Alerta para los que prefieren no saber: hay anticipos de la trama; sí, eso que llaman spoilers.

Una de las imágenes más inquietantes de la séptima y última temporada de Orange Is the New Black muestra a Maritza Ramos, coqueta y astuta, sentada en un avión con otras diez mujeres que son deportadas quién sabe a dónde. Mientras “Hush”, de Trills, suena en la banda sonora, la ex reclusa, que estuvo ausente en la sexta temporada del programa, mira inexpresiva, con los ojos hinchados por el llanto y su espíritu amante de la diversión destrozado. Es la última vez que los seguidores de Orange ven a esta mitad del dúo Flaritza, que comienza la temporada en libertad condicional, hasta que Immigration and Custom Enforcement (ICE) allanan un club y la detienen. Ella descubre allí de la peor manera que su madre le mintió sobre su ciudadanía estadounidense.

La historia de Maritza es una de varias tramas aleccionadoras que los guionistas de Orange tejieron en esta temporada explorando la detención de inmigrantes, la separación familiar y otros aspectos discriminatorios y deshumanizadores de la política de inmigración de la administración de Donald Trump, que se puso en marcha cuando la compañía privada que compró la prisión abrió un centro de detención de inmigrantes en el Campus de Litchfield al final de la temporada pasada. Cuando Maritza llega al centro esta temporada, los espectadores ven otra cara familiar: Blanca, que fue recogida por agentes de ICE momentos después de salir de prisión en el final de la sexta temporada. Sin previo aviso ni fanfarria, Maritza es deportada en el quinto episodio, “Minority Deport”. En la escena desesperada en el avión, las otras mujeres desaparecen de la pantalla una por una hasta que Maritza está sola.

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Entonces Maritza también desaparece. Aunque la actriz Diane Guerrero, que interpreta a Maritza, estaba en producción en su otro programa, Doom Patrol, regresó a la serie seminal de Netflix para su última temporada debido a la marca traumática de la política de inmigración de Estados Unidos en su vida. Única ciudadana estadounidense en su hogar, Guerrero regresó de la escuela a los 14 años y descubrió que sus padres habían sido deportados. Debido a que el gobierno no tomó medidas para cuidarla, los amigos intervinieron para ayudarla. Su familia permanece en Colombia.

La escena del avión, que concluye el episodio, fue la última que Guerrero filmó para la serie y marca la primera vez que estuvo dispuesta a poner en escena su dolor personal, a pesar de varias otras ofertas para contar su historia a través de personajes ficticios a lo largo de los años. Pero sintió que hacerlo en Orange era apropiado, le dijo a Vulture, porque sus jefes y colegas en el programa la apoyaron cuando decidió hacer pública su historia hace unos años.

 

“Fue extremadamente emotivo”, dijo Guerrero, quien contó su desgarradora historia en sus memorias, In the Country We Love: My Family Divided, que se publicó en 2016. “Obviamente, me trajo sentimientos de cuando era niña y sabía que por eso pasaron mis padres. Mis padres me han contado historias de cómo era en el avión, qué tan solo y qué frío hacía. Estás esposado y estás sentado allí con un agente. Un avión: te imaginás que vas de viaje o a visitar a tu familia, todo hermoso. Pero cuando te suben a un avión a la fuerza, dejando atrás a tu familia, podés imaginar el trauma, la soledad que te hace sentir. Todo ese sentimiento se apoderó de mí. Estaba actuando lo que pasaron mis padres”.

A través de los años, Orange Is the New Black ha explorado muchos problemas sociales, incluyendo hacinamiento en las cárceles, corrupción, privatización, tensiones raciales, visibilidad transgénero y Black Lives Matter. La detención de inmigrantes ha estado en la mente de la productora Jenji Kohan desde que abrió la sala de escritores para la sexta temporada. Originalmente, los escritores tenían la intención de presentarlo como una historia la temporada pasada, pero no pudieron encajar con el nuevo mundo de máxima seguridad que estaban explorando después de la muerte de Poussey y el consiguiente motín en la prisión. En cambio, optaron por presentarlo al final de la temporada pasada con la apertura de centros de detención de inmigrantes en todo el país, y el giro sorprendente en la historia de Blanca después de ser liberada temprano de la prisión por un crimen que los televidentes se enteran esta temporada que no cometió.

“Lo que resultó interesante es que no todos sentimos lo mismo acerca de la inmigración”, dijo la productora ejecutiva Carolina Paiz, cuya madre guatemalteca la parió en Miami para que hubiera un ciudadano estadounidense en la familia en caso de que tuvieran que obligarlos a huir a su patria. “Había muchas personas que largaban esto de ‘¿Por qué no pueden hacerlo de la manera legal?’ Simplemente juzgan ciertas situaciones. Teníamos puntos de vista diferentes, que creo que son saludables y buenos, y es el caso en todo Estados Unidos. Pero al permitir estas historias en nuestras vidas y hogares, las perspectivas cambiaron. Se dio en el blanco. Se hizo real. Se trata de personas. Esta no es una historia sobre estadísticas o políticas, o sobre estas personas extranjeras que no conocemos. Mi esperanza es que debido a que estos son personajes que dejamos entrar en nuestros hogares y corazones, y que les suceden cosas, las personas sentirán lo que estos personajes sienten y comprenderán la crisis de inmigración de una manera diferente”.

 

Desde el principio, los escritores sabían que querían a Guerrero de vuelta en la serie, ya que Maritza y Blanca eran las dos latinas en Litchfield que no son puertorriqueñas. Con sus ojos alados por el delineador y su actitud atrevida, Martiza y su mejor amiga, Flaca, una personalidad de YouTube, se convirtieron en las favoritas de los seguidores. En la historia final, el gran corazón de Maritza la traiciona cuando los guardias observan que pasa información a otros detenidos sobre cómo contactar a los abogados utilizando un código secreto, ya que los detenidos no tienen derecho a hacer llamadas telefónicas. La próxima vez que los espectadores la vean, la llevarán al avión esposada.

“Sabíamos que queríamos que Maritza fuera deportada porque queríamos sentir que un miembro de su familia se había ido”, dijo Paiz. “Queríamos que los espectadores sintieran la conmoción de eso, que la brusquedad fuera discordante. El activismo y la historia de Diane son una inspiración para nosotros y ciertamente nos influyeron”.

Pero no fue solo la historia de vida de Guerrero lo que tuvo un impacto en el equipo de Kohan. En mayo de 2018, los 13 escritores del programa visitaron el Centro de Procesamiento ICE de Adelanto, el centro de detención más grande del sur de California, con Freedom for Immigrants, un grupo de defensa nacional que busca poner fin a la detención de inmigrantes. “No creo que se hayan molestado en buscarnos en Google porque no creo que nos dejaran entrar si lo hubieran hecho”, dijo Paiz. “Tomamos un autobús y manejamos dos horas hasta el lugar más deprimente del mundo”.

El grupo recorrió las instalaciones, vio de primera mano cómo se aloja a hombres y mujeres y visitó los sectores médicos y dentales del centro, lo mismo que el patio. “Conocemos las cárceles e imaginamos que sería como un campamento, como una prisión de mínima seguridad, pero más flexible que eso”, continuó Paiz. “Lo que nos sorprendió fue que no era diferente a una prisión de máxima seguridad, excepto que los detenidos tienen menos derechos. No tienen derecho a un abogado. No tienen derecho a una llamada telefónica. Para personas que ya habían trabajado con ese mundo, era como el despertar más horrible, darse cuenta de que se pone aún más oscuro”.

 

Después del recorrido, los escritores se reunieron con detenidos detrás de una mampara de vidrio. “Cuando salimos de allí, todos teníamos migrañas”, recordó Paiz sobre la visita de cinco horas. “Todos nos enfermamos”.

Pero la investigación continuó. Ex presos que fueron transferidos a centros de detención y otros expertos legales visitaron la sala de escritores para hablar sobre sus experiencias. Un par de guionistas asistieron a audiencias de deportación, incluida una para menores donde aprendieron que se espera que los niños de 2 años en adelante se defiendan, lo que incluyeron en el episodio 11: “Para mostrar la ridiculez y la angustia de esto”, dijo Paiz. La consultora Lindsay Toczylowski, cofundadora del Immigrant Defenders Law Center en Los Ángeles, también los guió detrás de escena.

“Investigamos mucho, leímos mucho, hablamos con tanta gente y hablamos tanto de estas historias en la sala que me resultó normal llorar tres veces al día”, dijo Paiz. “Era como ‘si Carolina no llora, la historia no funciona’. Simplemente se convirtió en una parte normal de nuestra vida sentir pena por lo que estaba sucediendo y cuán grave era la situación”.

En un momento, el tablero de la sala de escritores tenía 20 posibles historias de inmigración que estaban considerándose. Algunos quedaron fuera de carrera cuando aparecieron historias similares en las noticias, como un bebé arrebatado de los brazos de su madre en la frontera; otras veces, los escritores retrocedieron porque no querían abrumar a la audiencia. “Escribiríamos estas escenas realmente tristes y terribles y luego se las daría a nuestra consultora para ver si se sentía real y ella diría que en realidad fue peor de lo que la estábamos describiendo”, dijo Paiz. “Muchas de estas historias fueron abrumadoras en su tragedia y queríamos encontrar el equilibrio adecuado”.

Al final, se decidieron por tres personajes nuevos además de Maritza y Blanca: Carla (Karina Arroyave), una madre viuda que se separó de sus dos hijos pequeños y fue deportada; una mujer queer egipcia llamada Shani (interpretada por Marie-Lou Nahhas) –que se convierte en el interés amoroso de Nicky– y también es deportada; y una detenida indígena llamada Santos (interpretada por Melinna Bobadilla) que fue violada al cruzar la frontera y a quien ICE le niega un aborto. “La gente viene aquí por diferentes razones y de diferentes maneras y la historia de cada uno no es la misma”, dijo Guerrero. “Así, lo que esperaba mostrar era una gama de las diferentes formas en que alguien podría verse afectado por el sistema de inmigración”.

 

Las historias sonaban tan ciertas que Jackie Cruz, quien interpreta a Flaca, la otra mitad de Flaritza, dice que no requirió mucha actuación. Flaca es parte del personal de cocina que se asigna a cocinar diariamente para los detenidos de inmigración, y se mete a ayudarlos haciendo llamadas telefónicas a abogados y miembros de la familia en nombre de ellos.

“Se siente demasiado cerca”, dijo Cruz. “Muchos de nosotros no hablamos de cosas porque queremos proteger a nuestras familias. Da miedo creer que esto le puede pasar a alguien que amas. Me alegré mucho de que hayamos iluminado esto, pero fue muy difícil encontrarnos con toda esa mierda que se nos vino encima y hacerla vívida”.

En el centro, Carla, una inmigrante salvadoreña, le enseña a Blanca cómo escrutar la ley y defenderse en las audiencias de deportación. En el transcurso, los esfuerzos de Carla por salvarse fracasan y un juez ordena su deportación, pero no es lo peor que le sucede.

“Cuando todo el asunto de la separación familiar salió a la luz, tuve problemas para dormir”, dijo Arroyave, nacida en Colombia. “Quería visitar a los niños en el centro de detención de Nueva York y, por supuesto, no pudimos hacerlo. Pensé, ¿qué puedo hacer? Realmente siento que la vida me envió este gran regalo de retratar a una de estas mujeres. Si pudiéramos influir en una persona, si pudiéramos mostrar lo que falta, que es humanidad, y dejar que eso dicte lo que la gente cree”.

La historia de Carla provocó una de las peleas más grandes en la sala de escritores. Algunos guionistas pensaron que era lo suficientemente trágico como para terminar con Carla en un autobús sin sus hijos en el episodio 11, “God Bless America”, que escribió Paiz. Otros pensaron que deberían esforzarse más, razonando que una madre como Carla haría todo lo posible para regresar por sus hijos. “Yo era una de las personas que decía que esto ya era devastador”, dijo Paiz. “Y luego, el día que discutí eso, llegué a casa para encontrar un artículo del New York Times sobre una mujer de Guatemala que había muerto cruzando la frontera para buscar a sus hijos. Pensé, oh Dios, eso es una señal. Bueno, estás bien”.

 

En el final de la serie, Carla intenta cruzar la frontera a pie con un grupo de otros inmigrantes liderados por un coyote. Ella tropieza y se rompe el tobillo y el hombre la abandona en el desierto. Los espectadores nunca la vuelven a ver. “Es deliberadamente vago, pero creo que se siente terriblemente sombrío”, dijo Paiz.

Arroyave coincide: “Estaba agradecida de que llevaran esto a este lugar final. Era lo adecuado que terminara en esa devastación. Si termina con su deportación, es horrible, pero hay esperanza de que pueda regresar y traer a los niños. No es tan efectivo, creo. Lo dejaron abierto, aunque no luzca bien para ella”.

Las cosas terminan con una nota más esperanzadora para la rebelde Blanca, pero no antes de que la reclusa dominicana que se enamoró de la anciana que cuidaba –que en realidad es un residente legal permanente–, pase unos meses detenido y su novio, Diablo, sea deportado. Antes de alojar a Blanca en el centro de Litchfield, pasó un tiempo en una instalación de transición en Arizona, que los espectadores ven en un flashback. En una escena conmovedora en el tercer episodio –”Y ahora Brown Is the New Orange”, Blanca llama a Diablo (Miguel Izaguirre) para hacerle saber lo que le sucedió y pedirle que no la espere más.

“Esa fue la escena más emotiva de la temporada para mí”, dijo Laura Gómez, quien interpreta a Blanca, una mujer dura que una vez se enojó para evitar ser tocada por los guardias de la prisión de Litchfield. “La energía en la habitación era muy difícil. El departamento de arte había establecido un campamento como los que vemos en las noticias, con colchones viejos en el fondo y extras cubiertos con esas mantas de aluminio. No tuve que presionar demasiado. Lo sentí muy profundamente. Todo esto está en las noticias, pero no se toma tan en serio como debería, por lo que hacer esto se sintió importante. A veces, la ironía es que la ficción puede ser más informativa y poderosa que la realidad”.

Una vez que Blanca comienza a aprender de Carla sobre el sistema y cómo podría defenderse, se transforma de una detenida abatida y deprimida para la mujer empoderada que los seguidores de Orange han llegado a apreciar. Blanca sale del centro de detención y, al final de la temporada, es una mujer libre con una tarjeta verde. Ella elige ir a Honduras para estar con Diablo, una sugerencia que Gómez hizo a los escritores que estaban considerando enviarla a su país natal, la República Dominicana.

 

“Su elección es ir por la persona que ama, sin importar dónde y cómo”, dijo Gómez. “Son una pareja no tradicional y tienen la historia de amor más improbable de todas, pero la historia de amor más estable, de verdad. Aprecio mucho que los escritores me hayan pedido mi opinión. La realidad es que hay circunstancias diferentes en América Central que en el resto del continente, así que lo que está en juego sería mayor. Dentro de lo disfuncional que resulta de todo, la elección es hermosa y un poco poética también”.

Gómez espera que los espectadores sean cautivados por la humanización que se hace en Orange de los personajes latinos y musulmanes de la misma manera que todo el elenco. “La demonización de los inmigrantes en este momento, especialmente los latinos, los orientales y los musulmanes, se siente como si hubiera una agenda agresiva contra la humanización de estas personas y su realidad”, dijo. “También ignoramos la historia y el papel de los Estados Unidos acerca de por qué estas personas están aquí. Espero que lo que está haciendo esta temporada nos esté moviendo en la dirección correcta”.

A medida que el debate nacional sobre la inmigración se vuelve más acalorado y la realidad de cómo se trata a los detenidos de todas las edades se vuelve más sombría, Paiz dijo que se sintió catártica al escribir y producir la temporada final del programa. “Durante todo el tiempo que Trump ha sido presidente, nos ha estado atacando de las formas más despiadadas, por lo que, desafortunadamente, el momento para atacar con esto siempre será el correcto mientras él siga allí”. Todos estamos muy preocupados, pero como escritores, esto es lo que podemos hacer. Podemos escribir sobre eso y tal vez eso inicie una conversación”.

 

Publicado en Vulture. Traducción: Pablo Makovsky

Nota Bene: Se respetaron los enlaces del artículo original en inglés.

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Sobre el autor:

Acerca de María Elena Fernández

Vive en Venice Beach, California. Es reportera de televisión (New York Magazine, Vulture, El Pais, Los Angeles Times, NBC News, The Daily Beast, MSNBC, Today, The Cut, Broadcasting & Cable, RealClearMarkets. “Mente estadounidense, corazón cubano. Alma de periodista”, según se describe. Dice también que la obsesiona la playa y agrega: “Mi locura no se cura”. Tiene […]

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