Es jueves y es de mañana. Daniel García reconstruye una imagen en movimiento con palabras: él navegando el río Paraná, desde Buenos Aires hasta Asunción, en un proyecto-expedición con el que nace Casi boyitas, ilustraciones que fijan en hojas sensaciones que tenía Daniel navegando por el río que lo vio nacer. A partir de los dibujos, Gilda Di Crosta pinta palabras en verso. Daniel nos dice: “Yo vivía el río como una frontera, más allá de entre las costas, entre el arriba y el abajo. La temporalidad del río era otra temporalidad a la urbana”.

En el interfaz discreto del Meet, aparecen las caras de catorce pibis disperses en ciudades de toda Sudamérica. No pudimos, todavía, tocar y oler el mismo aire, pero pareciera que la sala de reunión virtual nos acondiciona a todes en un mismo desayuno hambriento. Cada uno de nuestros encuadres son cartografías de jóvenes con los ojos diferentes, la nariz diferente, el pelo. Pero, insisto, ahí en la sala pareciera haber un acondicionamiento que nos recuerda que las aguas de los ríos que corren por nuestras ciudades están de alguna manera conectadas por cuencas que nuestro tamaño diminuto no podría dimensionar.

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Abrimos los ojos y miramos a Daniel, flecha de su propia arquería, narrándonos su aventura, despertándose antes para no perderse la figura del puente Rosario-Victoria desde el barco en el amanecer. Nos decía: “la potencia del paisaje, los ojos se quedaban pegados a todo lo que veía”.

Daniel es artista visual, y se nombra, sobretodo, pintor. Trabajó desde 1991 haciendo las ilustraciones para las tapas de la editorial rosarina Beatriz Viterbo. Nos decía, esas obras eran intensamente ambiciosas porque pretendían ser atractivas para le potencial lectore, resonar con lo que en el libro está escrito y, aparte, que funcionasen como obras independientes.

En el material para la charla, Pascal Quignard habla sobre la relación que el texto y la imagen no mantienen: decía que la escritura –como todo medio de expresión– busca lo que no puede transponerse, que la ilustración es antiliteraria. Daniel dice que Pascal mismo ha transgredido sus reglas.

La poesía de Gilda al costado de las ilustraciones de Daniel en Casi boyitas recrean la memoria del río, todo lo que trae a sus costas, lo que conserva en la profundidad, la temporalidad ralentizada que hace sentir navegándolo. La ilustración, en éste caso, antecede la palabra. Es un diálogo a tiempos distintos sobre materia prima similar. Y, sin dudas, no se repelen una forma de expresión de otra como sustancias antagónicas.

Es jueves y es de mañana. Catorce poetas jóvenes charlamos con Daniel en la cuarta jornada de la Residencia del Festival Internacional de Poesía de Rosario. Tratamos juntes de adivinar el lugar de encuentro entre la palabra y las imágenes, que son como dos hermanas que juegan en diferentes posiciones, navegan el río, una, nombrándolo; otra, observándolo. Pero ahí, en el tiempo encapsulado, en el suave devenir de las horas sumergidas, en la fantasía terrestre del tiempo manipulado, palabra o imagen trabajan ambas con el mismo cauce. Están conectadas por las napas que surcan la tierra profunda.

Algo así sentí hoy en el tiempo detenido de la reunión de Meet, donde Daniel y catorce poetas jóvenes hablábamos y observábamos dentro de una cuenca común.

sta fe Salud
Sobre el autor:

Acerca de Agustín Daría Poncio

Crecí en Villa María, provincia de Córdoba. Vivo en Córdoba capital hace cuatro años, donde estudio Cine en la UNC. Escribo poesía desde que dejé de aguantar el silencio casto de los buenos modales.

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