El 12 de noviembre de 2021 un grupo de investigadores e investigadoras del baile dirigido por Paula Manaker –encargada del laboratorio “Fantástico Bailable” subió al escenario del Teatro La Comedia de Rosario. “Estos encuentros ponen el interés en la danza en las personas mayores de edad, el erotismo maduro, su relación con el cuerpo cuando bailan con otras personas, en el espacio público y el baile popular”, dice la propuesta de taller que convocó a personas mayores de 60 años sin experiencia en las artes escénicas. El cierre fue programado como una puesta teatral para que cada participante muestre parte de sus biografías atravesadas por el baile. El grupo de producción está integrado por el actor Federico Tomé, la actriz Cecilia Mastria (asistencia general), el músico Juani Favre y la bailarina Paula Manaker, que durante toda la actividad se encuentra en la cabina de sonido, héroes y heroínas que sostienen la puesta en escena de quienes son actores y actrices, bailarines y bailarinas de sus propias vidas. 

Patinadora

El público espera. En el escenario hay una pantalla grande, dos micrófonos, una mesa y algunas sillas ubicadas a un costado. La primera en entrar a escena es la patinadora, quien muestra en la pantalla una foto de cuando ella patinaba y era una chica a la que le gustaba recitar poemas. Dice que cuando tenía 11 años su vecina la invitó a recitar en público por primera vez en la tienda Lozada de barrio Arroyito y emulando aquel momento nos recita un poema de Laure Morali

Lechuguita

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Ingresa la siguiente actriz, espectada en el mismo escenario por sus compañeres que están sentados de espaldas al público, espaldas que causan curiosidad. La mujer cuenta que de niña era muy obediente y tenía padres exigentes que le habían puesto como opciones las carreras a seguir una vez terminado el secundario: Ciencias económicas o Abogacía. Aunque ella luego de haber pasado por abogacía, se decidió por el profesorado de jardín de infantes. Relata que decidió ir a Curuzú Cuatiá a trabajar y también a conocer, que fue animadora de fiestas infantiles mientras estudiaba, como cierre de su historia saca su títere “Lechuguita” y se lo muestra a sus compañeres. 

Portáte bien

Felicitas cuenta cómo se trepaba a la higuera y al caerse y ver la sangre de sus rodillas sentía una sensación de libertad que la sacaba del reto tan escuchado de su madre que le decía: “Portáte bien”. Su inquietud le servía para todo eso que no podía decir, porque lo hacía en busca de su libertad. 

Río

Julieta toma el micrófono y relata que nació en 9 de Julio, su mamá era maestra y su papá periodista, cuando su papá se quedó sin trabajo, tuvieron que vender todo lo que tenían y partir a Reconquista. Recuerda el primer tramo en tren y la bolsa de facturas que su papá compró para el viaje. Lo que le gustaba de Reconquista es que tenía río, ese río la cautivó para siempre, por eso, lee un fragmento del poema “Jornada”, de Juanele Ortiz, mientras ingresan al escenario sus compañeres, se sientan de espaldas al público y se balancean suave hacia a un lado y hacia el otro, también le ofrecen un río. Cuando ella muestra en la pantalla una foto del pasado donde se encuentra sobre una canoa, ese río de compañeres la acompaña con un coro, luego se ven sus caras en la misma pantalla, imitan expresiones animales. Los otros y las otras son el paisaje, el sonido. Una escena para la escena.  

Campesina

La campesina cuenta de un juego que hacía en solitario: giraba hasta caer mirando hacia arriba sobre el pasto. Pienso en eso que lo que vi en películas de época, es cierto. Recuerdo el juego que hacíamos con mi prima en el campo de mi abuelo: correr con los ojos cerrados. Cuenta la campesina que la maravilla estaba ahí, tirada panza arriba en ese campo, agotada de girar; todo era hermoso hasta que aparecia una bandada de pájaros gritones, insoportables, que aturdían. “Si habré comido guiso de loro”, cierra su cuadro. 

La camisa

Una mujer con una camisa larga entre las manos. Entra y la cuelga sobre el pie del micrófono, cuenta la historia de su casamiento en el año 76. Dice que antes de casarse tenían mucho miedo, ese miedo lo adjudica a la desaparición de un montón de amigos que ya no estaban en sus casas. Se animaron y se casaron. En una época no les alcanzaba el dinero para comprar las cosas que querían. Un día camino al trabajo, descubrió en la vidriera una camisa que deseó y su mamá se la regaló para su cumpleaños. Esa pequeña danza con la camisa reduce a un asunto particular un asunto más grande que ese objeto. La desaparición de aquel miedo de la juventud, el regreso a un regalo que conserva para siempre. 

Pañuelo

Marta llega con un pañuelo dorado, lo hace bailar, se divierte. Una vez que recorre el escenario con ese pañuelo, que es su compañero y tiene vida, una compañera le ofrece un vaso con agua. En la pantalla aparece una foto de ella a los cinco años donde está vestida de bailarina, mientras las fotos en blanco y negro van pasando en la pantalla relata que su papá era músico concertista, su mamá era artista plástica, además cantaba y tocaba el piano . Aclara “me vestían de bailarina, pero nunca me mandaron a danza, yo igual bailaba”. Cuenta que un día la encontraron bailando sobre discos de vinilo, ella creía firmemente que eso era bailar sobre la música. Su abuelo, tenor, le enseñó a cantar una canción que habla de la historia de una pareja en la estación de trenes, la cantaban en dueto. Marta canta la canción moviéndose hacia un lado y hacia el otro, interpretando ambos personajes y se aleja del micrófono mientras la canción termina. 

Ametralladora

En el costado derecho del escenario aparece una mujer de camisola blanca, suena Creedence (Clearwater Revival) y baila  con los brazos abiertos. Cuenta que cuando era adolescente tenía novio, los padres de su novio se fueron de viaje y ellos estaban a cargo de  “cuidar” la casa. Montaron una fiesta para sus amigos. Le cambiaron a su suegro del momento el whisky bueno por el whisky malo. Se agarró una borrachera tal que la tuvieron que bañar y para que no llegue a su casa con el pelo mojado y no delatar el suceso desafortunado, sus amigas usaron un gorro de ducha de material duro que había a mano. El gorro hacía sonar las gotas de agua como si fueran ametralladoras, pasados los días sus amigos le cuentan que ella gritaba: “Ametralladoras, ametralladoras”. Luego de ese estado inconsciente ella no pudo tomar whisky durante mucho tiempo. Sus amigas y amigos la llamaban “ametralladora”.

Vedette

Una mujer de pelo corto habla (parada frente al mismo micrófono donde colgó la camisa la mujer que se casó en el 76) en el lado izquierdo del escenario. Cuenta que tenían una fiesta sorpresa por los 50 años de su amigo José y ella quería regalarle y regalarse un sueño. La fiesta de 300 personas se llevó a cabo en el salón llamado Campus Green. “Una fiesta grande”, aclara, “Mi sueño era salir de vedette y lo hice, no solo fue una noche divertida, sino que además me llamaron de Medisan, fiestas de 50, para contratarme”. 

Baldosa

Suena “Start me up” y ella con su calza blanca y camisa colorida entra por el costado derecho del escenario y se pone a bailar. Dice que ese tema le hace acordar a los bailes del Club Provincial. Ahí conoció a su novio, quien le cabeceó para invitarla a bailar. Bailaron lento moviéndose en una baldosa, sin pasarse de los límites de las rayas que separaban esa de las otras. Cuando nace un vínculo, nace un universo delimitado por las personas que lo protagonizan. 

Jota

Graciana tiene puesta una camisa blanca y una sonrisa que da más luz a la escena de esta fantástica fiesta. Baila la jota en medio de sus compañeros y compañeras. Sus pasos son precisos, se nota que su danza fue aprendida como se aprende a andar en bicicleta, algo que el cuerpo no olvida. El movimiento que se repite se enriquece. En la coreografía se sueltan los gestos que afloja cualquier pensamiento. Graciana abre los brazos. Chasquea sus dedos que ofrecen a su compañera de baile, más y más movimiento.

Lambada

Una mujer delgada duda si fue o no en Luna, un boliche del centro de la ciudad al que fuimos casi todas las personas de su (y mi) generación. Ahí escuchó por primera vez la Lambada (suena la lambada como colchón de su relato). Nos cuenta que su amigo la agarró de la cintura, la apretó fuerte contra su pelvis y bailaron tanto que no se acuerda más nada. 

Túnel

Suena “Jugo de tomate frío, ella relata: “en el año setenta funcionó una discoteca en el túnel del Parque España, me gustaba pasar entre el humo y la gente”. Vemos cómo se arma el boliche en el escenario. Todas y todos bailan, se cantan gesticulando ampliamente: “Jugo de tomate frío”. 

Parlante

Una mujer con una bata puesta encima de la ropa cuenta que vivía enfrente de un cantobar. Su hija rendía la última materia de la facultad y precisaban silencio para la concentración que requería el estudio. Cruzó la calle en pantuflas y habló con el hombre de seguridad para que la deje entrar. Una vez en el boliche, se subió arriba de un parlante y pidió silencio a los gritos, dió buenos resultados, bajaron el volumen. 

Descripción

Escena de transición. Cuatro mujeres, se sientan enfrentadas, dos y dos. Juegan, una de las dos se tapa los ojos y describe a la otra que además está en primer plano en la pantalla. ¿Qué impresión damos a la otra para que luego transforme esa impresión visual en palabras? ¿Qué nos pasa cuando nos describen?

Marcha

Ingresa una mujer alta que en el inicio tenía nariz roja. Ahora está sin nariz, nos habla del movimiento feminista, de los femicidios. Cuenta que se pone en contacto con Las Tesis (colectivo de artistas de Valparaíso, Chile, que trabajó la intervención masiva con el cántico titulado “Un violador en tu camino”), nos cuenta que  hizo una adaptación de la letra que había escrito en forma solitaria y se la ofreció a las mujeres que organizaban el “8M” en la ciudad de Rosario. Al final de su relato ingresan sus compañeras para realizar la coreografía con la letra cantada. “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni lo que hacía”, “el patriarcado es un juez y nos juzga por nacer”. La escena, que vimos y vivimos en tantas marchas de lucha por los derechos de las mujeres, ahora emociona desde el escenario del teatro. 

Hábitos

Entra la próxima actriz, tiene un vestido largo y el pelo carré. Cuenta que en la infancia fue pupila de un colegio donde fue feliz, se hizo amiga de una monja que era rebelde, con la que intercambiaba su uniforme de monja por su vestido y salían de parranda. Inició su camino en los hábitos “por suerte no la aceptaron”. Se quiso dedicar a la educación musical y al canto lírico. Suena música clásica y sus compañeras y compañeros la acompañan en escena mientras abre los brazos y canta. 

¡Ni loco!

Entra Raúl por el lateral derecho del escenario, cuenta que se crió en el campo y que recuerda a su abuelo que lo llevaba los domingos a recorrer los gallineros y compartían mandarinas. Para él su abuelo era Popeye. Llegado de Italia junto a su abuela que era enfermera y él ex combatiente, ambos sobrevivieron a la primera guerra mundial. 

Raúl soñaba con ser jugador de fútbol pero su padre le aconsejó que lo mejor era la carrera militar. En 1982 recibió el llamado de Malvinas, tiene entre las manos su campera de batalla mientras en la pantalla se proyecta una foto donde está con la campera puesta en las Islas Malvinas. 

Relata que luego vino el amor, vinieron los hijos y esa campera fue desempolvada para abrigar a sus hijos en viajes. 

Con su esposa camina todos los domingos, un domingo vieron un grupo de personas bailando folklore y su señora lo invitó a bailar. “¡Ni loco!”, le contestó. Al cabo de un rato estaba aprendiendo los pasos mirándola a los ojos. Bailan desde entonces porque “la danza es lo otro”. 

Nudista

Ingresa por el lateral izquierdo el nudista que en esta oportunidad está vestido. Cuenta recuerdos de su vida junto a su compañera: “Experimentar siempre nos llamó la atención”. Cuando sus hijos eran chicos, con su mujer encontraron un lugar donde podían practicar el nudismo. Él era remisero y ella cocinera. Al desarrollar esta historia parece volver a vivir la misma alegría y se divierte al relatar la forma en que su hija descubrió que mentían diciendo que se iban de viaje. Luego de ese descubrimiento llevaron a cabo el proyecto de su propio espacio de práctica de nudismo donde invitaron a gente de todo el mundo, se llamó Ruka Chauke. Aún vive en esa casa donde respira las energías de las anécdotas que acumuló durante casi diez años. 

Magia

Un señor delgado baila los Beatles, sacude los brazos y la barba, cuenta que tiene un grupo de amigos con el que toma vino, viaja y juega al tenis. Muestra una serie de trucos de magia que lleva a cabo después de la segunda o tercera copa compartida. Agarra una cuerda, la corta y la vuelve a unir, Raúl y el nudista lo acompañan con temple profesional. 

Soledad

Nora cuenta que a los 46 años aprendió a nadar por indicación médica, tiene su torpedo en la mano, se interesó por los cruces del río y en una travesía perdió al grupo nadador. En medio de la inmensidad, al principio sintió miedo, luego miró las estrellas y la noche reflejada en el río y sintió felicidad. Ingresa el grupo y encienden las linternas. El clima es de aire libre, me olvido que estamos en el teatro, miro hacia arriba y el techo abierto me deja ver una de esas estrellas que salvó a Nora de la soledad. 

Fiesta

Suena música disco y algunos actores sostienen un panel, otras y otros bailan arriba del escenario con cara de anteceder una gran sorpresa. Sale la vedette a escena, entre el público, sus familiares y amigos se exaltan. Aplauden y bailan. Nos levantamos de las butacas, la fiesta continúa con un tema de Leonardo Favio y otras canciones de la época.  

El teatro La Comedia es nuestra alegría bailable. El arengue hacia los actores y actrices es masivo. Ellos y ellas brindan y bailan con sus copas. 

Fantástica y bailable

El trabajo artesanal de dirección de Paula Manaker y su asistente Cecilia Mastria convirtió estos pedazos de historias en una obra inolvidable. La articulación colaborativa del grupo está lograda de manera minuciosa y profesional. La escritura de esos relatos de vida por Federico Tomé consiguen emocionar. Y el río musical construido por Juani Favre trae nuevas voces a las conciencias de actuantes y espectadores. 

Caminé hacia el teatro pensando en llegar puntual y sentarme cerca para anotar todo. Algo se escapa siempre. También pensé que me agito más ahora que tengo cuarenta y pico. La queja por el paso del tiempo se ha convertido en cliché. En este final de obra todo es energía. Ese “no quiero crecer” de una canción que me resuena pasó de moda. Quiero tener sesenta años para tener el privilegio de ser fantástica y bailable. 

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Sobre el autor:

Acerca de Anabel Martin

Nació en Rosario (Provincia de Santa Fe) el 22 de octubre de 1979, es poeta, actriz y bailarina. Estudió en el Profesorado de teatro y títeres. Publicó poemas en la revista Cortada (en la que fue co-editora) y en ediciones Danke. Co-editó Civil de Sebastián Sánchez. Dirigió el cortometraje Así como sos y en junio de 2020 […]

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