Fue Conrado Nalé Roxlo, o alguien con un genio similar, quien al anoticiarse de la llegada del hombre a la Luna mostró una soberbia indiferencia: “Es el triunfo de la historieta”, dijo o escribió. El Apolo 11 se posaba sobre suelo selenita muchos años después de que las ficciones más populares sembraran sus peripecias de viajes estelares.

Acaso la pandemia que se propagó en 2020 es un poco ese primer alunizaje, una catástrofe largamente anunciada en novelas que imaginaron nuevas sociedades, películas de consumo masivo y series de televisión que pueden verse hasta el día de hoy, como la segunda versión de The Stand –basada en la novela de Stephen King y estrenada el 16 de diciembre pasado–, cuyo primer ensayo vimos en 1994, en dos VHS, bajo el título Apocalipsis. Claro que comparada con esos relatos, nuestra pandemia parece una insípida obra de ciencia ficción escrita por Sergio Chejfec.

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En eso, en esa rara cualidad de la literatura de ser siempre “anacrónica”, de estar un paso más allá incluso cuando las circunstancias parecen acuciantes e inenarrables, pensábamos cuando leímos las repuestas de Osvaldo Aguirre a este brevísimo balance del fin del año de la pandemia.

Las respuestas de Osvaldo, que es escritor y un brillante poeta, además de periodista, se suman a las de otres colegas: Sandra Cicaré, Sonia Tessa y David Narciso, que de algún modo desmenuzan la materia periodística de este año inédito en la historia del siglo con datos y precisiones sobre lo que sucedió en el país, la provincia de Santa Fe y en Rosario, desde el pobre desempeño provincial en materia económica hasta las divisiones que resquebrajaron las administraciones peronistas en lo local y nacional. Y sobre todo sus consecuencias desde una perspectiva de género. El año de la pandemia visibilizó la crisis del sistema del cuidado y que las mujeres e identidades feminizadas siguen siendo la variable de ajuste. Pero también será el 2020 recordado como el año en que se dio un paso más por la ampliación de derechos de mujeres y personas gestantes. A un día del fin de ciclo, el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo enviado por el Ejecutivo fue aprobado con 38 votos a favor y 29 en contra en el Senado.

 

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Una ciudadanía más plena de las mujeres

Sonia Tessa, periodista

—¿Qué impacto tuvo el confinamiento de este 2020 en los Feminismos. Ya sea en la crisis a la vista de la organización del sistema de cuidados como también en el aumento de femicidios y situaciones de violencia?

—El primer y evidente efecto del confinamiento fue la desmovilización de los feminismos en todo el mundo. La pérdida (aunque fuera momentánea) de la calle generó la necesidad de armar otras estrategias de visibilizacion de conflictos. Por otro lado, la cuarentena mostró la potencia de las redes feministas armadas para contener y acompañar en situaciones de violencia. Nada de esto alcanza sin embargo para reducir la violencia machista y sí es necesario subrayar que muchas mujeres e identidades feminizadas sufrieron las consecuencias del encierro con sus agresores. Al mismo tiempo, según las estadísticas del equipo de género de la concejala Norma López, aumentaron los femicidios cometidos por parejas de las víctimas en detrimento de las ex parejas, evidente efecto de cómo la cuarentena profundizó este grave problema. Siempre es necesario recordar que alrededor del 60% de los femicidios son íntimos, es decir cometidos por las parejas y ex parejas de las víctimas. En cuanto a la crisis de los cuidados, la pandemia puso en evidencia la sobrecarga de estas tareas con diferentes efectos según los sectores sociales pero siempre feminizadas. En los sectores populares, donde muchas mujeres trabajan como empleadas de casas particulares, un efecto primero fue la pérdida de ingresos y de empleos y de forma concomitante el protagonismo de las mujeres en la organización para procurar alimento a la población, es decir que a la doble carga laboral se suma la de ser cuidadoras comunitarias. Si bien ha habido iniciativas estatales para reconocer económicamente ese trabajo, la magnitud de la crisis lo revela insuficiente. En la clase media, se sumaron otro tipo de situaciones. Una encuesta de abril mostró que las mujeres dormían una hora menos que los varones y que aquellas que eran jefas de hogares monoparentales necesitaban días de 35 horas. El teletrabajo, la pérdida durante meses de la posibilidad de tercerizar las tareas domésticas y la sobrecarga que significó asumir el acompañamiento escolar de los niños a la distancia estalló las condiciones de vida de las mujeres y las identidades feminizadas en este sector social.

—Se llegó a fin de año con el debate que la pandemia parecía haber dejado atrás: la interrupción legal del embarazo un tema que sabemos también es de salud y de salud pública.

—La presión social, evidenciada en las acciones de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto fue inicialmente un impulso para que el gobierno abandonara el argumento de la inconveniencia de presentar el proyecto de IVE en pandemia y decidiera terminar el año con esta iniciativa. Por un lado, se trata de una necesidad de retomar la centralidad y dar algún tipo de respuesta a los amplios sectores urbanos que acompañaron al Frente de Todos. Esto sin dejar de subrayar que además de tratarse de una cuestión de salud pública y justicia social, la ley de IVE viene a hacer un poco más plena la ciudadanía de las mujeres, al reconocer de forma efectiva el derecho a su autonomía. Las reacciones conservadoras que justamente pretenden denostar el proyecto en ese punto dan cuenta por un lado de la necesidad de avanzar en esa dirección y por el otro de la potencia transformadora de esta ley.

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El centro de la escena política

David Narciso

—¿Cuáles fueron para vos los dos o tres hechos políticos o económicos más relevantes para Argentina en este año de pandemia?

—Entre los hechos más trascendentes es indudable que se encuentra la pandemia, por más que en su raíz sea un problema sanitario. Sería superfluo detenerse a explicar el por qué. Sólo decir que condicionó todos los escenarios y afectó las conductas de dirigentes, partidos y las prioridades de los gobiernos. Dentro de este contexto, señalo el brutal incremento de la pobreza y el derrumbe económico como los dos acontecimientos más trascendentes para la política argentina.

Si tuviera que identificar otra escena por fuera de la pandemia señalaría la lenta, silenciosa y persistente consolidación de Cristina Fernández en el centro de la escena política y las dificultades del presidente y su gobierno para dominar ese escenario.

—¿Cuáles te parecieron los hechos políticos, sociales o económicos más destacados en los nuevos gobiernos provincial y municipal y qué te parece que auguran para 2021?

—En el ámbito provincial el conflicto entre el gobernador y parte de los senadores del PJ marcó todo este primer año de gestión. También la estrategia de confrontar en lugar de acordar con el Frente Progresista que controla la Cámara de Diputados.

El bloqueo al desafuero del senador Traferri puede tener consecuencias que hoy no prevemos. Solicitado por la fiscalía, es otro hecho trascendente que provoca cambios en el tablero legislativo, pone en tela de juicio la unidad que le permitió al PJ volver al gobierno y abre una serie de preguntas sobre las consecuencias institucionales derivadas de haber protegido a un senador acusado de delitos para que no rinda cuentas en la Justicia.

La pandemia no puede ignorarse como condicionante de todo el escenario de este primer año de los gobiernos. El punto más sólido del gobierno provincial fue la contención social desde los últimos días de marzo hasta la actualidad. Es un hecho político trascedente porque permitió atravesar estos nueve meses, incluso fechas críticas como las de diciembre, con la paz social garantizada.

En el caso de la Municipalidad de Rosario, un hecho político novedoso es el acuerdo de gobernabilidad que tejió Pablo Javkin con el Concejo Municipal, una alianza fáctica que reúne votos de la izquierda, la derecha, el oficialismo y La Cámpora con la agenda del Ejecutivo como único punto de encuentro.

Hay otra alianza personal muy trascendente, entre Javkin y el gobernador. Esa relación ordena, al menos por el momento, el vínculo entre la principal ciudad y el gobierno provincial. No es un dato menor después de que ambas volvieron a ser gobernadas por fuerzas políticas diferentes después de 12 años.

Por último, la demolición del sistema de transporte de pasajeros tal como lo conocimos es otro hecho muy potente de 2020. La pandemia, la consecuente caída de pasajeros y la desfinanciación del sistema dejó durante meses a la ciudad sin colectivos. Un hecho inédito e insólito. Para reconstruir eso se arranca de muy atrás de donde estaba a finales del año pasado.

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Un terreno ganado

Sandra Cicaré, periodista de Economía del diario La Capital.

—¿Cuáles te parecieron los asuntos más destacables en materia económica en Rosario y la provincia este año?

—El año 2020 estuvo marcado en la provincia y su correlato en la ciudad por el default del siglo, que fue la cesación de pagos de la empresa Vicentin. Ese fue, a mi criterio, el hecho económico-político más fuerte, que mostró las debilidades de los organismos de control sobre el manejo de las divisas y que puso el foco en la comercialización de granos con una operatoria muy habitual que es la modalidad “a fijar”. También, la connivencia del poder económico con la Justicia, que quedó plasmado en el desarrollo del concurso.

Este año el gobierno nacional fue el gran protagonista en materia económica. Destinó más del 6% del PBI para asistir a los distintos sectores ante la crisis de la pandemia y tanto el gobierno provincial como municipal fueron meros “gestores” de esos fondos (ATP, IFE, créditos a tasa subsidiada, etc). Ambos niveles de Estado acompañaron ese proceso pero sin acciones propias de peso.

En el caso de la provincia, con muy poca iniciativa política se ocupó de direccionar fondos nacionales y dilató la asistencia financiera, aún contando con recursos propios suficientes para hacerlo. Se tomaron algunas acciones menores como la prórroga de impuestos o servicios (EPE, Aguas Santafesinas), pero no logró inyectar liquidez a la economía. En Rosario también hubo acciones micro, a la escala local, tendientes a mejorar los ingresos de la población y aliviar al sector empresario, como las prórrogas de programas como Precios Justos, el programa Vidrieras en Red para fomentar la comercialización online, muy utilizada en la cuarentena, o el lanzamiento de créditos a tasa subsidiada del Banco Municipal.

—¿En qué aspecto te parece que las mujeres se vieron perjudicadas o beneficiadas económicamente este año?

—Creo que la visibilización del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que contribuyen y son el pilar para sostener la dinámica del empleo y de la economía formal fue clave en la pandemia. Lo negativo fue que eso visibilizó la profunda brecha de desigualdad en términos de ingresos que afecta a las mujeres. Eso quedó a la vista, expuesta sin tamiz, cuando debieron hacerse cargo del hogar, del cuidado de los hijos, del resguardo y asistencia de enfermos frente al Covid-19 y de su propio trabajo remunerado en el caso de que existiera, con el agravante de que tenía que desarrollarse dentro de la casa. Aquí el caso más claro fue el de las docentes. Pero también en los barrios más vulnerables, donde según los registros de las propias organizaciones sociales fueron las mujeres las que encararon ollas populares, siguieron trabajando en merenderos, etc.

Poner en discusión ese aspecto, instalarlo en la agenda económica, considero que fue un eje central en la lucha que vienen realizando los feminismos e identidades disidentes. Con ese paraguas, fue muy positiva la implementación del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), permitió visibilizar un universo de personas sin ingresos ni planes sociales que estaban fuera del sistema y no figuraban en los registros de la Administración Nacional de Seguridad Social (Ansés). De ese número, el 55,7% eran mujeres (casi 5 millones de personas). Es un terreno ganado, un escalón desde el cual seguir construyendo derechos.

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La literatura tiene otro tiempo

Osvaldo Aguirre

—¿Qué narrativas o literaturas del año 2020 destacarías o qué libros emparentarías con esta pandemia?

—Es difícil contestar esta pregunta. Para empezar podría decir que los “diarios de la pandemia” han caducado, hubo una saturación al respecto y cierto consenso en que no resultaban nada reveladores. En parte tiene que ver con que en marzo, abril, no sabíamos lo que se venía y nos ilusionábamos con un pico de contagios en mayo y junio tras lo cual todo sería como antes. Ahora tampoco sabemos mucho más respecto al desarrollo de la pandemia o, más bien, de esta nueva era que vivimos, de la cual la pandemia forma parte. Me parece que los intentos apresurados por develar las claves de la situación fracasaron y que la literatura tiene otro tiempo. Las reflexiones de Franco “Bifo” Berardi fueron una excepción en ese sentido. Pero los libros que podrían emparentarse con la pandemia han sido escritos antes; no es que tengan un poder de anticipación sino que de alguna manera pueden proyectarse sobre el escenario actual y ayudarnos a pensar y a imaginar. Por ejemplo, se me ocurre, El último Falcon sobre la tierra, de Juan Ignacio Pisano. También podríamos decir que los libros que se relacionan con la pandemia son los que estamos leyendo en este momento, más allá de lo que traten.

—¿Si hicieras periodismo diario en una redacción que hecho hubieras seguido con más intensidad o qué seguimiento de la pandemia te interesó más?

—Hubiera seguido el fenómeno de las teorías conspirativas, desde las que tratan de explicar el origen del virus como creación humana a las que afirman que la vacunación responde a proyectos eugenésicos de Bill Gates. Y hubiera seguido también las formas de la violencia en el confinamiento social. La pandemia con todos sus efectos nos hizo perder de vista esos aspectos. Entonces, el asesinato que se registró en un country de Pilar tuvo una amplia cobertura mediática, mientras que el incremento de femicidios parece pasar como una simple estadística. Me llama la atención, en particular, que el crimen de María Florencia Gómez se haya perdido totalmente de vista para el periodismo de Santa Fe.

Por otra parte, recuerdo que cuando estaba en una redacción y hacía crónica policial, el 25 de diciembre y el 1° de enero eran días muy aburridos para trabajar. La rutina era ocuparse de las víctimas de la pirotecnia. Lo recuerdo en contraste con el presente, atravesado por balaceras, descuartizamientos, venganzas y mafia organizada, donde cualquier persona, en cualquier momento y en cualquier lugar, puede ponerse en la línea de tiro. Hubiera seguido también éstos, que también hablan de la época.

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Sobre los autores:

Acerca de Pablo Makovsky

Periodista, escritor, crítico

"Nada que valga la pena aprender puede ser enseñado."

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Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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