La editorial rosarina Patas de Cabra llegará a publicar doce libros este año. Creada a partir del taller de La escritora y docente, Maia Morosano, creó la editorial a partir de su taller y colectivo cultural, y con la idea de publicar las obras particulares de lxs participantxs.

La editorial consta de las siguientes colecciones: Fruta y maravilla, de obras de poesía y narrativa. Ojo de tigra, de libros objeto y libros de poesía y fotografía. Ornitorrinco, de crónicas y Pinky miau, de textos infantiles.

¿La forma de llevar adelante las publicaciones? A través de un trabajo autogestivo entre lxs participantxs y de un sistema de financiamiento colectivo que permite su impresión. Hasta ahora fueron editados Vecinas, un fanzine escrito e ilustrado por Romina Biassoni; Family Game, el primer libro de Luciana Fernández; Un limón secándose, primer libro de Gabriela Elissondo; Microfibras, tercer libro de poemas de Alejandro Mensi; Puerto Pandora, la segunda novela de Lautaro Sabino; Invitadas, primer libro de poemas de Susana Martin; Fiat 500, libro de poemas escrito por Roda Azziani; Un corre que te cagas y una levita de Amanda Rodríguez.

Nuevas publicaciones

Este viernes 1 de noviembre a las 19 en Salta 2953 será el turno de la presentación de los cuatro nuevos libros de la editorial: Ya no pienso en el invierno de Morena Pardo, Algunas formas de nombrarte de Florencia Cualquiera, Voy a morder hasta que me quiera de Verónica Wallace y Exequias de Paula Punto.

Algunas formas de nombrarte es un libro de poemas en prosa donde la autora experimenta una búsqueda inagotable por poner palabras al duelo amoroso. “Podría decirse que hay dos temas cruciales del libro, uno más evidente que el otro. Por un lado, los textos recorren el duelo amoroso que atraviesan los personajes, relacionados a su vez por el libro Las olas de Virginia Woolf. Y por otro lado, el tema de trasfondo es la identidad, y como en las relaciones es algo que se vuelve permeable, se va desdibujando, nos vemos afectados por ese encuentro con un otro”, cuenta la autora.

Por otro lado, Ya no pienso en el invierno es una novela corta donde, a partir de monólogo interior, se despliegan las vivencias de una joven diseñadora gráfica que desea y padece de una forma hiperbólica, preguntándose todo el tiempo sobre sus formas de percibir la realidad. “Narra las vivencias de una joven que convive con un padecimiento de salud mental. La historia busca desarmar el estigma y problematizar la percepción común sobre la salud mental, y apunta a que dejemos de entender a les usuaries como personas extrañas, distintas, otrxs, reconocibles. Empezar a instalar la idea de que en la mayoría de los casos somos miembros funcionales de la sociedad que estamos entre el resto. Y también que la salud mental es algo que está cada vez más vapuleado por los modos en que nos relacionamos y por la vorágine a la que nos empuja este estadío de la modernidad y el capitalismo. Necesitamos hablar más del tema para que no sea vergonzoso o terrible tener una crisis o tomar una pastilla. Y sobre todo para habilitar, aunque sea entre las personas que queremos, vínculos más empáticos y amorosos”, señala su autora.

En el caso del libro de Verónica Wallace, Voy a morder hasta que me quiera, es un libro de relatos que muestra la extrañeza en lo cotidiano de sus personajes y los intentos de cada uno por huir de las emociones parásitas que les habitan. Cuerpo y dolor sintiéndose mutuamente. Si algo sabe su autora sobre su libro es que hay un punto en común entre todos los relatos y sus personajes: la herida y la incomprensión que nos produce.

Exequias de Paula Punto es el primer libro de la colección Ojo de tigra. En esta obra la autora hace dialogar poesía y fotografía en un entramado de imágenes que construyen desde lo derruido, desde lo roto, desde el vacío habitando un cuerpo y una casa. “Es un libro que registra el intento por habitar un espacio que está por dejar de existir, proponiendo un duelo estético que busca dar consistencia a la perdida a través del propio cuerpo”, define.

Procesos creativos en conjunto

El proyecto editorial Patas de Cabra funciona con tutores y tutoras, es decir, que cada autor y autora realiza su proceso de corrección con otros y otras personas del taller, que permiten poseer otra mirada sobre el texto propio y así realizar la corrección.

“Creo que con nuestros cuatro libros pasó algo muy particular, muy propio de la sinergia extraña que se genera cuando cruzás procesos creativos. Lo primero en común es sin dudas haber sido parte del taller de Maia y haber transitado el proceso de escritura motivado y supervisado por ella. Eso genera a priori criterios similares. Después, sin premeditarlo demasiado, fuimos unas tutoras de las otras, y también algunas fueron autoras de los prólogos de las otras. Esa proximidad con la creación de la otra es de mucha intimidad, y sin que te des cuenta te dispara un montón de cosas, te modifica”, explica Morena.

Y agrega: “Pau estaba trabajando en su propio libro y a la vez ideó y produjo la tapa del libro de Flor. A mí me encantó y le pedí que también hiciera mi tapa y después se sumó Vero. En eso, los tres terminan teniendo una coherencia estética muy clara (y a la vez se diferencian de las otras tapas, que son ilustradas). También los títulos se parecen entre sí en esto de que son pequeñas frases, más largos y distintivos que los de las otras publicaciones de la editorial. En el medio, ir compartiendo tiempo, proyectos, amistad, potencia la sinergia”.

Verónica cuenta que su proceso de escritura suele ser caótico, que pasa del desenfreno a la desolación muy rápidamente. Y es por ese motivo que el taller la ayudó a entender que así es su funcionamiento. “Desde el movimiento impulsivo salen cosas bonitas. Por otro lado con la editorial he explorado otros tiempos y formas. Y he aprendido a pedir ayuda”, dice.

“Además de su proceso de creación y elaboración (ya que las cuatro pertenecemos al mismo taller y fuimos armando los libros bajo la misma dinámica propuesta por el colectivo Patas de Cabra) creo que hay algo en el tono de la propuesta que se asemeja en los cuatro. Todos hablan en parte de un proceso muy íntimo, de una búsqueda por aliviar ciertas pérdidas (el amor, la casa, la salud)”, agrega Florencia.

Diversos recorridos

Morena es la única de las cuatro autoras que nació en Rosario. Verónica es de Vallekas, barrio con espíritu de pueblo dentro de Madrid, Paula es de Buenos Aires, ciudad en la que vivió hasta 2011 y Florencia, de Goya, Corrientes.  Hay algo que constituye la publicación de estos libros juntos, y es su lugar de origen. El lugar de donde vienen y esa identidad que las constituye.

Sobre esto, Morena señala que esa es otra parte mágica de la sinergia colectiva. “De por sí, unir cuatro subjetividades, cruzar cuatro cuerpas trabajando sobre sus primeros libros, es algo muy poderoso. Si a eso le sumás que esas cuatro subjetividades vengan de trayectorias vitales tan diferentes, incluso de lugares geográficos distintos (con todo lo que eso implica), es de una potencialidad enorme. Y también creo que habla mucho de Rosario como generadora de cultura, y de cultura autogestiva. Porque al fin y al cabo fue la coordenada espacio temporal que nos encontró, y eso no es para nada poco. Tampoco me parece un dato menor que todo esto haya ocurrido en un contexto tan desfavorable para la mayoría, en sentido material, económico, subjetivo, colectivo. Tanto por parte de Maia como de les alumnes, sostener un taller literario, una editorial, mientras soportábamos los embates infinitos del neoliberalismo, me parece un hecho poético. Producir cultura en estos años fue un acto de amor y resiliencia”, agrega.

“Creo que la riqueza del colectivo Patas de Cabra es la heterogeneidad que nos compone, donde cada uno tiene las herramientas para encargarse de diferentes tareas que son necesarias y nos dividimos en la editorial”, afirma Paula. Por su parte, Florencia cree que lo más enriquecedor es lo plural, no solo por sus orígenes geográficos si no también por lo que pudieron aportar todas desde sus diferentes recorridos. “Se logró una verdadera ‘interdisciplina’ si se quiere, ayudándonos a explorar cosas nuevas en el trabajo con la otra”, afirma.

¿Qué es la escritura para estas jóvenes autoras?

Para Florencia, es la forma que encuentra de hacer lazo con las cosas. “Es como inscribir en un idioma propio lo que recibo, lo que me afecta o me mueve, a veces de forma más placentera y a veces menos”, dice. Para Paula la escritura es una herramienta de investigación sensible y la poesía un andamiaje en la construcción de una búsqueda.

Según Morena, toda su vida supo que es lo único que realmente le interesa hacer a largo plazo. “Hoy puedo decir que es una de las pocas cosas que de cierta forma sé hacer, sobre la que tengo al mismo tiempo algunos conocimientos formales y un instinto. Y a la vez como todo arte o todo oficio, es algo que nunca se termina de hacer ni de aprender ni de abordar. De cierta forma me encargué de trabajar de escribir y a la vez de buscar experimentar la escritura en distintos formatos. Pero creo que el vínculo primordial, vital, siempre fue con la escritura literaria y con eso recién y finalmente me conecté este año con la escritura de la novela, y sobre todo con la dimensión colectiva de esa escritura. Y entendí que no hay escritura posible sin otres, que no existe escribir para una o esa idea de escribir como descarga de algo. Esto puede sonar un poco pretencioso, pero realmente siento que es lo que comprendí este año en un nivel muy corpóreo y subjetivo: escribir me pone en contacto con mi humanidad y la del resto, y con la materialidad del mundo”, menciona.

Por último, para Verónica escribir es pertenecer, como dice la escritora Clarice Lispector. “Ese concepto me quedó clavado como un puñal. Y también creo que es permanecer, porque suelo huir de todo y la escritura me ha ayudado”, finaliza.

sta fe Salud
Sobre el autor:

Acerca de Paula Turina

Es Comunicadora Social, egresada de la Universidad Nacional de Rosario. Adscripta en la cátedra de Periodismo Digital. Asiste al taller literario “Alma Maritano” coordinado por el escritor Pablo Colacrai. Algunos de sus cuentos trabajados en ese taller se publicaron en la contratapa del suplemento Rosario 12 de Página 12. Participó en la antología “Yo quería ser manzana”coordinado por la escritora Maia Morosano. […]

Ver más