En Rosario se produce música todo el tiempo. Y los rosarinos lo damos por sentado, aunque no es una característica tan común en otros lugares. Basta con ver la lista que todos los años publica el sitio La canción del País para tener una idea de la cantidad y la diversidad de música que se genera en esta ciudad.

La escena musical rosarina es muy productiva. Y a pesar de que las condiciones no siempre son las mejores, acá se graban discos nuevos todo el tiempo. En estos últimos años nuestra escena musical se vio particularmente revitalizada por la llegada a los escenarios de músicos y músicas muy jóvenes. Una nueva generación que en Rapto identifican como Camada sub 23, que en pocos años pasó de ser un futuro posible, para transformarse en un presente concreto de la música de la ciudad. Dentro de esta nueva generación existen propuestas musicales muy variadas (Barfeye, Ele Mariani, Manu Piró, Gladyson Panther, Amelia, Lusyo, Bad, Cortito y Funky, Bubis Bayins, Fermin Sagarduy; la lista es mucho más larga y seguro me faltan un montón) pero existe un rasgo muy propio y distintivo en estos pibes y pibas. Una conciencia generacional, un sentirse parte desde el vamos de algo colectivo. Unos métodos solidarios y colaborativos entre pares (ya sean músicos, productores, sonidistas, realizadores audiovisuales, fotógrafos, diseñadores) que hace que sus distintos proyectos musicales se potencien entre si y tengan cada vez más fuerza.

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Uno de los últimos frutos musicales de esa Camada sub 23 rosarina es La Unión, el disco de Lucio Gagliardo, que se publicó en todas las plataformas este viernes 8 de octubre.

Lucio Gagliardo tiene 20 años y forma parte de Bad (bajo y voz), un grupo de pop rosarino que, entre 2016 y 2020, conformó una identidad musical propia a base de lanzamientos musicales (un ep en 2018, Cammaleón, un Lp en 2019, Bad) y muchas presentaciones en vivo.

La Unión es el primer disco solista de Lucio y es un álbum surgido de una búsqueda personal propiciada por el aislamiento. Un proyecto paralelo con características propias, que terminó de tomar forma cuando su banda tuvo que parar de tocar en 2020. En 2022 va a salir un nuevo disco de Bad, pero en este presente de octubre de 2021 salieron a la luz las canciones de La Unión.

Hace unos días, una tarde de lluvia, nos juntamos con Lucio en un bar de la ciudad a charlar sobre el proceso que dio origen a este disco:

—En 2019 con Bad tuvimos un año muy movido –dice Lucio–, tocábamos cada dos semanas, acá en Rosario, en Buenos Aires, en La Plata, en muchos festivales, estábamos a full. Habíamos sacado el primer disco y teníamos un chip que era el de ir para adelante, no nos cuestionábamos nada, íbamos y tocábamos. Teníamos un montón de shows programados para marzo, abril de 2020. Lo que nos estaba costando mucho y lo veníamos pateando, era el tema de hacer música nueva. Y cuando empezó la pandemia no nos quedó otra, quisimos ponernos a componer y fue una crisis total. Porque estábamos separados y ninguno podía hacerlo solo y tampoco pudimos por Zoom. Entonces se frenó mucho Bad, hasta que nos pudimos volver a juntar, que fue más o menos en junio o julio, cuando se abrió un poco la cosa en Rosario. Nos juntamos y nos fuimos unos días a un campo y empezamos a trabajar en un disco nuevo. Ahí fue que se me abrió la posibilidad de hacer canciones. Yo hasta ese momento no había compuesto nada, solo había aportado construyendo colectivamente algunos de los temas de Bad. En esa instancia llevé una canción que había hecho y les gustó a los chicos. Y eso me motivó para decir bueno, capaz que no soy un desastre y sí puedo hacer canciones.

Y sigue: “En septiembre, octubre, se volvió a complicar y volvió un poco el aislamiento, fueron dos o tres semanas. En esas semanas me puse a componer e hice veinte canciones. Las produje, se las mandé a mi primo que es productor a ver qué le parecían. Y él les vio una veta muy folclórica, de audio de folclore, algo entre lo digital, sintetizado y lo que yo tengo incorporado que me viene de mi viejo, que siempre escuchó folclore y tocó esas músicas en casa. Lo orgánico, porque las canciones no tienen ritmos folclóricos pero si guitarras criollas, percusiones.”

El primo de Lucio es Tomás Gagliardo, también conocido como Tomas Crow, músico, productor e ingeniero de sonido rosarino, que hace algunos años está instalado en Londres trabajando con músicos como Noel Gallagher o Zak Starkey (el hijo de Ringo Starr).

–Para mí –continúa Lucio– fue una motivación que Tomas los escuchara y me dijera que algunos temas estaban unidos conceptualmente, como en un mismo mundo: “Fijate que podés hacer algo con eso, pensalo como un disco”. Entonces me puse a trabajar y de esos veinte temas quedaron cuatro. Y después ya empecé a componer dentro de ese concepto.

Esos primeros temas eran muy electrónicos. Tuve que ponerme a seleccionar algunos elementos. Elegí la guitarra criolla, que es el hilo conductor, junto con la voz, de todo el disco. Busqué en mi casa todo tipo de percusión, de cosita que tuviera a mano y empecé a grabar cosas orgánicas, shakers, pezuñas, panderetas, todas esas cuestiones. Me descargué muchas carpetas de samples de sonidos folclóricos y fui mezclando eso con sintetizadores. Ese mismo esquema lo usé en todo el disco.

La Unión es un disco difícil de encasillar en un género musical.

—Son canciones, hay bossa nova, hay cosas folclóricas, hay algo mas indie y algo más pop, no sé qué generó es, no lo podría poner dentro de un género porque no lo sé.

Otro de los rasgos distintivos de esta Camada Sub 23 tiene que ver con cierto desprejuicio a la hora de escuchar y componer música. Forman parte de una generación que, gracias a las nuevas tecnologías, desde muy chicos tuvieron toda la historia de la música a un click de distancia. A diferencia de otras generaciones que estuvieron muy marcadas o influenciadas por lo que sonaba en ese momento (que estaba muy limitado por lo que se podía escuchar en la radio o por los discos que se podían comprar o conseguir prestados). Los jóvenes de hoy pueden escuchar en simultaneo lo más nuevo de lo nuevo y mientras tanto bucear en las discografías de los artistas que se les ocurran, sin pedirle permiso a nadie. Y algo de todo eso se escucha en la nueva música que están generando.

—A mí me gustan muchos estilos de música, pero no todas me generan lo mismo. Hay cosas especiales que te generan algo especial, es medio indescriptible.

Cuando le pregunté a Lucio cuál era la música que había escuchado mientras componía este disco y con cuáles creía que dialogaba me contó que ya tenía una playlist armada que se llama Lo que hace a la Unión que se puede escuchar en Spotify.

—Soy muy fan de Lisandro Aristimuño, me encanta. Desde que me llevaron a verlo mis tíos cuando yo tenía 10 años siempre me atravesó en lugares muy importantes. Me pasó que conecté con Silvio Rodriguez, que era algo que escuchaba también de chico, porque lo escuchaban mis viejos y mis tíos. Y el año pasado lo redescubrí y me escuché todos sus discos, encontré vinilos, me re copé con Silvio Rodriguez. Y después me puse a investigar músicos más indie, Devendra Banhart por ejemplo. Me encantó y lo usé mucho como referencia. Me parece súper nuevo lo que hace, y viejo a la vez, y eso me encanta. Escuché a Rodrigo Amarante, que es brasileño, me copé también mucho con Caetano Veloso. Con Silvio Rodriguez y Caetano me pasó algo parecido, los conocía, me sabía las canciones más conocidas, sonaban en mi casa, pero este último año entré en sus discografías en serio. También me fasciné con Martín Buscaglia, que lo conocía pero me metí a escuchar todo. Y reconecté con el folclore, con aquellas zambas que las sabemos de siempre, aunque por ahí sus autores no son tan conocidos. Y por otro lado, usé mucho para pensar el disco músicas que no tienen quizás relación directa. Me gusta mucho lo que hace Juan Mango, o acá en Rosario un disco que me la voló muchísimo es This is fine de Fermin Sagarduy, lo escucho siempre, viste que no a todos los discos volvés a escucharlos mucho y yo a ese disco vuelvo siempre.

Todo se resbala hacia tu abrigo

Lo primero que se conoció del disco fue el videoclip doble de Todo se resbala y Tu Abrigo. Una producción con estética de VHS, un cortometraje en blanco y negro que hace recordar las producciones que se presentaban en el Festival Latinoamericano de Video de Rosario hacia finales de los noventa, o principios de los dos mil. En ese video doble se presentan las ideas que atraviesan el disco, la soledad por un lado y el encuentro por el otro.

—Yo tenía ganas de poder sintetizar la idea del disco en un video. Y me parecía que con una sola canción iba a ser muy difícil y necesitaba por lo menos ese contraste entre dos canciones, que una representara una cosa y la otra, algo diferente. Que no tuvieran la misma carga emocional. Y empecé a pensar con Juana, mi novia (que actúa en el segundo video), cómo podíamos armarlos. Trabajamos una idea: que hubiera un actor de teatro por un lado y una “intelectual” (una piba interesada por la literatura) por otro. Y que los dos estuvieran solos, como la mayoría de las personas del mundo. Lo filmamos en Rosario y quisimos mostrar ese concepto de ciudad, que a mí siempre me llamó la atención. Esa sensación de Ir caminando por la calle en medio de una multitud y estar solo.

Todos los temas tienen eso de sentirse solo y de ver si te animás a salir, a encontrar a alguien más que esté solo y juntarse, no en términos amorosos, en términos simplemente de esa unión (que es un poco lo que muestra el video, dos personas que están completamente solas y al final aparece la posibilidad de que se encuentren). Lo que yo quise hacer con ese video, no tiene que ver puntualmente con esas dos canciones, es un video en representación del disco.

La Unión es un disco propiciado por el aislamiento. Y también es una consecuencia de algo que nos legó la pandemia, el uso del tiempo libre. En el caso de Lucio, para ponerse al día con ciertos consumos culturales.

—A mí lo que me pasó fue que leí todo lo que no había leído en mi vida, escuché toda la música que no había escuchado y vi todas las películas que no había visto. Y todo eso me generó ganas de escribir canciones, o lo que fuera, de generar algo nuevo. Había estado todo el año recibiendo información.

En el videoclip se pueden reconocer algunas de las referencias de esos consumos culturales. Un libro de Juan Forn se deja ver en las manos de la protagonista. El escenario de Kika, un espacio cultural de la ciudad, puede reconocerse como el lugar donde ensaya teatro el protagonista de la primera parte.

—A Juan Forn no lo conocía y leí Maria Domecq en el 2020 y me marcó. Había leído novelas, pero esta fue la primera que me hizo explotar la cabeza. Y después leí todos sus libros, porque me pareció increíble, me copé mucho. Yo estaba por hacer el video e iba a usar otro libro, iba a usar El libro de los abrazos de Eduardo Galeano y justo murió Forn y volví a leer Maria Domecq y me pareció igual de increíble que la primera vez. Entonces lo puse ahí en el video. Y también me copé mucho con Almodóvar. Yo no había visto nunca sus películas y en pandemia las vi todas. Por eso fuimos a filmar el video a Kika, como un homenaje también.

Yendo de la cama a Río

La Unión es un disco de diez canciones que tomaron forma luego de la selección de unas primeras cuatro que Lucio y su primo Tomas eligieron para encontrarle una identidad al proyecto.

—Después de esos primeros cuatro temas que había tomado como punto de partida empecé a armar una estructura, el resto de los temas los fui pensando en el lugar que tenían que estar. ¿Cómo me gustaría que arranque? Con qué puedo seguir. Y empecé a trabajar en función de lo que pensaba que me faltaba.

Una vez que aparecieron las canciones y después de grabar las primeras versiones en formato casero, fue Tomás Crow también el que sugirió un posible socio para este disco.

—Tomás me recomendó mezclarlo con un ingeniero de sonido brasileño que se llama Daniel Alcoforado, y eso me motivó mucho. Yo no lo conocía, está buenísimo lo que hace, es groso. Labura en el estudio de Gilberto Gil, pero a la vez fue muy accesible y se re copó con el disco. Mezclar el disco a la distancia estuvo bueno, hubo mucho diálogo, estuvimos en contacto todo el tiempo, hace seis meses que hablamos casi todos los días. Él es el ingeniero del estudio Nas Nuvens ahí en Rio de Janeiro. Que a él le haya interesado trabajar en el disco me dio otro impulso. Yo al principio creí que él iba a trabajar al estilo de la mezcla vieja, que iba a poner todo en la consola y lo sacaba con fritas, pero la verdad que se involucró, propuso muchas ideas, todo siempre desde el audio.

El interés de Daniel Alcoforado hizo que el proyecto pasara a otra etapa y Lucio se decidió a regrabar esas canciones que había grabado en su casa en un estudio profesional con Diego Longinotti. Sin embargo, algunas de esas interpretaciones caseras de las primeras versiones llegaron a formar parte del disco.

—Yo no soy guitarrista y menos guitarrista clásico, pero me gusta el hecho de que en algunos momentos la guitarra esté tocada por mí, con las limitaciones que tengo. Trabajar con eso me gusta, con la imperfección. Hay algunas voces que grabé al principio en mi casa y cuando empecé a regrabar todo, para que tenga mejor audio, me di cuenta que esas voces por ahí no estaban tan bien grabadas pero tenían más sentimiento. Y si bien técnicamente lo podría haber mejorado me gustaba la idea de la imperfección, de la mano humana que se equivoca. En una parte grabé cuerdas, pero eso sí ya lo grabaron amigues, ahí yo ya no podía hacerlo con la imperfección mía, porque nadie iba a escuchar el disco.

Arte conceptual

Por ahora La Unión solo está editado en plataformas digitales pero cuenta con un diseño de arte pensado para una edición física que probablemente pueda salir en el futuro.

—Algo que me gusta mucho y que no puedo evitar es ponerle colores a las canciones, las pinto. Y bueno, para mí el disco tiene un color medio amarillo, medio soleado, por momentos baja un poquito y se va a otros colores.

El arte del disco lo hice con Ivana Vollaro, que es mi tía y es una artista contemporánea re grosa, y de hecho la tapa del disco la terminamos sacando de una obra de ella, que se llama “Tiempo”, que tenía que ver con la pandemia. Y eso estuvo muy bueno porque ella me ayudó mucho a encontrar los conceptos del disco, había cosas que estaban pero que yo no me daba cuenta. Ella tiene una visión que es muy del artista contemporáneo, que a mí me interesa porque es un terreno en el que tenés que rebuscártelas mucho para entender algunas obras y ese ejercicio me ayudó mucho.

Ese ejercicio de búsqueda de concepto del disco quedó plasmado en un texto que acompaña el arte de tapa:

La unión es un disco de amor. El acto de amor que tiene unirse con otrx. Nadie se salva solx y nos unimos para realizarnos. La unión se trata de atravesar la montaña de restricciones e impedimentos propios para llevar a cabo un deseo. La unión se trata de estar en soledad, que alguien más lo esté, y juntarse para empezar ser juntxs (o para no estar mas solxs). La unión habla de la importancia de saber desprenderse, para encontrar nuevos caminos y nunca dejar de cambiar. La unión es el universo que conecta nuestra raíz, nuestra tierra, nuestros antepasados y nuestras costumbres heredadas, con nuestro presente, nuestros alrededores y nuestra vida cotidiana. La unión entre nosotros y nuestro espacio, aprender a habitarlo, para así conocer nuevos mundos. La unión es un disco que se hizo casi por completo durante la pandemia en una habitación, una especie de sala de espera, en la que esperamos, reflexionamos y aprendemos a habitarnos.

Nuestra formación

—Con los pibes está todo bien –dice Lucio–. Antes estaba mal visto que alguien que forma parte de una banda hiciera sus canciones por otro lado. Por suerte eso a nosotros no nos pasa. De hecho Facu, el guitarrista de Bad, Facundo Del Castillo, tiene otros proyectos, el tocó guitarras en mi disco y yo colaboré en el disco que está haciendo con Cundo. Nacho el tecladista, Ignacio Seret, también tocó teclados en mi disco y me ayudó con los arreglos de cuerdas. Todo lo hacemos de esa manera.

Yo entré a la música a través de Bad, antes tocaba la guitarra de chico, pero todo arrancó ahí. Para nosotros la banda fue nuestra formación. Empezamos haciendo covers y después aparecieron nuestras canciones. Ahí tuvimos que ver cómo podíamos grabarlas, adónde. Tuvimos que aprender. Y creo que eso fue lo lindo. Crecimos juntos. Y seguimos creciendo, la idea es seguir haciendo cosas juntos. Estamos haciendo el disco nuevo y estamos re contentos con lo que está saliendo, tenemos mucha manija de poder mostrarlo y volver a tocar. Mis amigos son ellos, y yo al proyecto que más apuesto a futuro y más me motiva es Bad. Ahora no estamos tocando porque no tenemos ganas de seguir tocando lo viejo pero se viene un disco buenísimo. Cuando empecé a hacer estas canciones las estaba haciendo para Bad y es como que se fueron alejando y de ahí surgió una nueva identidad. Que de hecho fue una construcción. Las canciones, desde que las hice por primera vez pensando que podían ser para Bad hasta que terminaron siendo canciones de un disco mío solista, cambiaron un montón. Fue construir un audio más propio, un sonido propio, una identidad propia.

Tema por tema

—Lo que tiene el disco es que recién en el tercer, cuarto tema podés entrar, esa es otra cosa que me gusta decir, porque es un disco que tiene que ver con la paciencia. A mí me gusta que sea eso, que sea un filtro para los impacientes de hoy, yo sé que algunos quizás se van a ir en los primeros dos temas. Pero también sé que una vez que llegaste al tercer o cuarto tema ahí pasa otra cosa.

La Montaña

—El disco empieza con “La montaña”, que representa un poco la imposibilidad. Yo antes mil veces había intentado componer un tema pero no podía, me ponía y no me salía. Entonces “La montaña” representa eso y también refiere a las veces que había intentado desprenderme de algunas cosas.

Lo que soñé. Mi planeta. Mirar el cielo

—“La Montaña” representa esa imposibilidad, “Lo que soñé” es sobre la felicidad de haber encontrado a alguien que te acompañe, ese unirte con un otro. Y después esos tres temas están como en el mismo planeta, tienen como una onda brasileña, medio bossa nova, sobre todo “Mi planeta”, y están en un plano: son más alegres, luminosos, con acordes mayores, un poco como que sale el sol ahí, y en cada canción van creciendo los BPM (beats por minuto). Desde “La Montaña” hasta “Mirar el cielo” cada vez son un poquito más rápidos y cada vez tienen más elementos, y “Mirar el cielo” termina con batería. El disco empieza con guitarra y voz y en cada tema que va pasando se van sumando elementos, se va cargando, si atravesás ese camino y sos paciente en un momento se termina de armar la propuesta completa.

El Sol

—Con “El sol” el disco baja un poco, venia subiendo y ahí baja. Ya no va más el plano de la alegría o de tener esa utopía de poder encontrarse con otro. Es un tema de duelo, de obsesión. Ese tema lo escribí recordando mi casa de la infancia en Las Rosas, que tuve la oportunidad de ir hace poco y tiene esa cosa muy de campo, de pueblo, es muy nostálgico.

Luna

—“Luna” es también medio brasileño, siempre estuve a punto de sacarlo, pero nunca me animé. Nunca le encontré nada especial, pero cuando lo sacaba se iban un montón de cosas que no quería que se vayan. Hacer un tema que se llame “Luna” ahora puede que no aporte nada nuevo, pero tampoco me parece mal eso. Por ahí me preguntaba, no estaré haciendo algo que es muy repetitivo. Y en realidad nos repetimos todo el tiempo, entonces quedó, quedó ahí. Es un tema sobre avanzar, en un momento dice no ver una razón y andar. Está la desesperanza, pero también eso de ponerte a decir, bueno, ya estamos caminando.

Imaginar

—En este tema está sampleada la voz de Eduardo Galeano cuando lee esa frase de Fernando Birri sobre la utopía. Lo dice Galeano, se lo adjudicaron a él pero es de Birri. Me gustaba esa idea. Yo justo había leído El libro de los abrazos y si bien la frase no es de Galeano, toda su escritura va por ese lado. La utopía y que haya algo adelante para poder caminar. Y hoy medio que perdimos eso de caminar, es todo ahora, todo ya. Por eso me gustaba recuperar esa idea, que haya un horizonte y caminar para ese lado, para mí es re importante. Estaría bueno pensar así, tener un sueño e ir hacia él.

Todo se resbala. Tu abrigo

—“Todo se resbala” es la canción que aborda ese proceso de desprenderse de un lugar, hacer ese duelo. Ese es un momento en el que te parece que no tenés nada, que se te va todo. Son dos canciones separadas pero “Todo se resbala” es un tema sobre desprenderse, de que todo se te escapa. Y “Tu abrigo” ya es un tema más esperanzado, un tema más enamorado. De ese otro momento posterior al duelo que es cuando te abrís a encontrar algo nuevo. Esa es un poco la idea del disco. Y como que en esos dos temas queda bien representado. De hecho “Tu abrigo” fue el último tema que surgió cuando el disco ya estaba terminado y para mí no podía quedar afuera.

Despedida

—Es un tema medio bajón. Tiene que ver con eso de perder todo, con la situación de llorar al lado de alguien, para mi ese acto es como dejar tu alma ahí con esa persona. Habla de ver a una persona llorando al lado tuyo y de qué se siente en ese momento.

Y también puede ser algo cíclico, así como puede haber una persona con la que te encontraste y te hizo zafar de algunos momentos, después esa persona también se puede ir. En el disco hay una esperanza muy grande pero ese tema tira todo por la borda. Podés encontrar a alguien y también te podés desprender de esa persona y quedar solo de vuelta.

vacunarse es la salida
Sobre el autor:

Acerca de Pablo Zini

Periodista, realizador audiovisual

Rosarino adoptivo, nacido en La Plata y criado en Pergamino. Es Licenciado en Comunicación Social y Realizador Audiovisual. Dirigió documentales y programas de televisión. En alguna época fue dj. De lunes a viernes trabaja en la radio. De algún modo se define en una línea de la canción “Get Lucky“, de Daft Punk; “We’ve come too […]

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