

Lleva sus sábanas al laundry
las mete en una máquina, se sienta
ve la espuma hacer su trabajo.

No tiene nada mejor que hacer.

Hojea una revista.

Está acostumbrada a ver sus fotos
en todos lados.

Muchas paredes tienen su cara
dibujada como un sudario
una sábana con rastros de humo negro
donde quedan impresas sus huellas.

En todos los dibujos
siempre mira fijo
y tiene las piernas desnudas.

Amy se mira las piernas.

Pasa la chica africana una vez más.

Sus piernas son fuertes
y las de Amy parecen
a punto de quebrarse.

Amy siente que su piel es transparente
que podría disgregarse como la espuma.

No está segura de seguir acá.

 

Portada del libro
Elecciones PASO 2019
Sobre el autor:

Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

Ver más