Todo comienza con una mayúscula, un principio, algo. Después se complica y en esa complicación intentamos entender qué es lo que hizo que todo se haya hecho tan complejo. Es el rasgo más humano que tenemos como personas. Encerrarnos en nosotros mismos para no avanzar, ser nuestra propia limitación.

Algo imposible en las cosas (Baltasara Editora), primer libro de cuentos del escritor Damián Pulizzi, pareciera ser un tratado sobre la humanidad. En sus doce cuentos sus personajes se dirimen entre el afuera, un mundo que resulta una amenaza para el devenir, y el adentro, que termina siendo más amenazante aún.

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Así es el caso del personaje de “Escribir”, un ser que nada hace en pos de hacer una cosa que tampoco hace. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado en los palieres de los edificios mirando el hueco del ascensor sin estar seguros de si, en realidad, queremos salir? O Algo bueno en ese lugar donde Pulizzi pone a un personaje frente a una de las peores situaciones que un padre puede tener y tiene la valentía como escritor de llevarlo por lugares incómodos para el lector, lugares que, en algunos casos, nos harán primero odiar al personaje pero después dejarnos con la pregunta más incómoda: “¿Qué hubiese hecho yo?”

Podría continuar analizando esa aparente inmovilidad, esa quietud o falta de acción de los personajes de los cuentos de Algo imposible en las cosas, pero no todo está perdido, no es un libro cargado de cinismo donde el escritor se regodea diciendo que todo está perdido, que no hay esperanzas en un mundo desolador. En lo más mínimo. Pulizzi encuentra en la niñez, el oasis donde todavía se puede respirar. “Infinito punto rojo” nos enfrenta a un niño que pareciera encontrar en la inocencia de la infancia el único salvoconducto a tanta angustia madura. Pero es, a mi entender, en “La contaminación de los ríos” donde Pulizzi demuestra la sensibilidad y maestría necesaria para contar ese momento particular donde la inocencia se pierde y gana la desolación.

Es odioso lo que voy a decir a continuación, pero me es imposible no hablar de Pulizzi –desde ahora Damián– sin hablar de mi admiración por su trabajo. Si tuviese que ser objetivo le hubiese dicho que esta reseña era imposible porque Damián es un ejemplo de amor por la literatura. Sea como docente pero más aún como escritor, Damián pone en cada cuento una cantidad de trabajo que debería ser obligatorio en todos los que escribimos.

Podrán decir que digo esto porque es mi amigo o porque crecimos juntos en el taller de Pablo Ramos (él siempre era como el hermano mayor por más que sea más joven que yo) pero escribir esto me emociona porque sé que la narrativa contemporánea conoce a uno de los mejores y más sensibles escritores que se pueden leer.

Pero por sobre todas las cosas, por sobre todos los personajes y cuentos que nos depare el futuro de Damián, me emociona saber que hay alguien en este mundo que ama la literatura, que la cuida y que tiene la fuerza necesaria para esperar nueve años para pulir cada cuento y así regalarnos un pedazo de humanidad.

Algo imposible en las cosas es un regalo hermoso. Lee un cuento acá

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Sobre el autor:

Acerca de Federico Aicardi

Nació en Rosario. Es Licenciado en Comunicación Social por la UNR. Publicó sus primeros cuentos en la revista Apología, El corán y el termotanque y Rosario 12. Escribió dos obras de teatro: Tiempo muerto y Erotomaníaca. También finalizó su primer guión cinematográfico llamado Hambre (al final todo se llena). Sumado a esto realizó la adaptación y producción integral del pasaje […]

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