El presente texto tiene la voluntad de trazar un recorrido por los últimos meses en los que, aún con las dificultades que ha originado esta explosión global, se instala una estela de tensión poética. Se observan al detalle algunas novedades, antologías, ediciones históricas y opiniones sobre la poesía de la región, mientras reflexionamos sobre el lenguaje y los modos de agenciamiento que convocan a poetas, editores, libreres, gestores.

También se resuelve esta selección, que no se presenta con rictus riguroso, de manera anárquica y amorosa y define un umbral desde donde una guirnalda de luces configura el cosmos de una zona, una región que se manifiesta.

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Apología de Noemí Escandell

Escandell –quien murió hace dos días– encarnó con lucidez el binomio enseñanza y compromiso ideológico. Militó la docencia y dejó una obra en la que ensayó su pensamiento plenamente contemporáneo.

En distintos encuentros fui arrojando algunas preguntas sobre la tradición, los ritmos de publicación y circulación. ¿Publicar o no en este contexto? ¿Se escribe más o se ha dejado de escribir? ¿Se escribe desde la caverna? ¿Qué leemos cuando escribimos? Hay nuevos libros, hay videopoemas, hay fanzines, podcasts, hay de todo. Nos queda seguir pensando sobre la urgencia y la permanencia de la poesía.

Tomo como disparador unos pasajes de Srećko Horvat en Poesía del futuro: “En lugar de entender la melancolía como algo negativo, como una mirada nostálgica al pasado que no se puede someter al proceso del duelo, quizá haya llegado el momento de recuperar la melancolía tal como propone Traverso: como algo que en realidad alberga un potencial emancipador”. Horvat incorpora la esperanza, incorpora el horizonte prospectivo de la política, y argumenta: “Es esta esperanza sin optimismo la que puede impulsarnos hacia el futuro porque salvaguardar lo que ha sucedido no como algo que habrá de repetirse, sino como un potencial que podría impulsarnos en nuevas direcciones y que —si mantenemos siempre en mente que no existe la derrota definitiva— aún puede cambiar el presente”.

Literatura portable

Alejandra Benz es psicóloga y poeta, también es activista en el grupo Gordura Estruendosa. La visito en su casa-estudio, un ático angelado. Nos reunimos con otras dos poetas, cuando aún podíamos juntarnos. Discutimos sobre el estado de la poesía, la política, la amistad, la cultura. Se festeja el encuentro cuerpo a cuerpo, si bien no creo que podamos seguir juntándonos. Alejandra cuenta:

“La última vez que publiqué un poema fue el año pasado en un fanzine colectivo que armamos con el grupo de activismo gorde Gordura Estruendosa. En formato libro, publiqué La edad de Eva en 2016 con Ivan Rosado. Me convoca lo que escriben mis contemporánexs en tiempo o en voz. Bertolé, Vallejos, Di Crosta. Vignoli, que es el faro luminoso del decir rosarino.

“Más que inscribirme en una tradición, me gusta la idea de encontrar amigxs más allá del tiempo, porque es desde donde hablo, las voces que me importan son cercanas y por lo general son disidencias o mujeres. Creo que la potencia del querer genera agrupamientos y modos de escritura.

“En relación con la circulación de los poemas, creo que tienen un ritmo parejo que prescinde de la novedad o es siempre en sí mismo una novedad. No es necesario salir corriendo atrás de los poemas, eso es una cualidad re noble de la poesía, nunca te deja afuera. Y ese ritmo hace que tengas intercambios sobre lo que escribiste muy dispares y del relato de llegada: un fanzine, un posteo en alguna red social, una lectura, un libro. La poesía es quizás lo más portable y autosustentable en la literatura”.

Una tradición

Mercedes Gómez de la Cruz es poeta, editora y gestora cultural, le consulto por sus últimas publicaciones y los modos en que circulan sus poemas:

“La última vez que publiqué fue durante 2019. En junio salió Caudal por el sello Grito Manso Editorial, de Mendoza. Yo estaba buscando editor y ellos fueron receptivos al material que les di. Financiaron el 100% del libro. En noviembre publiqué Roca Madre, con la editorial Baldíos en la Lengua, de Buenos Aires. En ese caso fue un proceso de conversaciones que derivó por un lado en el armado del libro ya que, cuando se los pasé, el material estaba en proceso. Pautamos algunos plazos y cuando estuvo listo el conjunto convinimos trabajar con la modalidad de venta anticipada de ejemplares. En el medio nos agarró la devaluación tremenda que encareció mucho el papel, pero gracias a la garra que puso la editorial el libro pudo salir.

“Mis poemas también circulan en internet a través de páginas y blogs, en libro electrónico, en archivos sonoros, tanto de lectura como de música, participé de una obra de música contemporánea premiada por la Unesco.

“Rosario tiene una tradición de la poesía. Mis referentes son muchos y por motivos distintos: Beatriz Vallejos, Angélica Gorodischer, Gabby De Cicco, Beatriz Vignoli, Eduardo D’Anna, Irma Peirano son los nombres que no puedo omitir”.

Problemas graves

Osvaldo Aguirre es poeta, periodista y escritor, responde estas preguntas a la distancia, con precisión quirúrgica. Lo escucho atentamente. Charlamos sobre el inicio de su obra poética y sus inmersiones en el paisaje, entre otras cosas.

“Creo que el paisaje aparece bastante en lo que escribo. Es un paisaje familiar en sentido estricto para mí, son los pequeños pueblos de un área del sur de la provincia donde vivieron y trabajaron tres generaciones de mi familia: Juan B. Molina, Cañada Rica, Morante. Tengo un libro, una crónica, que se llama justamente Oratorio Morante (publicó la EMR en la Colección Naranja) y otro, un ‘ayudamemoria’, Como si fuera hoy (El Ombú bonsái), donde escribo al respecto. En la Historia de Juan B. Molina, Evelin D’Angelo y Marcela Forlini me incluyen en el capítulo sobre la literatura del pueblo (junto con Mirko Buchín), lo que me dio mucho gusto.

“En la poesía que escribo aludo continuamente a ese paisaje, pero tal vez sea más difícil de reconocer. Como decía Juan L. Ortiz, no se trata de ver en el paisaje solamente lo que está a la vista, sino también aquello que lo trasciende, o lo abisma, y dentro de eso, para mí, está una forma de hablar, un lenguaje familiar, que es el que trato de invocar, de reconstruir, de continuar cuando escribo poesía. Las formas de hablar, las palabras, las frases con que escuché hablar del paisaje, una especie de lengua natal: no es entonces el paisaje que se ve o se puede ver sino el que se oye lo que me atrae como tema de escritura.

“Si tuviera que reconocer una tradición, me gustaría decir que la tradición literaria enfrenta problemas graves en Rosario. La prueba está en lo que pasa hoy con el Festival de Poesía. Si hay algo en la historia reciente que forma parte de la tradición cultural de Rosario, eso es el Festival de Poesía, pero sin embargo parece perdido en medio del desinterés de la gestión cultural del municipio y de la indiferencia de muchos poetas. ¿Dónde está la preocupación, tantas veces proclamada, por la literatura de Rosario? ¿Nos importa, supuestamente, la literatura de Rosario y a la vez no nos importa qué pasa con el Festival de Poesía? A veces pienso que hay hipocresía en la queja por la falta de reconocimiento de la literatura de Rosario, que en realidad encubre la queja por la falta del propio reconocimiento. Y además parece esperarse que la solución caiga del cielo o venga de Buenos Aires, no sé. Creo que la tradición cultural de Rosario, o por lo menos literaria, en este momento está en peligro. ¿Qué pasa con la Editorial Municipal? La colección de poesía de la EMR es otro momento importante en la tradición rosarina. Ahora bien, ¿va a continuar? ¿Cuándo sale la edición de la poesía completa de Fausto Hernández, por ejemplo? Ese libro sería un aporte importante para nuestra tradición. Desinteresarse de la suerte del Festival, poner en una especie de estado de suspenso a la EMR, son atentados contra la cultura de Rosario, y no solo de Rosario”.

Arte argentino de los últimos siglos

Le escribo a Ana Wandzik, que es artista, poeta y lleva adelante, junto con su compañero Maxi Masuelli (también artista, pintor y coleccionista) el proyecto Ivan Rosado, para conocer en qué andan. Conversamos sobre los planes venideros, las publicaciones recientes en poesía y todas las formas posibles de cruces y encuentros en este contexto. Ana comenta:

“De poesía salieron: El entrenamiento de la mente, de Irina Garbatzky; Una oferta de pureza, de Antolín; Para siempre, de Francisco Garamona; y la segunda edición de Desnudo total y escándalo de Vir Negri. Estamos muy metidxs con trabajos simultáneos dentro la colección de arte Maravillosa Energía Universal, desde allí y en trabajo conjunto con artistas, investigadorxs, archivos personales y públicos, hay una serie de proyectos abiertos y en preparación desde hace un tiempo que nos requieren de mucha dedicación. Actualmente trabajamos en paralelo con un libro de la obra de los 90 de Fernanda Laguna, con otro de dibujos y pinturas de Orlando Belloni (el pintor de La Tablada, Rosario), otro junto a Santiago Villanueva sobre las marcas del surrealismo en la Argentina desde una perspectiva contemporánea, otro junto a Francisco Lemus e Irina Garbatzky sobre la relación artístico-afectiva entre Elba Bairon y Emeterio Cerro, otro junto a Silvia Dolinko sobre la figura del editor Emilio Ellena, otro de dibujos de Silvia Lenardón, otro junto a Adriana Armando y Guillermo Fantoni sobre Pablo Suárez y sus escalas en Rosario, otro sobre la obra plástica de la poeta y laquista Beatriz Vallejos, otro sobre flores en coautoría de Gilda Di Crosta y Daniel García. Esto puesto en relación con lo ya aparecido en el año dentro de la colección, que incluye títulos de Germaine Derbecq, Adrián y Sebastián Villar Rojas, Paola Vega, Juan Del Prete y Pablo Montini; y lo publicado en la colección más literaria o de mezcla para la cual salió la reedición de Una casa y un tambor de Pauline Fondevila y los mencionados de poesía, llegando en estos meses Alberto Giordano con el tercer volumen de sus diarios y el primer libro de relatos de Ariana Atala.

“De la mano de la actividad editorial siempre estamos llevando adelante algún espacio propio de encuentro y distribución directa. En plena pandemia cambiamos de locación, ahora estamos en Córdoba y Callao con el fondo editorial y una biblioteca-archivo personal del cual echamos mucha mano al momento de trabajar. Esta biblioteca es de consulta libre y además hay material a la venta muy concentrado en el arte argentino. El desafío ahora será sostener la actividad de este espacio buscándole la vuelta al modo de compartir en tiempos de distanciamiento social.

“No podría decir si nos inscribimos en una tradición determinada… Sí que miramos con un ojo al pasado y con el otro al presente desde ahora, Rosario, Argentina. Nuestra búsqueda siempre fue por el lado del diálogo temporal de obras, artistas y escritorxs, imaginando la posibilidad de un encuentro real entre vivxs y muertxs justamente en un catálogo. Un enfoque que definimos como ‘arte argentino de los últimos siglos’”.

La zona

En charlas en las que se constituye lo laboral, lo institucional, la política, me la cruzo a Marina Mariasch. Disparo preguntas sobre nuestra escena poética y ella, lozana, responde al toque:

“Cuando empecé a escribir tenía grandes referentes rosarinxs: Mirta Rosenberg, Martín Prieto y Daniel García Helder era editores en Diario de Poesía. Pero nunca me fijé mucho en la localización geográfica de lxs poetas más allá de su poesía. Quizás hice mal. Ustedes tienen el Paraná, pero si pienso en el Paraná pienso en Juanele. Y si vuelvo a Rosario, pienso en Gandolfo, Osvaldo Aguirre, Mercedes Gómez de la Cruz, vos Lila, Beatriz Vignoli, Daiana Henderson que es de la zona… Seguro me olvido de varixs ahora.

Paz o amor, un libro que edité en 2014 con Blatt & Ríos con mis poemas reunidos, está agotado hace bastante. Y los libritos que reúne son ediciones independientes, que se desperdigaron en ferias y festivales. En una época subía los poemas a mi blog Distracción masiva, pero los blogs ya no se usan. Espero que con el libro nuevo de Caleta Olivia vuelvan a circular, aunque bueno, cada tanto unx poeta joven rescata un poemita mío aquí o allá, y es lindo. No soy poeta para ser famosa, ¿no? Sigo escribiendo, claro. Me doy cuenta de que cuando leo algo genera cierta perplejidad. Me gusta eso, pero en general gustan y circulan más los poemas cerrados, más héteros, menos deformes y descangallados.

“El último libro que publiqué es Mutual sentimiento, que salió en abril de 2019 por la editorial Nebliplateadas. Ahora me escribió la editora que entró a reimpresión, lo cual me pone muy contenta porque además había salido con un error en uno de los poemas que más me gustan. Pero no me volví loca. Creo en el azar. Ahora estoy preparando La pequeña compañía, una antología de lo que escribí desde 1995 hasta ahora, con poemas nuevos. A veces publico algo en internet, pero hace mucho que no lo hago, uso poco las redes”.

En el epílogo de La pija de Hegel (Pánico el Pánico, 2015) del colectivo Máquina de Lavar, que integra Mariasch, escribe Mariano Blatt de manera profética:

Al fin.

Al fin mujeres que dicen nosotras somos mejores

y no “nosotras somos iguales”

(…)

Si algo identifica a un buen libro,

a una buena escritura,

es su capacidad de contagio.

“Como gritan los que no tienen voz”

Recomiendo leer una entrevista que hizo Ivana Romero a Gabby De Cicco en Página 12. Conversan, puedo escuchar qué dicen, disfruto de esa charla. Un océano de referencias, en el que se cristaliza el trabajo de le poeta, sostenido durante los últimos treinta años. Bucles de múltiples escenas se cruzan y abrazan en el volumen.

En octubre de 2019 salió Transgénica, obra reunida de Gabby De Cicco, editada por Liliana Ruiz en Baltasara Editora. El copioso volumen incluye: Bebo de mis manos el delirio (1987), Jazz me blues (1989), La duración (1994), Diario de estos días (1998), Queerland (2011), La tierra de los mil caballos (2016), y el nuevo conjunto de poemas Transgénica que da nombre al libro, junto a Bonus tracks.

En La tierra de los mil caballos monta como Radclyffe Hall la memoria de la ciudad al galope de otras músicas, con reminiscencias para las horas de la consagración. Milita el cuerpo performático de la voz beat “en los oscuros patios de la bastardía” y sentencia: “habría que amar hasta que se acabe el mundo conocido”. Quiero festejar haber descubierto un poema que no conocía de Gabby, que no sabía de su existencia: 

Los perros empujan hacia la noche

los restos de lo que no fui.

Me arrancan el humo de los ojos.

Alucinación salvaje

donde como arlequín traslúcido

grito como gritan los que no tienen voz.

Este poema fue publicado en Bebo de mis manos el delirio, por Ediciones Spectrum en 1987. Gratitud por el trabajo de arqueología emprendido por la editorial Baltasara.

El mismo río, el mismo lugar

En otro destacable ejercicio de arqueología delirante y rigurosa, los editores de Neutrinos, Daiana Henderson y Cristhian Monti, bucean en las fosas abisales de Washington Cucurto y nos traen Flores Dominicanas. Se trata de un conjunto de poemas inéditos, fechados en 1996, racimo mecanografiado de una novel voz que exploraba sus primeros versos con oficio. Otras épocas, amor, menemismo, erotismo en exploración y noches blandas:

Clinton te ha devuelto

de nuevo a la Isla,

porque no tenías los papeles en regla,

porque te pillaron vagando por las calles.

Ay, Daysy, los 1500 dólares mensuales

que ganabas se han quedado

llorando por ti,

bajo el crisol del cielo de Miami…

 Me suspendo ahora en el poema “Escena con pensamientos” de Tomás Boasso, que se encuentra en La pastilla está adentro, también editado por Neutrinos:

Con el hombro afuera y el codo apoyado

en la última ventada del colectivo voy

atravesando hacia el oeste la ciudad florecida

 

              Las llamas del viento

              espiral de mi memoria

              su parte eterna entiende

              que nunca olvidará

              lo que va viendo:

En la contratapa de este libro precioso, Bernardo Orge se pregunta “¿Existe eso que dicen, una tradición poética del Litoral?”, segundo más tarde responde: “En todo caso mejor no caer en la confusión de buscarla en el paisaje —no importa si ciudad, campo, pueblo o isla—, que a la larga obliga al poeta a bajar siempre al mismo río y vivir en el mismo lugar o, lo que es peor, recordar siempre el mismo río, volver al mismo lugar”.

Postales

Tomás Boasso es quien escribe la contratapa de Larga distancia de Verónica Laurino (Caleta Olivia): “Este libro desmaleza, abre un canal para que podamos sumarnos: siendo parte de esta charla”. Me sumerjo entonces en el volumen ocre, recientemente reseñado aquí en revista REA por Paula Turina. Marcelo Villegas, artista visual, acompaña con una pintura de su autoría en la tapa del libro.

Entre los poemas hay calles y caminos, empalmes de viajes en los que Virginia Woolf y Violeta Parra conversan con Laurino. La poeta arma postales, baña de temperaturas los colores y los sonidos, el viaje alimenta un repertorio entre ciudades que podemos identificar, las texturas de las tapicerías de nylon. Siempre queremos leer más a Laurino. Una sala de espera se abre en el capítulo “Doble V”, allí su trabajo cotidiano, su oficio de bibliotecaria, se confronta con los deberes de una escritora premonitoria para escribir a escondidas, el libro deja las páginas pares en blanco. Se detiene en un accidente de tráfico, para aseverar ya en “Violeta” que:

De las drogas duras,

la peor es el amor.

La invención de una lengua

Le pregunto a Paola Santi Kremer, poeta nacida en Porto Alegre pero que vive en Rosario desde 2014, qué ha publicado últimamente y me cuenta que su último libro es Doncella con centro ultra absorbente y el jogo americano (Ediciones Arroyo, 2020). Aparecen versos en portuñol, le da un traqueteo a la lectura que baila tremendo, entre territorios fraternos, siameses y distintos.

Laranjas naranjas

 

Vi tu plato de comida enfriarse

en mi cara

los últimos hilos

de humo

escapar

por la puerta abierta

no es como si hubiera

cocinado solo con amor

sino con amor

miedo y furia

pero aun así vi bellas

las naranjas

laranjas

en el centro de mesa

apoyadas sobre una servilleta de tela

de color

igual

a las naranjas

también

igual al individual bajo

Conversamos sobre el portuñol, sobre cómo incide en su trabajo. Me cuenta: “Como dice Perlongher en el prólogo a Mar Paraguayo, de Wilson Bueno, el portuñol es inmediatamente poético. Es siempre una invención de una lengua, que no puede ser sometida a ninguna gramática. En la tensión, en el beso entre una lengua y otra estoy yo, y creo que esa relación entre ellas en la que habito abre posibilidades a la escritura y a la existencia”. Abre la posibilidad de nuevas geografías.

Topografía mestiza

Estampitas de Analía Giordanino editado recientemente por Baltasara Editora, compone un cuerpo en el que se define una topografía mestiza: el Salado, el barro, el mimbre, la washí toba, los huesos, la Setúbal y sus fuegos. Leo a Analía, también, en la contratapa del poemario La soberana idiotez de Carolina Musa. El precioso libro inaugura el catálogo de Brumana editora y su autora por estos días ha sido invitada a participar del Festival de Poesía de Resistencia. Se vuelve a organizar una mesa de trabajo, pensar en la lectura pública de la poesía, en los modos de gestionar y distribuir la tarea de los poetas. Lectura del gran poema Media res de Natalia Massei en los halls institucionales. Espacios que construían y consolidaban voces de la poesía urbana y erudita. Curadoras brillantes que toman la posta de los históricos curadores hidalgos, mecánicas imparables ¿para donde rajarán? En conversación con Pablo Bilsky, cronista y analista político, me cuenta que “Vietnam (Baltasara Editora) es una crónica en verso, en prosa e imágenes de una recorrida por ese país en 2018. El cronista comparte su estupefacción ante dosis tan altas de otredad. Una lengua tonal serpea en melodías de perfumes y colores. Una respiración que fluye marcando la distancia hacia lo inasible”. Casi, o definitivamente, como un collage que zurce el discurso de otros y rinde un homenaje al vencedor del imperio.

Cuerpo poético

En Fiesta, de Anabel Martin, se yerguen cuerpos danzantes, con voz del traspié. Se alzan como un bosque de ejemplares enhiestos, organizando el doblez del paisaje, un sumario de anécdotas. Se amuchan con la música de un viento lacio que durará, tal vez, lo leve del papel naranja que abraza estos textos, y antecede a las palabras que emana el cuerpo de la escena. El precioso volumen es diseñado por Lis Mondaini, quien también es diseñadora del equipo de la EMR.

El cuerpo de la autora y la plasticidad del cuerpo en ejercicio. Se bordea la amistad y la juventud del verso en la pitada de un cigarrito y en la lengua de un helado de vainilla, mientras recolectando palabras mira el mar y configura una genealogía que podremos compartir pero que existe desde mucho tiempo antes.

“Me pongo conspiranoica”

Dalia DesAmor se define como fabricanta de símbolos, cryptomaníaca. Escribe, recita y activa la poesía, es performer y fanzinera, publicó su catálogo en la plataforma Issuu. En sus producciones amanece un nuevo lenguaje, quedo prendida a la profusión de piezas que construye: animaciones, historietas, poemas gonzo, sobre la calle y sus protagonistas y el aislamiento.

Se me cae el pelo pensando

en la gente que tiene que convivir con sus abusadores, con femicidas,

en la gente que no puede cobrar el bono de Anses

porque es analfabeta o no tiene computadora.

Me pongo conspiranoica y pienso en la guerra bacteriológica que estamos viviendo y que a toda esta distopía la inventaron los ricos. Nos hacen telesis y nos dejamos porque no nos dejan opción. A mí el “victim blaming” la verdad es que no me va para nada.

Bien dice el dicho popular: la madre le dice al hijo, o te lo tragás o te lo hago tragar. De eso se trata elegir.

 

Y ya no puedo dormir

pensando en la yuta, no puedo parar de pensar en la yuta.

Plaquetas

Rita Chiabo, rafaelina nacida en 1995, participó en la primera Residencia del Festival Internacional de Poesía de Rosario, en 2018, y al año siguiente fue invitada a leer allí. La plaqueta La belleza contenida fue editada por Ediciones Danke, dentro de la serie de zines Bitte, con arte de Lucía Tognarelli y diagramación de la poeta y editora Julia Enriquez. Los poemas de Rita, que originalmente constituyeron una pieza visual seleccionada en la Bienal Nacional de Rafaela, avanzan por estaciones que definen imágenes del cine, escenas pluridimensionales que configuran un atlas al detalle tan generoso como sagaz. Lean. Pidan una moto para tener esos poemas en el anaquel de los fanzines. No se los pierdan.

La serie Bitte también cuenta con una traducción del disco eels: el blues del electroshock hecha por Enriquez, el distintivo poemario Alejandra de Agustín González, el primer título de Joaquín Allaria Mena en Unidad básica, y las letras de canciones del joven músico Gladyson Panther bajo el título Creo que estoy enamorado del dolor. Según comenta Enriquez: “La serie Bitte retoma la tradición editorial de las plaquetas o ‘plaquettes’, un pequeño formato ideal para la difusión de autores nóveles o textos experimentales. Me gusta pensar que es el regreso a las raíces fanzineras de Danke, aunque el espíritu del sello nunca se alejó de esos cimientos”.

Los poemas del futuro

Virginia Negri me comparte el videopoema “Tres puentes”, musicalizado por Tony Marquez en acordeón, con realización y edición audiovisual por Facundo Nuño. En esta pieza, el paisaje de los ríos, el monte, el cosmos, la gratitud y el amor inician una progresión que llega con el último alveolo a la verdad del verso. Debo detenerme para leer poesía.

Tengo sobre mi escritorio del deleite Tres puentes, seguido de Poesía doméstica de Vir Negri. Vuelvo a la plaqueta que también fue editada por Danke. Leo mientras escucho la voz de la autora por YouTube. Aparecen frases con la hidalguía propia de quien ha recorrido el espinel enorme de los versos y la visualidad de quien ha abrazado la voz del paisaje y su comunidad, de quien ha examinado como una expedicionista las derivas más disímiles y sensibles, habilitando así un nuevo tiempo, que se declara en el eje de la publicación:

el poema se arma

en las páginas

de la agenda del año que viene

 

enero no llegó

pero en ese tiempo escribo mi presente

Ahora, ella va y viene, oscila, define la poesía del remojo de las semillas y de la ropa, en ternura. Que la naturaleza avanza aun en cuarentena. Que aparecen dos vértigos nuevos, el de la vida en intimidad y el del verso que circula y se corporiza entre pares nuevamente, como Lord Byron, quien prefirió la acción vital a la producción ermitaña. Recordemos que Byron, romántico coqueto, en 1816 tituló uno de sus célebres poemarios con una fórmula que casualmente, o no, se espeja con Negri: Domestic Pieces. El tiempo de la poesía nos rodea de voces. En el recientemente reeditado Desnudo total y escándalo (Ivan Rosado), en el poema “Invierno cósmico”, Virginia llamó a la poesía inglesa y romántica:

Tengo una colección de tréboles de cuatro hojas.

No entiendo qué pasó.

 

Enamorada y no correspondida.

Yo debería haber nacido con Byron.

Catálogos que dialogan

En la configuración de este mapa afectivo de tensiones poéticas y políticas, se confirma la voz de Beatriz Vignoli como eje espinal en el que se atan diversas referencias. Se consolida una escena en la que el decir de Beatriz es faro, matriz y agente al que nuestra comunidad lee y consulta. Convocamos su lectura a través del poema “Eugenesia”, que se encuentra en Árbol solo (Ivan Rosado), libro ganador de la última edición del Premio Provincial de Poesía José Pedroni, en 2019.

Ustedes seducen, yo acoso;

ustedes aman, yo dependo;

ustedes, felices; yo, maníaca;

ustedes, enamorados; yo, obsesionada;

ustedes hacen poesía, yo hago catarsis;

ustedes expresan, yo exorcizo;

ustedes regalan, yo derrocho;

ustedes se casan, yo debería saber estar sola;

ustedes se reproducen, yo muero.

Así, los catálogos dialogan, los textos de contratapa están escritos por autores de editoriales vecinas, a los libros de un editor los vende otro editor librero colega. Libros que pasan de mano en mano, al spray de los aldehídos, al timbre de las bicicletas, libros pequeños, plaquetas, fanzines, redes de amigos convocadas por pantallas, recitales en centros culturales, como El Club o Melopeas Fest (en el CC Atlas). Presentaciones de libros que no se hacen cuerpo a cuerpo pero que gravitan en el éter de la virtualidad. Mini-talleres de poesía por teléfono, como hiciera Anne Sexton con Maxine Kumin hace cincuenta años. Libros que llegan por mensajería, libreras feministas con remos y a brazadas para ganarles a la sordera y al mutismo. Políticas de la poesía, nuevos modos de difundir el trabajo de les poetas. Superar la incertidumbre con el silbido de un verso.

Cámara de Diputados de Santa Fe
Sobre el autor:

Acerca de Lila Siegrist

Nació en Rosario en 1976. Es artista visual, editora, productora cultural. Actualmente es Asesora Experta en Análisis de Gestión Cultural, Jefatura de Gabinete de Ministros, Presidencia de la Nación. Se ha desempeñado como Subsecretaria de Industrias Culturales y Creativas, Municipalidad de Rosario (2015-2018), como Directora Provincial de Comunicación Estratégica, Gobierno de la Provincia de Santa Fe (2018-2019). […]

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