“El deber de los artistas es mostrar el camino de la fantasía, de la sorpresa, de la independencia”
Ettore Sottass

 

Estos días en el mundo ha pasado de todo, en el país también. En casa estamos ciertamente estables. Hemos distribuido tareas sin demasiado esfuerzo, nos hemos vuelto pragmáticos: la Rusa cocina, Rosendo se dedica a la vajilla y yo lavo ropa y desinfecto los ambientes. El home office es mega eficiente, trabajo como de guardia con disponibilidad de horarios muy a gusto. Los zapatos que usamos son siempre cómodos. Nos va a costar volver a la vida civil, más allá de nuestra guarida.

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Alcanza con una sola de las características –contradictorias y típicas de otros fanatismos– para que el fascismo coagule y se expanda. Los 14 puntos para reconocerlo hoy en un texto ya clásico.

Una camisa limpia cada día, de la vida primordial. La conquista es quedarse quieta. Me rodea mucho joven con pretensiones que no manifiesta. Concluyo que la sociabilidad es onerosa. ¿Cómo es la economía del que se queda quieto? Tengo una amiga que es una ostra, y lo afirma: “soy una ostra, hoy comí una papa con huevo frito”. Se viene el reinado de la pantufla y del anacoreta. Los poderosos y pedantes no están acostumbrados a que se les diga que no.

El encierro nos emparda en algo, estanca el tiempo y, de este modo, en las superficies lacustres se organiza un plancton desconocido, la nueva dimensión del cuerpo en pensamiento, del cuerpo en la supervivencia, del cuerpo en el aislamiento, del cuerpo que espera. Por supuesto que la literatura y la ciencia ficción han ofrecido de manera generosa a nuestra imaginación datos que hoy no nos sorprenden: fiestas por Zoom para emborracharse frente a otros y solos frente a una pantalla, personas mostrando eyaculaciones en directo, pero no en vivo, seres humanos que amamos mucho y a los que no podemos abrazar y con quienes soñamos en clave erótica, en clave sensual, en clave ternura, aprender solos, aislados.

Alguien escribe la palabra “hermoso” en un chat y es suficiente para sentirse amada y muerta, y viva en los sueños. Los muertos que hoy podrían estar vivos. Los mismos muertos al momento de revisar bibliotecas heredadas o álbumes de fotos. Los muertos. Los muertos en este tiempo muerto. En este tiempo estancado está, también, estancado el tiempo de los proyectos fruto de la agudeza militante de las mujeres; los proyectos dormidos por la urgencia, los proyectos latentes siempre, y la urgencia. La emergencia de aguantar el andar del futuro para que hoy se resuelva la espera. El arte del ocio podría haber sido ciencia ficción. La caverna de los sueños olvidados también. Todos los documentales, las crónicas y el periodismo gonzo se han vuelto ciencia ficción: el roce, los efluvios, el erotismo de las superficies sedientas y supurantes. El cine del encierro, todos los proyectos que construiríamos si tuviéramos tiempo. Hoy el tiempo es el de la guardia y la eficiencia. Tiempista, Alberto tiempista. Un presidente que conoce los laberintos del Estado y sabe cómo establecer los vericuetos de los espacios temporales por transitar.

¿Cuáles son las preguntas que deberíamos hacernos? ¿Qué pasa con las estrellas de rock y con el Papa ante los templos desolados de una muchedumbre encerrada? Recomiendo ver el streeming en vivo del Vaticano en el que la Piazza San Pietro se presenta desolada.

El primer ministro del imperio, el príncipe del mismo imperio y una viceministra de Salud en Reino Unido dan positivo por Coronavirus. Los leones rusos son de mentira. Los capibaras de Nordelta se manifiestan con cuidado. Los pibes se preguntan nuevas cosas. En nuestra retentiva, sabemos que los encierros no están buenos, pero a los que entendemos la gravedad del asunto los vemos como una nueva panacea en honor a la salud pública. Siempre tenemos un idiota en cada familia, en cada clan hay uno. Aparecen los bien pelotudos y los indolentes. Los irresponsables.

Una isla de mosquitos me circunda, me abraza trayendo imágenes de nuestro litoral que amo. Me expongo al sol 20 minutos diarios, se ha despertado el cuerpo y el vino. Leo análisis político, leo las expresiones más diversas en las redes sociales, analizo las palabras, leo los femicidios. Me he despertado resentida sin tener motivos para serlo. Guardo frascos vacíos de perfumes viejos. No se compra nada por internet. No se llama a un KDT por boludeces. Temo por mi dentadura en tratamiento prolongado. Garantizo una despensa cargada de farináceos.

Me dañan los insurrectos. Escucho y leo discursos de políticos en momentos críticos de la historia. Esta es la guerra contra el turismo. Contra los epicentros cosmopolitas. La soledad y el aislamiento hacen que el erotismo se escurra. Desarrollamos un mundo interior, otro mundo. Ganamos en espacio personal. La propaladora nos dice que Rosario nos cuida, la calle se manifiesta con el brutal silencio de los pájaros; estamos viviendo sobre un tempe que resiste.

Hoy amanecí y oí mi respiración, después se sumaron los grillos y avanzó el viento filtrándose en todo lo vegetal de mi ventana que da a la cortada de Marchi. He despertado distinta. Hoy cumple años el Señor Presidente. Pulcra retomo el hábito de las certezas: plancho, aún dormida, la camisa; la plancho y deslizo mis dedos por los pliegues, regulo la planicie del género, con calor domo la superficie. Noto que estoy rumbo a que se borren mis huellas dactilares. Me siento pulcra. Me visto, me invito a la dignidad del cuello prístino y recién planchado. Recuerdo los hábitos de mi abuelo que por estos días son los tesoros. Escribo, instalo una liturgia, me pongo una camisa para entender el rigor de un hábito. La necesidad de no enloquecer y transitar la jaula con modales propios de lo adquirido. Darle estabilidad al derrape mientras desaparece el deseo. Arremango los brazos para cocinar, para escribir, varío el cuello para las distintas horas, hasta el final que la vuelvo a lavar, cuando las mangas ya están húmedas al cierre del día.

Pienso en la vida de antes, me refiero a la vida de hace 18 días. Pasó una civilización que ya es otra, es el fin de una era y la instancia inaugural de otra. Quiero enloquecerme de la cantidad de datos que alienan mi lóbulo frontal de la belleza. Mi último tesoro vergélico y cristalino plagado de guijarros ámbares traslúcidos y de cantos de crespines en las extensiones de las planituras arboladas y los bordes de la selva. ¿Dónde está ese caudal esponjado de colores y sentires? Una lectora voraz e impetuosa. Perturben un ser, dótenlo de toda la información del mundo, de la actualidad global de una pandemia: un filósofo encerrado, un pianista, un escritor, un Papa sin público, los cuerpos sin intercambio de fluidos, la fisiología del amor aplanada en una pantalla, deportistas que tienen miedo de ser gordos y dejar de entrenar. Un filósofo se bate a duelo con otro filósofo por la prensa. Trump en su delirio místico magnánimo se da cuenta, se le frunce la vida, y le cede el micrófono a un científico: Fauci, “explicador en jefe”.

Algo se está moviendo. El cloro baña los ambientes, se ha vuelto el bouquet de nuestra época. No olvidar el concepto de clima epocal. Bases de datos actualizadas en tiempo real con el avance de la pandemia. Las aguas cristalinas de Venecia y las aguas cristalinas del arroyo Ludueña. El planeta se manifiesta. Las fakes news proliferan por WhatsApp. Zizek y Coronavirus no se detienen: “El dilema es la barbarie o alguna forma de comunismo reinventado”. Aparece un filósofo que deja boquiabiertos a todos. ¡Un señor barbudo anunciando el Orden Post Global! ¡Qué impronta Alexander Dugin!

Tips para cuidar la salud mental. Cartas al Presidente de una referente trans que le pide pueda garantizar sus ingresos: “Qué pasa con las población travesti- trans en época de pandemia?”

Muere un bebé en Estados Unidos. En China hay cada vez menos casos, están curando a casi todos y más de 42.000 doctores de todo el país empezaron a regresar a sus hogares. También reabre la Muralla tras el aislamiento, parece que son 20.000 los que podrían visitarla por día. Volvemos de a miles, todo de a miles. Hay esperanza. Igualmente, AMLO y Bolsonaro sostienen sus políticas desastrosas entre el gradualismo y el negacionismo. Los femicidios no se detienen. Las denuncias por violencia machista crecen fruto del aislamiento. ¿Cómo se sostiene una lucha en el marco de una pandemia? Ruidazo federal contra la violencia patriarcal. Femicidios sin cuarentena.

Los parques yermos y refuncionalizados: el Central Park se convierte en un hospital en el estado de Nueva York. A futuro repensemos las urbes y el turismo indolente. Repensemos el amor. Desterremos la violencia como modo de opresión, desterremos la opresión: ¡CERDOS DE MANUAL! Revindiquemos las soberanías

Imagino a Alberto Fernández olvidándose de su cumpleaños… y es en unas horas. ¡Alberto!, necesitamos tus arpegios. Melómano ¡Capitán Beto!, como te dicen en casa. Tu voz ronca castiza de Miles Davis. Tiempista de 61 años.

Me atrevo a aseverar que extraño el mundo de la ternura, el mundo del fuego fatuo, extraño mi sinceridad como riesgo social. Me recuerdo como ojo que vela los espacios en su blando clamorear. Alimento un soplo rizado en la planicie de diamantes opacos, sin trabajo sobre ellos. Hace 4 meses que me encuentro muda, constreñida, enjuta entre mis mandíbulas. Descubro satanes en montes de crestas perdidas entre nubes. Me revelo en tintas de lo inmenso abrazando a María Moreno en un bar que preferimos no pronunciar ni su nombre ni su ubicación para que no se arrimen los peleles advenedizos. La deidad del mundo me invita a una fiesta por Zoom, extraño abrazarlo. Espero el blando clamorear para saber que el rigor del día me ofrece nuevamente mi mudez, para rendir en un campo tan baldío como miserable. Me quedo callada para ser digna por una vez. Pienso en un cumpleaños, en cómo se organiza el templo de un Titán por lo que dure el festejo. Toda una grey se ostenta engolada. Escucho porque es mejor no manifestarme. Aparece la pompa y el boato de mis modales y trato de ejercitar la constricción; que nadie sepa quién soy. Me repito: bien, rectitud, sencillez. Se despierta la pandemia febril. Recupero espesor en mi hogar, se apiada de mi la humanidad por un rato. La humanidad se revela como los seres sin fin en sus angustias y allí existo, muy lejos de los cantos del mundo, en su fragor.

Se decora una torta con colores, se prepara un festejo íntimo. Lampado lo que se construye sobre tus hombros, capitán. Tus seres más cercanos, tus amores de la memoria, tus amigos de la política. Arena plana en la superficie de un mantel en el que se teje todo lo que viviremos gracias a tu ampulosa actitud. Siempre se adora como otros se enamoran. Busco abrazos y me detengo en el erotismo del cine. La esperanza de tus pueblos como dogma edificante en sus ánimas. Somos sinceros. Así, tal vez, lleguemos tranquilos al futuro. Late, entonces, tu conciencia de Atlas en el ergotismo. Los nombres de tus seres oscilan entre Fabiola, Estanislao, Vilma, Julio y otros amigos. Entro, así, en tu atmósfera de Olivos de la que no quiero, ni deseo, evadirme. Tu influencia será trascendental en la historia de nuestras vidas. Espero el mirasol dorado en 2 de abril. El lampo de un festejo en el medio de la ciega blancura de la enfermedad. Un deseo, al cielo mis preces se dirigen. No por misticismos sino como figura retórica de la esperanza. Y activo un ósculo. Decido pasar calor, con este texto, para corroborar que estoy vigente en mi fisiología. Es decir, ver cómo la gente se abraza en fotos y pone canciones, baladas del rock nacional: “mañana campestre” para cuando todo pase dice Ana. Para festejar un cumpleaños es necesario configurar una escena en la que al menos haya dos personas, una torta, un brindis, y deseos colgados del fuego. En un año sólo podemos pedir tres deseos. Hace como 3 cumpleaños que pido por el chico que me gusta. Sueño con los chicos que me gustan. Sueño con estándares de ternura y erotismo que me hacen permanecer vigente. Fabiola y Estanislao le ofrecerán al final de la larga jornada del jueves 2 de abril una torta casera, un par de abrazos y canciones que garanticen la ternura de un hogar. El síndrome de la soledad de los líderes pareciera ni rozar a este animal perspicaz, que besa atrial, con un ósculo enorme vociferante el oído de la patria toda.  El abrazo como ejercicio político. Hay una foto de Fusco que me habla de eso, de la última experiencia tierna rodeada y construida desde la investidura, véanla (no voy a ilustrar estas palabras batalla militante con una de obra de arte, el arte no ilustra: ilumina).

Ciertas digresiones y recuerdos me vuelven: le digo a la catedrática que reptaría al periné de nuestra deidad, ella se ríe frente a la nube de un jardín botánico vacío. Beso todas las velas de un cumpleaños que detenta el aislamiento y quiero que te quedes acá. Quiero seguir escuchando tus versos ramplones, tus versos cargados de significado, tus versos enormes que tienen como colofón un: ¿¡OKEY!? Sí, un afirmativo desafiante que se inicia exclamativo y cierra con el lugar a la duda. Cartesiano endógeno. ¿Cuáles son tus deseos al momento de suspirar la llama? Yo sé que el alcance de tus deseos avanza fractal hasta el último alvéolo de nuestra tierra. Y ahí, donde exista un sonido nativo, ahí donde el latir de la percusión de una población se manifieste, vas a dar una orden; habrá un gesto prudente. Somos una máquina productora de proteína. Decretamos no despedir a nadie.

Murió mi abuelo el día que cumplí 8 años. Esa tarde lo festejamos en la terraza del Club Universitario de Rosario, mi vieja hizo trámites durante la mañana para solucionar el velorio y para festejarme el cumpleaños junto a mis amigas; todo al unísono y sin teléfono inteligente. Hay fotos y testimonios de eso. Mi viejo trataba de reponerse de la muerte de su padre. Se suicida un ministro alemán. El ministro de Finanzas de Hesse, Thomas Schaefer, profundamente preocupado por las repercusiones de la epidemia del coronavirus en la economía. Los palestinos y los israelíes trabajan de manera mancomunada.

Hikikomori para retirarme antes de tiempo y reconquistar cierta compacidad. Volver a ser quién soy. Nunca lo suficientemente pueblerina para ser de una segunda ciudad en un país periférico, y siempre lo suficientemente cosmopolita para recorrer todas las capitales del mundo. Sentarme en cualquier mesa y no desentonar y poder ir a la popular con el barrabrava canalla y no desentonar tampoco. ¿Nadar todas las aguas, pero en la política? En la política volverme traslúcida. Espectro. Estos días que he vuelto a casa, estoy recobrando el espesor de mis ideas.

Descubrimos las cotorras en la cortada De Marchi y nos preguntamos desde cuando hay cotorras. El zureo de las palomas del campo avanza como un alivio ancestral, atávico a la gringada y los sirirís que se manifiestan un toque antes que los aplausos raleados de las 20.55. ¿Qué más? Escuchamos conciertos de nuestros ídolos. Vemos los documentales de Churchill, y hacemos listas de todos nuestros amores, suponiendo o estimando con quién estarán pasando su aislamiento, su encierro. Hago hipótesis en silencio y no le erro. Con el correr de las semanas, mi stock de delicadeza y de mansedumbre merma. ¿Cómo me voy a morir sin antes ver a todos los vagos que quise al menos cinco minutos? Virginia Negri les dice que siempre pueden volver.

Me cuentan desde Italia que cuando te agarra el bicho este, te aíslan y te morís solo como si te hubieran abandonado en una tapera rural. ¿Cómo es morirse sin despedirse? Pasamos el 24 de marzo en silencio. Leemos los mensajes del exilio. Revisamos aquellas cajas, aquellos archivos. Las dinastías histéricas de las fuentes fidedignas en acción y mutismo. Progenies y prosapias de silencio para mantener la elegancia y ofrecer datos duros para no hacer ruido. Enviar un mensaje empañado para ser todo lo subversiva, espía y amante que nuestro deseo y perversión requieran. La abstracción como sustrato de una conspiración amorosa. Una paleta en despegue explosivo, en propulsión a reacción, ante la suma RGB para delirarse bailando entre los secretos ocultos de dos interlocutores. Un mensaje da la orden a un esquema de símbolos que luego se traduce en colores y esos colores definen un canevá Anni Albers. Un Exocet subcutáneo nos desnuda. Vemos un cuadro abstracto, discreto, silente, cibernético (cibernético no tiene sinónimo), en suma aditiva cromática de la asepsia quirúrgica de estos lenguajes, para luego, desarmar esa urdimbre y describir el peligro y la intensidad en su tarea embrionaria. El algoritmo es el procedimiento del arte y la ciencia. Sigo recostada, hace 20 años que no descanso y vienen a mi conocimiento ecuaciones que me tranquilizan para ordenar el afecto. Y necesito hacer algo con niveles no habituales de intensidad, lo cierto es que desde hace ya casi seis años estoy en letargo y este aislamiento viene a consolidarlo. ¿Qué hacer con los trains of thought? Vivo en un barrio de casas chatas, céntrico, pero con un índice de edificación bajo. No hay montañas torres que evidencien la impudicia del espectáculo doméstico, no hay dramaturgia en los balcones. Aparece la lengua de las horas. El minué de la percusión popular disperso. ¡Qué suerte que se aplaude! Con cierta hidalguía, se aplaude, la certeza del aplauso cerrado en nuestra casa pintada con cal y sangre bovina.

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Sobre el autor:

Acerca de Lila Siegrist

Nació en Rosario en 1976. Es artista visual, editora, productora cultural. Actualmente es Asesora Experta en Análisis de Gestión Cultural, Jefatura de Gabinete de Ministros, Presidencia de la Nación. Se ha desempeñado como Subsecretaria de Industrias Culturales y Creativas, Municipalidad de Rosario (2015-2018), como Directora Provincial de Comunicación Estratégica, Gobierno de la Provincia de Santa Fe (2018-2019). […]

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