Corre el año 1982. La industria nacional está en extinción. Un niño se detiene junto a su padre frente a la vidriera de una juguetería de la zona oeste de la ciudad. Sus ojos quedan encandilados. Entre las cajas perfectamente acomodadas un muñeco todo vestido de negro captura su atención. “¿Me lo comprás, papá?”, pregunta el niño. Mientras tanto, el hombre responde sin algodones: “Debe ser importado, pedíselo a los Reyes”.

La escena reverbera en la memoria de Maxi Falcone entre muchas otras que lo remontan a la infancia. Pero esta, política y frontal, le sirve para iniciar la primera viñeta de Esquizomedia (Rabdomantes Ediciones) una novela gráfica que cuenta con honestidad, valentía y sin disimulo su vida desde la niñez hasta cumplir los 40 años.

“Me acuerdo perfectamente de la juguetería Chiche’s. Estaba fascinado por ver los juguetes importados en esos años en que no había fabricación argentina y el proyecto neoliberal estaba a full”, cuenta.  Y al día de hoy se acuerda con nitidez que cuando apuntó al Darth Vader de la vidriera su papá le dijo: “Eso que está escrito en inglés (Star Wars) es algo así como: La guerra de las Galaxias”.

Con trazos de blanco y negro, pero con muchos grises, las viñetas del libro no se quedan en la historia moral. En esta novela (toda una autobiografía ilustrada) no hay un lado del bien y un lado del mal. Aunque lo oscuro asoma en varios momentos del relato, cierta luz diluye las dicotomías. El autor bucea a través de una arqueología personal, la de la infancia y la de una larga adolescencia.

El final de la dictadura, la Guerra de Malvinas, los pollos de Mazorin, la vuelta de la democracia y el destape sexual se mezclan con el crecimiento de la deuda externa, la tinellización de la pantalla y la new age. Hay hasta una mención a la fuerte crisis energética de fines de 1988 cuando en el país  sólo había cuatro horas de transmisión de televisión.

“Para un millennial es impensable hoy, pero en ese momento no había pantalla, y yo me vi obligado a salir a la calle, encontrarme con gente, ver el sol”, cuenta y reconoce que sus amigos de esos años eran la televisión y los muñecos. “Jugaba solo, como hijo único que soy, y me iba bien”, asegura.

Del blog al libro

Maxi Falcone es ilustrador, historietista y humorista gráfico. Sus tiras se pueden leer en el periódico El Eslabón, su trabajo como diseñador se deja ver en la revista Rea y algunas de sus producciones formaron parte de la compilación Alegría. Esquizomedia  es su primer libro y se presentará el jueves a las 19 junto al periodista Lucas Canalda en la Librería Mal de Archivo (Moreno 477). Pero antes este material tuvo la forma de un blog poco tradicional.

“Fue en 2003 cuando empecé a transformar todo lo que me pasaba en el día en historieta. Es decir, lo que las personas hoy cuentan en las redes sociales en esos años se contaba en un blog y yo lo contaba en formato de historieta. En ese momento el tema central era mi actividad laboral, que era lo único que hacía en ese entonces”, relata.

Años después y en contacto con el editor César Libardi surgió la idea de transformar esos devaneos como diseñador y programador de algunas grandes empresas en un libro papel. Para eso, Maxi tuvo que redibujar algunas de las ilustraciones, llevarlas a blanco y negro y empezar a elaborar un hilo que condujera el relato. Al comienzo pensó que sería un aburrimiento y que nada de todo eso ya lo representaba, pero de repente –aunque no de casualidad– algo le dio un sentido.

Fue recién en 2015. Cumplía sus 40 años y la celebración coincidía con la salida del episodio 7 de Star Wars. La tercera trilogía de la saga aparecía en el momento en que él, digamos, se convertía en un adulto.

“Con el segundo tráiler me emocioné al ver a los personajes (Han Solo y Chewbacca) en la última escena diciendo algo así como: ‘Volvimos a casa’. Era como volver también un poco a la infancia, pero lo más llamativo de ese día fue ver la reacción de otros señores de 40 como yo ante esa imagen. Me sentí un poquito menos solo en mi estupidez y ese año empecé a dibujar el libro”, dice.

Aunque Star Wars no estaba pensado como el eje vertebral de la novela, el principio y el final remiten a la secuela de George Lucas. En una y en otra Maxi aparece junto a su padre y, también, a los 40 años como a los 8 se reconoce perdiéndose en las jugueterías detrás del casco de Darth Vader y otros merchandising de la película.

Algo de ese niño freak que iba al cine y volvía a su casa a dibujar lo que había visto en la gran pantalla se reedita. Algo de él parece no encajar del todo en ninguna parte. Pero lejos de ser un complejo, esa rareza es contraseña para unirse con otros parecidos. “Siempre me encontraba con alguien al que le pasaba lo mismo que a mí. Y entonces era una suerte porque me daba cuenta de que no era el único, sino que somos un montón los que vamos en contra de lo hegemónico, los que no encajamos y a su vez nos encontramos”, dice.

Ya de chico leía cómic, aún sin saber leer, y a los 13 años en una revista Fierro descubrió a Robert Crumb, lo que para él fue la revelación de un mundo. Ahí aprendió que las historietas también estaban hechas de tipos como él, que cuentan simplemente las historias que les pasan.

Y en su novela –que no habla de grandes hazañas sino de “pequeños actos heroicos que hace la gente que nos rodea”– parecen develarse algunas pistas sobre otro tipo de masculinidad. Aunque confiesa que no estaba en sus planes, a la luz de estos tiempos, algunas de las tiras se pueden leer como una revisión del rol del varón: “Me siento a gusto con este momento de la sociedad que pone en tela de juicio el modelo masculino que hemos padecido los hombres. Mientras las mujeres están en la calle reclamando, a nosotros nos toca hacer algo con eso. Al menos preguntarnos y pensar otros modos posibles de masculinidad”. Dibujar viñetas que no sólo estén protagonizadas por machos superpoderosos que todo lo pueden, un paso en ese camino.

 

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Sobre el autor:

Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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