Marina Simiam, es doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Berkeley. Es investigadora del CONICET en el Instituto de Nanosistemas de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San martín (UNSAM). Se especializa en el desarrollo de nuevos tratamientos para el cáncer de mama mediante el uso combinado de drogas tradicionales y nanotecnología. Y en los últimos días se popularizó su nombre por la participación en el programa televisivo, conducido por Santiago del Moro: ¿Quién quiere ser millonario?

¿Qué hace una científica participando de una competencia a fin de ganar fondos para investigar? ¿Hizo bien? ¿Hizo mal? ¿Por qué se expuso? ¿Qué buscaba? ¿A quién representa? Estas son algunas de las preguntas que circularon en las últimas horas en las redes sociales.

Investigar es trabajar, dicen los becarios del CONICET que antes de poder ser aspirantes a un puesto de trabajo genuino tienen que dedicar alrededor de diez años de manera casi exclusiva —doctorado y el posdoctorado mediante— al desarrollo de una línea de investigación propia y competente, sin aportes jubilatorios ni derechos laborales.

Sí, la carrera de unx investigadorx es muy larga y la inversión en ciencia tiene varias dimensiones. Por un lado, se necesitan recursos para la formación de especialistas. Lxs trabajadorxs son la matriz de cualquier descubrimiento y su dedicación y experiencia en una disciplina implican un compromiso que solo es asumible con el cuerpo entero.

Pero se requiera además que se garanticen las condiciones para poder hacerlo.

La situación actual para el sistema científico del país es muy complicada y no puede cumplir con esto último. Hace un mes se dieron a conocer los resultados de la última convocatoria de Ingresos a carrera de investigadorx científicx, la misma sufrió una caída del 50% respecto al año 2015. En materia de subsidios la cosa no es de menor gravedad. Los pagos están retrasados y la devaluación opera como enemiga de la capacidad de compra de insumos para las investigaciones.

Unx investigadorx trabaja tiempo completo, los experimentos, los deadlines, las preguntas, las eventualidades no dan lugar a que ningunx pueda salir del laboratorio o del instituto y olvidarse de lo que dejaron ahí.

¿Qué es tener una idea de algo en dominio específico?, se pregunta Gilles Deleuze. Y dice que unx científico, igual que unx filósofx o unx artista, inventa. Y aclara que eso no se hace esto de la nada. No. Para inventar –sostiene– tiene que existir una absoluta necesidad, que, cuando aparece como tal, ya no puede ser abandonada.

Entonces, quizás ahora sí, podamos entender que lo que hace una científica, a la cual el sistema le recorta los recursos económicos indispensables, para llevar adelante aquello que siente como absolutamente necesario, no es más que un acto —creativo— de supervivencia.

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Sobre el autor:

Acerca de María Belén Campero

Licenciada y Doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de Rosario. Obtuvo en 2018 el Diplomado Superior en Infancia, Educación y Pedagogía de la Universidad FLACSO. Recibió varias becas para formación doctoral y postdoctoral. Realizó estancias de investigación en Paris 8, junto al Dr. Patrice Vermeren y en UNED al Dr. Cristian Saborido. En 2014, […]

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