Cynthia Rimsky nació en Santiago de Chile en 1962 pero hace varios años vive en Azcuénaga, una pequeña localidad de la provincia de Buenos Aires, en medio del campo. Publicó libros en editoriales chilenas que luego fueron reeditados en Argentina, como Poste restante (Entropía, 2016) y la más reciente, luego de diez años de haber sido publicado en su país, Los perplejos (Editorial Leteo). Además, publicó La novela de otro, Ramal, el relato Cielos vacíos en Nicaragua al cubo, Fui y El futuro es un lugar extraño.

Para Cynthia Rimsky la escritura es lo contrario de la explicación, y sobre todo en este momento en que todo es tan literal. “Esa literalidad me entristece. Creo que la escritura es un misterio, que tienes que entrar y no resolver, sino vivir y hacer la experiencia. La idea de la curiosidad, que no llega a solución, que no pretende, sino que lo que le gusta es hacer el camino. Para mí, la escritura sigue siendo el lugar que obliga a la sociedad a la duda. Es un lugar donde se cuida y habita la duda”, dice.

De la ciudad al campo 

¿Cómo es que una escritora chilena que vivía en una gran urbe como Santiago decide vivir en un pueblito argentino? Quizás sea esa una de las primeras inquietudes que asoman cuando se la conoce. Es que Cynthia no cree en los países, sino en las experiencias que generan los lugares. Es toda una declaración política.

“Es la idea de quebrar la noción de patria. Estoy pensando mucho que en lugar de irme de Chile, de lo que me fui es de esa noción. Es cambiar la relación con los países, la idea de un original, que uno es de un lugar, que responde a la fidelidad de la patria, que muchas veces termina en guerra”, dice la autora y agrega: “También pienso en los kibutz, cuando hacían esta crianza colectiva que era cortar con la autoridad paterna y materna, como desplazar la autoridad, relacionarte con un lugar, pero no desde la autoridad como si uno fuera el dueño. Eso me pareció que me daba libertad”. Incluso cuando llegó a Buenos Aires, Cynthia decidió no relacionarse con otras personas chilenas, salvo con un amigo escritor.

El campo y la ciudad son temas recurrentes entre escritores y escritoras. ¿Modifica la escritura vivir en una gran ciudad? ¿Cómo es escribir lejos del bullicio de los colectivos y de la gran aglomeración de personas? ¿El lugar donde habitamos los días modifica la manera de nuestra escritura y los temas sobre los que escribimos? Para ella, escribir en su casa de Azcuénaga implica que le cueste menos concentrarse. “Hay mucho menos deber ser“, dice. Es que no necesita ir a ningún evento social. Es estar ahí, en la escritura.”En tu casa, con los vecinos y el paisaje. Y eso ayuda a acallar el deber ser. Por lo menos a mis novelas nadie las está esperando. Por lo único que publico es por el propio sentimiento incandescente que me genera el placer de escribir . Hay menos estímulos, me doy cuenta que cuando voy a Buenos Aires me mareo mucho. Se logra ver las cosas más individualmente y en su totalidad. Por ejemplo, el tipo que sale de la casa, va al almacén y vuelve del almacén a su casa. Lográs ver procesos, y eso en las grandes ciudades es más difícil”, cuenta.

Muchas veces los eventos culturales le permiten conocer a autores y autoras. Además de visitar librerías, es la manera de enterarse qué es lo se está publicando. Entonces la pregunta es: qué elige leer al estar más alejada de este circuito. “Siempre elijo completamente al azar. Ahora estaba en Valdivia, por ejemplo, sentada en una librería, y de repente veo a Leonel Lienlaf, que es un poeta mapuche que es una maravilla y que lo había leído hacía cinco días. Y le digo que le admiro, y él me habla de otro escritor que admira, Daniel Moyano. Entonces ahora voy a buscar a Moyano. Es decir, los libros van llegando, por sugerencia pero también en relación con lo que estoy escribiendo o lo que estoy pensando. Por lo general mi núcleo de amistades no pasa por los escritores, no me gusta la ‘gremialidad’, tengo tanta relación con mi vecina como con otras personas que escriben. Incluso con mis amigos escritores me encanta cuando no hablamos de escritura. Mi vecina tal vez no tiene una mirada literaria sobre las cosas, pero no por eso es menos válida. Vivir en el campo no ha hecho más que reforzar esta idea”.

La mirada literaria

Con motivos de la presentación de su último libro, Los perplejos, reeditado por Leteo en Argentina,  Cynthia visita Rosario por segunda vez. En esta novela, de 276 páginas, la escritora decide viajar tras las huellas del filósofo medieval Maimónides. Ambos buscarán un sentido en un mundo donde ya no hay espacio para la sabiduría. Los perplejos borra los límites entre ficción, historia, crónica; entre pérdida y pérdida.

La novela, según cuenta su autora, surgió a partir de la lectura del tercer tomo de La guía de los perplejos, una obra filosófica judaica escrita por una de las autoridades hebreas más importantes del medioevo, el andalusí Maimónides (1135, Córdoba-1204, Fustat, Egipto), a quien también se conoce en hebreo como Moshé ben Maimón (abreviado, Rambam) y en árabe como Musa Ibn Maymun. Escrita originalmente en árabe hacia 1190, se tradujo al hebreo ya en época de su autor. Es considerada la más importante y la más universal de todas las obras de Maimónides.

Los perplejos comenzó sin idea. Incluso las ideas que tenía estaban equivocadas. Lo más difícil de armarlo fue cambiar el centro de gravedad, es decir, desde tener una idea preconcebida a donde quieres llevar el material a realmente ver en esos materiales cosas que te van resonando, que son diversas, y que no tienen ligazón entre ellas. En la novela a Maimónides le hago decir sobre la construcción de un camino con bordes y creo que eso fue escribir Los perplejos, construir un camino donde el lector pudiera leer sin caerse pero a la vez que haya un poco de riesgo”.

La autora resalta que la novela es ficción, que es un recorte, y más allá de que está basada en la vida de este personaje histórico. “Creo que lo que propuso Maimónides, leer la religión desde la filosofía, fue un cambio desde la lógica, para poder desde ese lugar, salvar a su pueblo. El viaje iba a ser otro pero en ese momento era peligroso para los turistas ir a Egipto. Por eso terminé armando un viaje que no tiene nada que ver con Maimónides, pero con la idea de intentar ver el mundo a través de la razón y cómo todo el tiempo se salía de esos márgenes. Por eso la novela parte desde el país más lógico como es Eslovenia, de la razón, hasta el lugar de la sinrazón, de la guerra étnica, y mostrar cómo es que esa razón termina fracasando. Creo que tiene que ver con el mundo, cómo la sabiduría o la academia, no ha logrado hacer un mundo mejor. Y cuál es la relación entre el intelecto y la experiencia, que es un tema que inquieta mucho, la tensión entre estas categorías”, menciona sobre la experiencia de escribir este libro.

Otro libro escrito y reeditado en Argentina, es Poste restante. En este libro también los géneros son difusos. En relación a esto la escritora María Moreno dice: «¿Rimsky o Rimski? La diferencia entre la última letra de su apellido y el que encuentra en un álbum de fotos perdido lleva a una mujer a cruzar el océano en busca de un origen. La enumeración caótica es la figura retórica de todos los viajeros: mercados de Lévi-Strauss, bazares de Bowles, nombrados como cifras de una conquista por asimilación. La viajera de Rimsky parece comprender por despojamiento. Sus enumeraciones no atesoran, se despojan en nombre de una disposición hospitalaria a lo nuevo, donde la curiosidad se sobrepone a todo temor o arrepentimiento. Escrito con una hipnótica perfección, al borde de la miniatura, Poste restante está hecho de epifanías calmas, lejos de la exaltación maníaca del viaje beat o del sesgo de denuncia del viaje guevarista. Observaciones delicadas pero políticas, sin afán de leer en el Otro buscando domesticar su sentido.» En Poste restante no hay límites, no hay fronteras, porque están todos los géneros.

Cynthia continúa tomando el café, hace una pausa y cuenta una anécdota en relación a los géneros, especialmente la crónica: “El libro Ramal es el tramo del tren que va de Talca a Constitución, unos ochenta kilómetros, demora cuatro horas y para en muchas estaciones. Para escribir ese libro, hice ese trayecto seis veces y coloqué un personaje de ficción que cuenta la historia. En esta experiencia realmente aprendí a ver. Había colocado algo de ficción pero para mí era un registro muy documental. De hecho, después de haberlo escrito no me atreví a volver porque la gente se podía haber sentido identificada y se podrían haber enojado. Pero finalmente, después de nueve años, volví, y me encontré con las mismas personas y todos son distintos a como yo los describí. No había nadie que obedeciera a cómo los había visto. Lo que quiero decir es que no creo en la crónica. Creo que hay una mirada literaria, ojos literarios, ojos enciclopédicos, creo que la crónica se instituyó en un género cerrado. O sea, algo que se volvió moda, algo anquilosado. Esta anécdota del Ramal me hizo pensar cuál es la mirada que tuve para que apareciera algo tan distinto a la realidad”.

La escritora hace pausas, pero habla con fluidez y rapidez. En lugar de los “me entendés” más argentinos utiliza el “cachai”, y en cada una de sus frases se muestra una persona sabia que reflexiona y piensa antes de hablar. En relación a la mirada, trae el ejemplo de la escritora Hebe Uhart, que fue una gran narradora de detalles. “Creo que lo interesante es tener una mirada distinta del poder. O sea cómo los elementos más marginales, indiferentes, extraordinarios los colocás al centro, y generan una mirada política. Me parece que es interesante, lo extraordinario en el lugar del poder y en el lugar de lo visto”.

Se incomoda rápido con los géneros o las formas, y es por este motivo que busca escribir de maneras diversas. Estudió periodismo, aunque en la actualidad no trabaja de esta profesión. “Fue tremendo. Me echaron de todos lados. Con una amiga pensamos en una exposición de trabajos rechazados. El último artículo que intenté escribir, ya viviendo en Buenos Aires, para una revista, me lo rechazaron porque según palabras del editor, aunque no pudo parar de leerlo, cuando terminó y se preguntó de qué se trataba no supo responder, y por ese motivo me dijo que debía rehacerlo. Esa fue mi relación con el periodismo siempre. De tener que explicar y contar cómo son las cosas, sin ningún tipo de ambigüedad. De hecho, Poste Restante no iba a ser un libro sino artículos para un diario de Santiago de Chile, pero me dijeron que eran muy literarios. Entonces tenía dos opciones, o me amoldaba o no. Y por primera vez pensé que no me quería amoldar más. Siempre voy a estar intentando buscar otra cosa de lo que me piden, ¿por qué para escribir sobre lo que ya saben?”.

Inicios, lenguaje y actualidad

Su acercamiento con los libros estuvo desde chica, ya que su papá era quien le regalaba libros y quien cuando era joven había escrito poesía. En todos sus cumpleaños le regalaba una poesía escrita por él sobre los ojos verdes de Cynthia. Y fue de él que heredó la biblioteca en la que se basó para escribir su libro Los perplejos. En esa biblioteca abundaba la literatura filosófica de posguerra y la mayoría de los libros estaban impresos en Buenos Aires. Esa biblioteca le abrió una ventana. Desde chica se identificaba con las heroínas que no se casaban, que tenían otros destinos, en su mayoría trágicos, porque no había otro panorama posible. “Admiraba a Virginia Woolf, a Katherine Mansfield, pero las dos terminaron sus vidas de maneras trágicas. Ahora celebro que también el destino de las mujeres escritoras sea otro. Y eso que parece tan pequeña es un gran paso. Cambiar las representaciones de las mujeres”, cuenta.

“Hace un tiempo conversaba con una amiga que en Chile hay un grupo de escritoras que están siendo muy conocidas y publicando bastante, sin embargo las mismas escritoras estaban escribiendo lo mismo hace diez años y nadie les abría ningún espacio. Me parece excelente esto que ha ocurrido de que las escritoras tengamos más visibilidad y también me parece excelente que tengamos esa visiblidad sin tener que escribir sobre mujeres, parto, vida doméstica”, asegura. Y reflexiona: “El otro día estaba escribiendo y había puesto que el jefe del grupo era un hombre y de repente me pregunté: ¿por qué? Creo que lo que estamos viviendo es interesante, no solamente por lo que se dice sino que hay una nueva manera de mirar lo que se está escribiendo”.

Sobre el lenguaje inclusivo, Cynthia dice que le parece interesante pero que no lo utiliza porque es de otra generación y su uso le parece forzado, pero que cada vez que escribe con la “o” se queda mirando y reflexionando sobre su utilización. “De hecho hay un texto que escribí que el género está escrito con un guión bajo (_) porque no tiene género. Lo que buscaba era ver qué le pasaba al lector con ese recurso y qué género elegía. ¿La “o”,  la “a”, la “e”? Me parecía que podía funcionar como una provocación para la persona que lo leyera, y que pensara por qué elegía a un hombre, una mujer, una persona homosexual, trans, no binarie, etc”. Y celebra que todo lo que está sucediendo genera preguntas, como escritora le interesa eso, no crear nuevos dogmas sino habilitar siempre nuevas preguntas.

 

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Sobre el autor:

Acerca de Paula Turina

Es Comunicadora Social, egresada de la Universidad Nacional de Rosario. Adscripta en la cátedra de Periodismo Digital. Asiste al taller literario “Alma Maritano” coordinado por el escritor Pablo Colacrai. Algunos de sus cuentos trabajados en ese taller se publicaron en la contratapa del suplemento Rosario 12 de Página 12. Participó en la antología “Yo quería ser manzana”coordinado por la escritora Maia Morosano. […]

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