No quisimos hacer una pregunta cuantitativa sobre qué fue lo mejor de este año y esta década que terminan. Así que sólo formulamos dos preguntas que creemos dan pie para hablar de lo que se publicó, se estrenó, se charló o expresó en este 2019 o en estos últimos años, que son, a la vez un ciclo que ya sabremos cómo calificarlo más tarde.

El fin de 2019 es también un fin de ciclo, entonces preguntamos: ¿Qué obras (libros, encuentros, ensayos, discos, películas, series, intervenciones) te permitieron pensar en este ciclo que termina? ¿Por qué? ¿Qué expectativas tenés en lo local, lo nacional, lo regional?

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Apología de Noemí Escandell

Escandell –quien murió hace dos días– encarnó con lucidez el binomio enseñanza y compromiso ideológico. Militó la docencia y dejó una obra en la que ensayó su pensamiento plenamente contemporáneo.

Según nuestras estadísticas –relativas y sesgadas, como toda estadística–, la mayoría de nuestros lectores ingresaron –¡ay!– por las redes sociales y, en especial, por esa que ha lumpenizado la vida de nuestras madres y abuelas, llevando su vejez a un desecho de humanidad que permanece a un costado de la mesa familiar mientras consume todo tipo de videos, fotografías y sólo el Señor sabe qué aparece en su muro. Poquísimo más de un tercio de las visitas se realizaron vía acceso directo a la página.

Si bien un alto porcentaje permaneció el tiempo suficiente como para leer algo más que el título y el epígrafe, las preferencias, nos permitimos concluir, tuvieron tanto que ver con las decisiones editoriales de la revista como con la comunidad de lectores en redes de las personas implicadas en las notas (autores o entrevistados).

Así, nuestra sección más frecuentada resultó “Los portentos” y, entre lo más leído desde el 1 de enero de 2019 hasta el pasado 27 de diciembre, figuran (y aquí nos permitimos ignorar el ránking) el texto de Daiana Travesani, la entrevista a Alejandro Galliano y la crónica sobre calle Ayacucho al sur. Aunque las diferencias con otras entradas, como la que firma Andrés Petersen, la “Apología de Noemí Escandell” o la traducción sobre la situación en Bolivia a días del golpe, tampoco ostentan diferencias que las excusen de una mención.

Dicho esto, lo mejor es lo que pueden decir esas personas que consultamos e invitamos todo el año, más allá de la cómoda ficción de una estadística.

 

Wachi Molina

2019 fue un año plagado de aprendizajes y de encuentros con prácticas y escrituras que nos dejaron –en este nosotrxs pienso efectivamente en una comunidad– en lugares bien diferentes. Fueron, al menos, varios encuentros y publicaciones felices los que sacudieron esto que aún se enuncia como yo, pero que apenas si es real. La primera fue, sin dudas, la performance Cien Evitas, llevada a la cabo por la efervescente y efímera colectiva mixta de culturas. Como expresé en la crónica para esta revista, fue una articulación entre política y arte, un artivismo que hizo evidente la potencia cultural del peronismo que parecía despertar en los barrios. Una muestra de su historia viva en el pueblo que aún en sus gestos y articulaciones revivía en la puesta en cuerpas de lxs artistas una energía difícil de calibrar.

La segunda actividad fue el conversatorio de la performer chilena Elizabeth Neira en la Facultad de Humanidades y Artes, convocada por el IECH y la cátedra de posporno. Fue el 18 de octubre, una fecha emblemática, puesto que mientras repasábamos las intervenciones de Eli, que presuponían una respuesta política a la Constitución Nacional pinochetista y a la cultura heteropatriarcal chilena –en una performance, Eli defecaba la Carta Magna–, en Chile se desataba la furia contra el régimen neoliberal que fue pionero en América Latina, una experimentación social que atravesó la dictadura trasandina y se extendió hasta el presente como modo de control. Hasta que no salimos de ese conversatorio, nada sabíamos de lo que sucedía en ese país sobre el que habíamos discutido toda esa tarde. Llegar a casa y prender el televisor, fue una bomba de realidad, un salto del discurso y el arte a la vida de esas cuerpas que ponían en jaque todo un sistema, enfrentándose con sus aparatos de muerte. Con Eli aprendimos esa tarde cómo el porno y el desnudo son un arte que puede articular una respuesta potente a todo, cuando no están puestas solo al servicio de un esteticismo onanista.

Y, por último, todxs lxs ganadorxs del Premio José Pedroni de este año trajeron la posibilidad efímera de creer en los premios un ratito (después, vemos). Pero sin dudas, los premios a Osvaldo Aguirre, Beatriz Vignoli, Leandro Llull, Diego Colomba y Santiago Venturini fueron recibidos por casi todxs con alegría y la certeza de lo justo. De ellxs, me interesa rescatar cómo Diego Colomba ganó menciones en premios nacionales e internaciones, confirmando la potencia de sus poemas que varios lectores venimos animando desde hace años. Por último, la aparición de Transgénica, de Gabby de Cicco, sobre el fin de año, trajo para la literatura en general y para las escrituras disidentes desde lo sexual en particular, el recorrido de un camino en torno de la poesía que celebraremos para siempre gracias  a la posibilidad que Baltasara Editora nos dio de leer libros que ya no circulaban.

Pienso que cada uno de estos eventos y libros fueron un cierre en 2019 en varios frentes, que propician aperturas: en lo político con el fin del macrismo en Argentina y la puesta en crisis en Chile del primer modelo neoliberal de América Latina, como una muestra del fracaso de una misma forma de regulación social basada en el mercado; pero también en lo cultural, el Premio Pedroni dio señales de una justicia cultural que fue vivida como tal, luego de tanto menosprecio a los premios que muchos compartimos, y la aparición de una obra disidente completa como la de Gabby de Cicco, abriendo y consolidando un modo futuro de escribir situado localmente y desde la disidencia sexual. Espero que el futuro siga consolidando estas potencias que se abrieron en 2019.

 

 Liliana Ruiz (Baltasara Editora)

Un cierre de ciclo implica hacer un balance de lo bueno y malo que nos dejó esta década. La editorial cumplió diez años de existencia, contados a partir de la publicación de su primer libro en 2009.

Los comienzos fueron difíciles hasta lograr en 2014 tener más presencia en las librerías de Rosario y Buenos Aires. En 2015 nació la necesidad de abrir la puerta a autores que no residían en Rosario. Se trataba de lograr una participación más amplia y democrática de autores nóveles y consagrados. El proyecto se materializó a través de las convocatorias editoriales para publicar obras en las colecciones de narrativa, poesía y ensayo del catálogo. Las obras as pasan por tres evaluadores para lograr la selección definitiva. Al principio (años 2015 y 2016) se seleccionaba una obra por colección con posterioridad se aumentó este número.

Algunas de las obras que han tenido éxito de ventas casi inmediato son: Lo gris en el canto de las hojas. poemas de Beatriz Vignoli, Llueve sobre los rieles, novela de Alejandro Hugolini, Maraña, cuentos de Natalia Massei, Cotidiano. cuentos de Mariana Travacio, García Lorca, el duende en Rosario, investigación de Daniel Feliu, Par de seis. Cuentos de Federico Ferroggiaro. La tierra de los mil caballos, poemas de Gabby De Cicco, La huésped, novela de Florencia del Campo, Toda belleza amante que colapsa, poemas de Marina Maggi; China, crónicas de viaje de Pablo Bilsky, Vladimir va al paraíso relatos de Damián Schwarzstein, El hemisferio del lado en que quedamos, poemas de Ana Claudia Díaz, Antología Puente Rosario – Madrid, cuentos de narradoras y narradores de Rosario y Madrid, Colgados del lenguaje – poesía en las ciencias, ensayo de Osvaldo Picardo, Transgénica – Obra reunida, 32 años de creación poética de Gabby De Cicco, etc.

En 2017 se decidió incorporar una nueva colección, Andrómeda, a las seis ya existentes (Narrativa, Poesía, Teatro, Ensayo, Testimonio y Patrimonio), destinada a obras ya editadas en el país o fuera de él., obras reunidas y obras bilingües. La primera de esta colección fue Las polacas de Patricia Suárez, trilogía teatral basada en la historia real de la trata de blancas. Es importante mencionar una línea iniciada a través de las denominadas “literaturas migrantes” referida a argentinos que escriben en otros países: Florencia del Campo (España), La huésped; Mariana Graciano (EE.UU), Pasajes; Andrea Zurlo (Italia), El reposo de la tierra durante el invierno (sale de imprenta a fines de diciembre 2019) y Franco Chiaravalloti (España), Esos de ahí afuera (fecha de publicación: febrero 2020). Integran la misma colección Vladimir va al paraíso, Damián Schwarzstein, relatos que habían sido publicados en forma individual en el diario digital Rosario 3; y Transgénica – Obra reunida, Gabby De Cicco.

La editorial comenzó presentaciones en España en 2016 con la novela Cita en la espesura de Liliana Díaz Mindurry. En 2017 se realizó una gira de presentaciones del libro García Lorca, el duende en Rosario de Daniel Feliu (Colección Testimonio), por las ciudades de Málaga (Centro Generación del 27), Granada (Centro Federico García Lorca), Madrid (Cervantes y Compañía Libros) y Barcelona (Malpaso Libros) La obra se origina en una profunda investigación sobre la visita del poeta a la ciudad en 1933. La Antología Puente Rosario Madrid tuvo su presentación en Madrid en 2018.

El 2019 estuvo plagado de incertidumbres. A pesar de todo, las ventas subieron. A nivel local es de esperar que el estado municipal colabore en la difusión de los libros que se producen a nivel local. A nivel provincial y nacional no se sabe cuál serán las políticas culturales. La esperanza está puesta en algunos funcionarios designados que destacan por su compromiso con el área cultura.

 

Ale Benz. Psicóloga, poeta, activista gorde.

2019 me arrasó y arrebató me gustaron mucho la movida drag principalmente el ballroom en plaza San Martín.
Fue un año muy de ferias y rescate de espacios íntimos con formato chiquito: recitalito, lecturita, muestrita que me divierte como una picadita.
Me fascinó como participante y como público la propuesta Pensamiento Contemporáneo  con Lila Siegrist, porque soy muy fan de pensarnos en lo que estamos haciendo/sintiendo ahora mismo.
Libros leí poco pero bueno, el cierre de la trilogía gatuna La película de corazón de Agustín González por ediciones Danke y el libro de Julia Enriquez Eterna estudiante por Ivan Rosado. ¿Recomendas a tus amigos? ¡Y claro! Toda lectura es afectiva y de contacto así que sorry not sorry. Celebro también la salida de Espectacular de Fernanda Laguna y T.R.I.P.A de Maxi Masuelli también por Ivan Rosado a su vez la plaqueta de Neutrinos Arte en el marco de nada de Ana Wandzik.
Me divertí y conmoví escuchando leer a Morena García, Diego Bonzi, Lucre Galaxia y Dalia Desamor.
Adoré la manija y agite de Arde libros y Casa Fractal marcando agendas.
De las muestras me encantó ver: Revolucionistas en el Centro Cultural Fontanarosa, Orlando Belloni en El Bucle arte argentino y Casi Dark de Ana Wandzik en Galería Jamaica.
Fue un año de estar en la calle constantemente con caras largas y afortunadamente eso terminó el 10 de diciembre de 2019. Y se me viene enseguida a la cabeza laburo de la Cuadrilla Feminista en las calles y las marchas. Mención especial de fin de año a la 1ª Bienal del Pionono en El Bucle arte argentino que combinó arte culinario, arte visual, tradición, vanguardia, chuchería y fiesta.
Expectativas en lo local: que se deje de precarizar a los trabajadorxs de cultura, que se continúe con el trabajo de Editorial Municipal Rosario y en lo nacional que se federalice el acceso y la visibilización de todes lxs trabajadorxs de la cultura.
En lo personal ampliar y difundir el laburo sobre activismo gordx en la ciudad. Y por último: ¡Lean Rea no sean caretas!

 

Gabby de Cicco. Poetx, torta, no binarie.

Uno de los momentos culturales de este 2019, que sucedió en Rosario, y que deseo remarcar, es la reactivación y reinvención de la Colección Alfa de poesía de la Vigil. Esa fue una colección que quedó trunca a causa de la intervención de la última dictadura militar. La vuelta en escena fue protagonizada por tres libros, los primeros de poesía de autoras de la ciudad, Natalia Massei, Rosario Spina y Rosana Guardalá. Diría que no dejen de buscar y leer Cauce, Formas de ordenar el ruido y Costura invisible.

También dentro del mundo poético, quiero destacar la aparición de las obras poéticas reunidas de Andi Nachon (Bajo la Luna), Osvaldo Bossi (Caleta Olivia) y María Teresa Andruetto (Ediciones en Danza). Poder acceder a todos libros juntos es una experiencia de máquina del tiempo y lámpara de genix. Es poder leer una parte muy importante de nuestra literatura argentina reciente.

La re-edición de El árbol de palabras de Mirta Rosenberg (Bajo la Luna), de La morada imposible de Susana Thénon (Corregidor) y de Contéstame, baila mi danza (Salta el Pez), la legendaria antología de poetas norteamericanas traducida por la santafecina Diana Bellessi,
permiten a las nuevas y no tan nuevas generaciones, acceder a obras que han marcado camino, que en su momento discutieron estéticas canónicas, y que abrieron camino para conocer otras poéticas y representaciones de lo personal es político.

La muestra Revolucionistas, exposición curada por Sonia Tessa, Lilian Alba, Joaquina Parma Leiva y Romina Garrido, nos dió la posibilidad de conocer, descubrir, redescubrir a algunas de las diversas formas de activismo y de organización feminista que han creado la red de nuestra
historia, local pero con repercusión también a nivel nacional. Así pudimos conocer, recordar, y celebrar a aquellas/xs que vinieron antes que nosotras/es.

Por último, y como esa fruta espléndida y brillante de la que nos alimentamos para recuperar fuerzas, para sanar, la vuelta de Patti Smith con su banda completa, fue la forma de empezar a expulsar las fuerzas oscuras que nos estaban rodeando. Patti brilló y sacudió a quienes fuimos
hasta el Luna Park. Ritual de cambio, de repensarnos como subjetividades políticas, y de no olvidar aquello que fue lo último que dijo al terminar la canción El pueblo tiene el poder. Ella dijo: Usen su voz. En eso estamos Patti, en eso estamos.

 

Romina Mazzadi Arro. Directora de teatro.

Este año encontré la literatura de Gabriela Cabezón Cámara, Las aventuras de la china Iron y La Virgen Cabeza, y me dejaron completamente fascinada. Moderna, sensible, guarra y queer a la vez. También me reencontré con Rosa Montero en Te trataré como a una reina, y todo lo demás que ya había leído, y una sensación de poder. Las mujeres me dan poder.

Una de las series que ví fue la británica Years and Years que abarca migrantes muertos, corralitos, tecnología desatada y amores atormentados. Volvió el Pedro Almodóvar (digo volvió porque no fui muy adepta de sus últimas películas, siendo que algunas me las sé literalmente de memoria) con Dolor y gloria, el amor en los tiempos de la medicina preventiva y la dictadura sanitarista. Me hizo respirar profundo pensar que el deseo sigue vivo debajo de tantas precauciones. Me hizo bien.

Estrené una obra, Esta máquina no era Dios, que resultó ser una muy buena manera de hablar de la hostilidad socio económica, del desastre planificado que la burocracia genera día a día en nuestras cabezas, me hizo bien sentirme sincera, no críptica, conectada.

También fue un año en que me dí cuenta que a partir de los nuevos paradigmas hay autores amados como Milan Kundera y Jorge Amado que tienen pasajes indigeribles, por su machismo…como en La lentitud y en Doña Flor y sus dos maridos.

Hubo golpes duros, Bolivia, Chile , Ecuador. Brutalidades. Los muertos tapados con frazadas en Bolivia  –de las imágenes más infames que he visto– el presidente escondido, los tuertos de Chile, mi expectativa es seguir peleando, y encontrar formas de lucha más contundentes. De este lado, del lado de los derechos humanos, de la vida y de las libertades necesitamos cada vez más precisión, cada vez más unidad, del otro lado solo hay irracionalidad y maldad.

Me dejó y me sigue dejando desconcertada tanta aberración. Por esta época, con la masividad descontrolada se habla todo el tiempo, se dice, se grita, se inunda de palabras… pero se siente el abotargamiento de muchas veces no tener nada efectivo, concreto, capaz de horadar las duras piedras de la locura del poder.

Mi expectativa es poder parar la guerra. Mucho. Pero es así. Y que el arte siga tirando bombas ahí donde se pretende una falsa paz. Ahí donde parezca que todo está dicho. La modernidad espanta y atrapa. La modernidad parece taparlo todo mientras lo muestra.

 

Beatriz Vignoli. Escritora, poeta, cronista cultural.

Siento que este 2019 es un ciclo que termina en cultura y lo puedo relacionar más que nada con el final del gobierno socialista. Hay en este fin de año un cierto sabor a despedida y espero que las cosas buenas sigan.

Destaco el gran esfuerzo de Espacio Santafesino para editar El tiempo de la pintura, un librazo de lujo que se hizo con trabajo del Gobierno de Santa Fe y el Ministerio de Innovación y Cultura y la labor desde la Municipalidad de Rosario de Marcela Rômer para realizar el Ángel Guido: ingeniero civil y urbanista, un libro maravilloso que honra al creador del Monumento a la Bandera. El material fue editado por el Monumento y es un gesto de reconocimiento.

Al mismo tiempo se producen dos muestras increíbles en el Parque Independencia: una es el homenaje al historiador Wladimir Mikielievich, en el Museo de la Ciudad que lleva su nombre, y otra es la muestra homenaje a María Obligado en el Museo Julio Marc, cuyas donaciones provienen del legado de Obligado en gran medida y hay obra de ella que se expuso en el marco de la muestra.

Viendo esto siento ese sabor a despedida y en esa despedida un honremos a nuestros fundadores a través de esas muestras y ediciones muy hermosas. Con ese sabor del adiós deseo que lo buena siga, que no se pierda el impulso con el veníamos honrando a la cultura de la región, sobre todo a la cultura en presente. Y no sólo presente por lo que se está haciendo ahora, sino también por los precursores que se reactualizan en cada relectura, en cada cita, como Juan Grela, Aid Herrera y tantos otros. Es la memoria que no se tiene que perder. Pasado, presente y futuro.

 

Checho Godoy. Integrante del dúo electropop Matilda.

Voy a circunscribirme a lo que más o menos conozco que es la escena “indie” o si quieren podemos llamarlo rock/pop no convencional. No hay un hecho artístico puntual que me haga pensar en la década que estamos dejando atrás. Lo que si hay es un cambio sustancial en lo social. Desde el 2012 al 2017 llevé adelante la web Rosario Indie, y una de las cosas que me  llamaba la atención cuando hacíamos estos compendios de fin de año, era que uno entraba en la cuenta de cuan pocos proyectos musicales protagonizados o integrados por mujeres había en nuestra ciudad, teniendo cuenta además que estamos refiriéndonos a  una escena musical vinculada estéticamente  a lo sensible, no estamos hablando de rock duro al estilo Pappo o La Renga.

A partir del Ni una menos y de la fuerza con la que irrumpió el feminismo cuando esta década estaba a mitad de camino,  las pibas tomaron el toro por las astas y comenzamos a  visibilizar proyectos de calidad y llegada al público como Alto Guiso, Aguaviva, Chiquita Machado, Lalalas, Prima Limón  y muchísimos bandas mixtas que no solían verse tanto antes como Mi Nave, Otros Colores, Perro Fantasma, Bubis Vayins entre tantas otras.  A colación de esto también podemos decir que el rock con actitud macho alfa perdió visibilidad en casi todos lados.

El feminismo, al menos para mí, es el hecho social más trascendental que me tocó vivir en esta década y quizá en mi vida hasta aquí.  Cambió nuestra forma de relacionarnos, de comunicarnos y por sobretodo nuestra manera de ser. Y lo más importante es que fue un hecho colectivo, nadie desde arriba digitó nada, más bien todo lo contrario, los medios, la justicia, los gobiernos y los estamentos sociales en su mayoría tuvieron que revisar  y modificar sus prácticas.

Rosario tiene una escena musical muy rica y sustanciosa, mi expectativa tiene que ver con que en algún momento podamos dar el siguiente paso y que esa actividad tenga un ida y vuelta con un público más amplio que el del gueto propio, poder pensar también que además de una obra artística estamos produciendo entretenimiento, aunque para muchos ese concepto sea  mala palabra. Desmitificar también ese halo de bohemia que termina por echar a perder tantos proyectos interesantes y ser los primeros en entender que ser músico es un trabajo y conlleva como toda actividad laboral, dedicación, formación, persistencia y seriedad.

Ezequiel Gatto, historiador, investigador, ensayista

Me quedé pensando bastante si podría elegir “obras”. De hecho me hicieron una entrevista sobre qué se termina y qué había sido útil o productivo en este ciclo y tuve que elegir pero lo sentí un poco forzado. Porque me parece que, en mi caso, más que obras obras concretas, lo que pasó en estos años es que se me instalaron o intensifiqué una serie de problemáticas, o de ejes o perspectivas; y creo que lo que me permitió fue pensar sobre esos problemas o esas dimensiones. Sobre todo el tema del futuro, problematizar la noción e incluso cuál era mi sentido común sobre esa categoría, cómo construimos imágenes de futuro o no las construimos, qué es hoy hacer un pronóstico. Y estos cuatro años casi que se los dediqué exclusivamente a eso en términos de producción, de pensamiento, de lecturas, de ver películas, series, de ir a charlas, de dar charlas. Se volvió un problema apasionante porque es también un lindo tema y una zona para poder pensar cosas de la propia vida y la vida con otros. Diría eso, que lo que más me sirvió para pensar fe la problematización del futuro.

En cuanto a las expectativas, creo que van a ser años de eso que en algún momento se llamó “empate hegemónico“, la dificultad de que algún proceso se instale con la fuerza suficiente como para marcar un modelo de país. En cuanto a la dimensión nacional, creo que incluso hay más de dos modelos de país –se presentan como dos, pero son más y hay que ver qué pasa ahí.

Por supuesto que, comparativamente, que el gobierno esté en manos de Alberto Fernández para mí es una buena noticia en relación a lo que venía sucediendo. En lo fundamental, porque da margen para instalar otras agendas y llevar adelante ciertas discusiones en términos igualitarios y democráticos. Después hay muchas tensiones y diferencias y es toso muy heterogéneo pero el piso me parece que es ese y en ese sentido hay bastante expectativa. No es una espera, es una expectativa de qué se puede hacer en esas condiciones, Y en relación a lo regional me parece un escenario muy dividido y muy agitado por variables distintas: creo que es muy difícil reducir a una síntesis lo que está sucediendo si uno no quiere evitar caracterizaciones tan abstractas que terminan no diciendo nada. Pero me parece que un dato es la discusión que se mantiene en relación a los sistemas económicos, Me llama la atención que una plurisecular lucha en torno a los recursos naturales y las riquezas este es un escenario donde apareció con bastante fuerza la cuestión energética como un elemento de disputa. En esa forma de la disputa, como fue en el aumento de un boleto, como en Chile –donde el transporte y la energía impactan en un conflicto social, lo mismo para Ecuador en su momento, lo mismo para Colombia –el caso boliviano me parece distinto pero a la vez está vinculado a la explotación de recursos naturales que tienen que ver con la energía, así que yo detecto ahí como una variable recurrente. Y lo marcaría porque sigue siendo un elemento que va a macar conflictos, sin ir más lejos la discusión sobre minería también se empalma en ese debate, Otro debate es qué pasa con el modelo alimenticio y el de producción de alimentos y el de propiedad de la tierra y de producción agrícola en Argentina, que aparece de nuevo en una discusión sobre la tenencia de recursos, por lo que vuelve a aparecer un actor no estrictamente urbano como clave en un posible conflicto político (no así social).

Lo local es una gran incógnita. Mi hipótesis es que hay que ver como se reestructura la relación con los privados en la ciudad, sobre qué se va a recostar el gobierno municipal a la hora de retejer alianzas y construir ciudad. Lo que veo claro es que no hay que tener una ciudad que descanse en sus “empresarios”, que hace tiempo que tienen un papel fundamental y, en ciertos cambios políticos pueden terminar ocupando lugares de decisión todavía mayores y más arbitrarios. Por otro lado veo una ciudad muy partida, muy fragmentada –socialmente hablando–, con enormes problemas generales y creo que ahí hace tiempo que se está cocinando una ciudad muy desigual y esos escenarios con también caldo de cultivo de deseos y estrategias políticas complicadas. Ahí habrá que ver si la política puede hacer algo en ese sentido –o podemos hacer algo– porque me parece un escenario muy delicado.

Leandro Arteaga, crítico de cine, conductor de radio y TV

En cuanto al cine pienso en varias películas pero, puntualmente en El Irlandés, de Martin Scorsese; por supuesto por ser una obra maestra, pero también porque en la cartelera comercial de nuestra ciudad estuvo disponibles por lo menos tres meses. Hablamos de una películas de tres horas y media, subtitulada, y si permanece en cartel es porque hay una respuesta del público. Por lo tanto, lo que el público ve no es necesariamente lo que “le gusta”, como reza esa excusa mercantil y falsaria con la cual se valida cierto tipo de cine.

Por otro lado elijo también Érase una vez en Hollywood, de Quentin Tarantino, porque da cuenta de manera muy melancólica de un cine que ha sido; no casualmente está en el título mismo la alusión al cuento de hadas, y también porque reescribe con justicia poética cuestiones que tienen que ver con un ajuste de cuentas a tantas sectas satánicas o cosas parecidas desde el cine, y donde está el nombre de (Roman) Polanski de por medio, y con claras alusiones políticamente incorrectas a ese entorno en el cual habitó Polanski y lo volvió responsable de un hecho muy conocido como el abuso a una menor de edad.

También Parásito, porque da cuenta esta película de Bong Joon-ho de que el cine sigue siendo un lugar extraordinario a partir del cual encontrar una cantidad plural de miradas que confluyen en aseverar que se trata de una gran película, con una cualidad poética que permite que cada una de estas miradas encuentren algo para sí. Parásito es una obra maestra.

Y desde lo local, pienso en la película 1100, de Diego Castro, no sólo porque se exhibió a nivel nacional, sino porque es una gran película que crea un clima, que da cuenta de que hay una producción audiovisual siempre en ejercicio y profesional, tanto rosarino, como regional. Y en el caso de aquellos otros títulos que quizás no lleguen al mismo lugar de cartelera como la película de Castro, pero peinso en las películas de Caludio Perrín El cuentoDesentierro, que desde un lugar más marginal persisten y hacen un cine de autor con una mirada muy profunda que siempre está diciendo algo desde lo personal y tocando ciertas fibras de lo sensible social. No casualmente en Desentierro hay una festividad y esa festividad fue filmada durante estos años de gobierno neoliberal como paradoja, como mirada irónica.

En cuanto a libros, voy a elegir una novelita admirable de Marcelo Britos, La Rote Kapelle, la elijo porque hay una mirada sentida, un recorrido fragmentado a la manera de los recuerdos.

Me permito elegir tres discos que disfruté muchísimo en el año, uno es Jugalría, de José Santucho, porque como en el libro de Britos acá también hay algo que tiene que ver con calar en la propia historia, en las historias que contiene la historia personal y en donde se imbrica lo personal con el desarrollo social, y hay un desarrollo histórico que es folclórico y musical, con sonidos que están a la espera de ser descubiertos. Disfruté mucho la simbiosis entre la música y la voz de Santucho. También, Música de patios, de Los Bardos, porque me parece un proyecto absolutamente festivo, da cuenta de lo mucho y variado que se produce musicalmente. Y La mirada detenida, de Ernesto Jodos donde el autor se abisma y nos invita a abismarnos con él. Una mirada que se detiene: pienso en el cine, ¿cómo detener la mirada en el cine cuando el cine es movimiento y ocurre en el tiempo? La música también, ocurre en el tiempo.

En teatro, pienso en el Hamlet de Ricardo Arias porque me permitió tener una mirada extraordinaria de ,o mucho que se hace en la escena teatral nuestra, y vuelvo sobre lo que decía del film de Castro, como una muestra que permite dar cuenta de lo mucho que se hace. Se relee el texto de Shakespeare desde una mirada incorrecta, bufona y no por eso menos seria y crítica con lo que promueve la letra original.

Si he elegido varios ejemplos que tienen que ver con lo que se realiza a nivel local, regional, esto da cuenta de una resistencia de parte de nuestros espacios culturales que habrá que tener bien presente, porque atravesamos cuatro años de un gobierno neoliberal de derecha –soy redundante, porque son sinónimos–, y tuvimos la buena suerte de vivir en una ciudad que nos ha permitido, a pesar de todas las críticas que tengamos y debemos hacerle, atravesar esto de una manera como no lo pudieron hacer en otros ámbitos cuyo desarrollo cultural se vio mucho más comprometido. Pienso en los múltiples lugares que tenemos para disfrutar y hacer cultura (la Crack Bang Boom, el festival de cine latinoamericano, entre otros). Ojalá sigamos sosteniendo esto y podamos seguir pensando en un después. Lo digo ahora, cuando a nivela nacional hay un cambio de signo político y podemos pensar en ese devenir, pensar en un proyecto que habrá que criticar, observar, pero podemos llevar adelante y eso me tiene contento.

Ber Stinco, cantautor, músico, escritor

Mientras releo estas líneas se doran lentamente unas costillas. Está ya casi a punto, en ese punto de suculencia en que la carne y la grasa se funden en excelencia crujiente. Fiscalizo la cocción de reojo en este último viernes de diciembre con un vaso de vino con soda en la mano. —¡Esto es vida! El arte de asar en todo su esplendor. En estos asados no hay ensaladas, ni papas ni nada. Solo carne, y tampoco mucha variedad. Eso sí, elegida celosamente por el asador, y el asado, cocido en el punto que el mismo lo considere óptimo. La conjunción de los colores del mediodía con el aroma y el humo hacen mella en este patio de La Carlota cubierto de árboles y enredaderas.

Aclaración: me es imposible acotar un análisis al término de un año, un año no es nada, ni siquiera podría delimitar mis consumos culturales en doce meses, simplemente no estoy seguro de qué cosas que vi, leí o escuché este año hayan sido cosecha 2019. Simultáneamente, me excusaré en mi oficio, intuyo que crear es también crear un tiempo específico. Que es un tiempo más lento en comparación con la actividad habitual y por lo tanto un tiempo para distanciarse del orden habitual de las cosas. Dicho esto empecemos, y ya veremos cómo se acomodan los melones…

Tengo el tic de leer y ver en youtube todo lo que encuentro de algunos autores orientados en la geopolítica, a nivel nacional le sigo el rastro a Marcelo Gullo, un lujo que tenemos en Rosario, y a nivel regional al mexicano Alfredo Jalife, imprescindible. En lo cotidiano, mientras espero sus columnas voy tomando aperitivos de información, generalmente paso por las bitácoras de Gonzalo Fiore Viani y, cuando estoy más pringoso, por ahí me meto con la data que gestiona el Turco Asís, la última pluma romántica que escribe en servilletas. Y por ahí nos hamacamos, en una lucha de significados, una lucha por el sentido, una lucha que siempre ocurre en el campo semántico. Ahí es donde se da la batalla. Por eso me gusta de a ratos hacer el ejercicio de leer ensayos reparando meramente en cuestiones estéticas y de leer narrativa buscándole esos hilos que exceden el puro goce contemplativo, es ideal Houellebecq, o lo que nos legó el bueno de David Foster Wallace. El capitalismo como un relato baleado, agujereado, minado de puntos ciegos, maravilloso, fantásticos, un texto incompleto e inconcluso como una novela de Kafka. Dice Zizek que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Como vende humo Zizek… Igual en esta tiene razón. Y si la gente tiene esperanza es porque el capitalismo necesita que la tengamos.

Hace un tiempo me tracé un mapa de sensibilidad personal que no tiene esperanza pero sí tiene fe. Fe en un sentido de trascendencia no religioso, y que tiene como ejes cardinales a Wagner, Herzog, Leonardo Favio y Rodolfo Fogwill. Por ahí va la vena artística que me conmueve. Te parecerá una boludez, pero yo tengo una sola caja de herramientas para hacer todo lo que hago, una caja de herramientas con muchas cosas que a primera vista parece que no tienen nada que ver, pero esa es la clase de cosas que me moviliza. Eso y mi compulsión de crear una mitología sobre la cotidianeidad; la pampa húmeda, la ruta 33, la zanja de Alsina, la obra de Francisco Salamone o los bañados del rio Chocancharava. Insisto en lo que tengo a mano, aunque sabemos de sobra que no nos quieren enamorados de lo cercano para que no podamos modificar nuestra realidad. Por eso los marcianos de Hollywood bajan siempre en Nueva York y nunca en Venado Tuerto (salvo Leo Genovese). Sí, acumulo influencias irreconciliables, lo sé bien.

Ahora, volviendo a la esperanza, que es una gran palabra que puede englobar mucho de esta posmodernidad. El negocio de la esperanza también es esa batería de herramientas espirituales que están siendo vendidas como un modo de aguantar las fuerzas del neoliberalismo, donde ya no es cuestionar al sistema desde lo colectivo sino tan solo volcándonos hacia adentro. La depresión y el stress se privatizan se vuelven problemas individuales y no sociales, pero son las causas sociales las que generan ese stress. Una religión del Yo que alista a la sociedad como un mero conjunto de consumidores. Lo que hace occidente es forzar data oriental para apuntalar una cultura del individualismo ayudando a la gente a participar de la locura que plantea el sistema sin perder la cordura que es lo que en este sistema todo el tiempo estamos al borde de perder, de hecho el porcentaje de población medicada psiquiátricamente es cada vez más alto. Esto se hace desviando la atención de las condiciones materiales y estructurales de la sociedad. Además, al pensar que la solución solo está en uno se quita la tensión de las corporaciones y el mercado como verdadero culpable, un buen ejemplo puede ser la ilusión de que reciclando el plástico doméstico vamos a solucionar el medioambiente cuando en realidad es un placebo, cuando el único cambio real sería que como sociedad le pongamos limite a las corporaciones que están destrozando el medioambiente, desde la minería, la deforestación, etc. Muchas veces también se utiliza el arte como una estetización de estas opciones individuales y suelen terminar siendo prácticas financiadas por las mismas corporaciones que son las responsables. Si solo miramos hacia adentro borramos el pensamiento crítico y toleramos cualquier cosa. Yo sé que tal vez es muy abstracto esto que estoy explicando, y que son las tres de la tarde, pero me parece que reviste la suficiente importancia para hacer el esfuerzo. ¿Se entiende? ¿En que estábamos? ¡Ah sí! Resumen del año; Nick Cave, Wilco, Estelares y el Tano Viamonte han editado grandes discos este año.

Pasemos a la política regional, a nivel santafesino contemplo este cambio de joystick con signos de interrogantes (eufemismo para no decir nada). Podríamos definir al socialismo, en la historia de la República Argentina, como una suerte de radicalismo indie, y nada mejor que el hipster de Alfredo Palacios para conformar, ya desde su génesis, ese ideario estético.

Los que vuelven: el peronismo tiene cientos de miles de errores, pero el antiperonismo no lo odia por eso, lo odia por sus virtudes. El antiperonismo no es otra cosa que la exacerbación de un prejuicio de clase en el que abrevan muchos peces originarios del mismo charco que desprecian. Ya quisiera yo que el peronismo sea eso que dicen que es…

Bien, un año más, y ahora poniéndonos serios: acá no están los días que nos faltan, ni cuánto falta para quedar de la orilla del olvido. Así que no veo razones para no terminar ahora con esta película. ¡Chin chin, felicidades!

 

Lisy Smiles. Periodista

 

La vida, esa cadena de acciones propias y ajenas, hizo que este año estuviera un poco alejada del ambiente cultural; del ambiente, claro. No siento haber leído “el” libro del año, ni haber visto la serio o film-ídem, ni la intervención… y así, la vida –esa a la que referí antes– hizo que con casi treinta años de oficio (sí, oficio, porque hoy por hoy más que antes el periodismo es eso, algo artesanal) tuviera que desplegar herramientas en un nuevo ambiente, “la política”, esa que se muestra en los medios y se teje en los palacios.

En un año particularmente “político”, las múltiples campañas electorales (Pasos, generales, legislativas, ejecutivas, locales, provinciales y nacionales) me obligaron a “leer” múltiples ficciones, relatos, comentar series y filmes y a apreciar sorpresivas intervenicones mediáticas.

El periodismo es siempre igual, no hay periodismo de… Para todo lo demás existen otros “oficios y profesiones”,

Fin de ciclo dicen les REA. “¿Qué ciclo?”, me pregunto yo. Termina el año, hay cambios de gobiernos (sí, hay, en presente porque es un proceso) y me llegan estas preguntas también en un fin de ciclo personal. Y bueno, se sabe, los finales son también comienzos, como las crisis, oportunidades pero creo que a esta altura de los acontecimientos con que lleguemos a andar un poco más tranquilos, sin estar esquivando vaya a saber qué nuevo dispositivo de dominación, podríamos sentir alivio. Brego por eso y porque los que quieran expresarse lo puedan hacer y, si encima lo disfrutan y les pagan , mucho mejor! ¡Salud!

 

Vacaciones de Invierno en Rosario
Sobre los autores:

Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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Acerca de Pablo Makovsky

Periodista, escritor, crítico

"Nada que valga la pena aprender puede ser enseñado."

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