Hay un cuerpo entrerriano que aparece y desaparece del mismo modo en que lo hicieran los albardones de Cambacuá: plasticidad y ritmo. Desde esa osamenta, el artista y el ser despliegan su élan y conforman una población emocionada que alimenta la lectura para la inteligencia, organiza las acciones para la fuerza y arma la sensibilidad para conmover la obra intensa. Ese sujeto artista, Federico Leites, define teorías tanto gramscianas y bergsoneanas , como del ámbito de los fluidos de la física de Bernoulli, donde la aceleración gravitatoria de su voz amplifica imágenes pletóricas y crea un nuevo lenguaje. También las Leyes de Fyck, en la más compleja de las fluidodinámicas, amasan apariciones en los momentos lacustres de la obra de Leites: tarucha en el Arroyo del Sauce en plena pampa húmeda, los bagres en los estanques de los faireways de un club de golf o los caracoles más pintorescos en su gorjeo en el deshielo de alguna cumbre mediterránea. Hay algo que nombramos experiencia en el paisaje. Y ese algo, podría ser la agudeza de la obra de un artista que se corporiza cuando el paisaje es cantera en donde embeberse y reconocer un nuevo ámbito de conocimiento.

Hablar del paisaje más allá de los límites circunvalares y de nuestras orillas. De aquel paisaje al que hay que llegar. Cuándo uno lo cruza, lo atraviesa, o ve al otro lado lo mismo, y concibe qué es el paisaje extendido. Cuando uno se baña en él más todavía, entonces deja de entenderlo para vivirlo, y cuando uno duerme sobre su tierra, no sólo que lo entiende y lo vive, sino que pasa a ser parte de él. Cómo si una fuerza mutua que entre el suelo y la epidermis se contagiara allí mediante ósmosis amorosa, para ser una sola pieza vital: el lomo de una y el paisaje. En definitiva, todo aquel que quiera saber si ha conocido un paisaje (un lugar), lo que debe hacer es dormir sobre su tierra, en su geografía más inmediata. Y ese paisaje puede ser tu tía limpiando una Pilelinda, y vos sacudiendo un bidón de cloro para aclarar el agua preciosa que bañará los cuerpos. Y un poco ese agua, que se apoderará del olor de los veranos, así como el agua de tu río que pueda ser mi río, y otro río, será la paleta pictórica de nuestros azules y pardos. Se arme el líquido amniótico para que Leites llame a su hermano y concreten una dupla que se bata a duelo de ternura, bajo un parabólico precioso en Córdoba y monten, entre los dos, el universo fraterno, límpido y eficiente de una nueva voz en la música nacional.

¡Miren cómo suenan! ¡Despierten nativos dactilares!

Sobre mi falda jadea una cachorra que pronto volverá a la nieve. El clima, los meses del invierno en agosto, presentan un amor tapado, emponchado y, ahora en el verano, a la intemperie de un anfiteatro politizado, Leites y su comunidad profesan un mundo para la sensibilidad de los sujetos culturales.

(Y prendo un puchito. Escribo, sentada, mientras el google me sugiere la tirada de Tarot).

Vuelvo a los cuerpos artistas que rodearon a Federico Leites.

Leites todo, Leites comunidad del baile desde los 90.

Leites de la comunidad de los discos y las discos.

Leites de las frutas y las vidrieras coloridas de Éditions du cochon.

Leites abrazando el panóptico del corredor bioceánico en su hilo traslúcido, que de un modo u otro es mi médula ósea, ahí me detengo. Y me reconozco como su hermano. La danza y los sonidos que se alimentan e irradian desde el cuerpo artista y Leites arriesga nuevos índices de reverberación, que exceden la dimensión decibélica y se transformen los paisajes fluviales de las aguas litoraleñas y mediterráneas compartiendo su resonancia con otros, definiendo lo más lindo que tiene la ciencia: la entropía universal. Y así aparece una colección de sonidos, de imágenes y pinturas que cruzan el paisaje de un cuerpo enorme, con tonada entrerriana y con la bestialidad de un monte: aquel monte que desaparece por los cambios de altura del río o no está más en la foto por falta de luz. Internarse así, y quedar absorbido por el abrazo del paisaje, cargado de fluidos: el aire, las suspensiones y el agua de vuelta.

Dormir una siesta a la resolana antes de almorzar en San Marquito mientras suena la guitarra de “Wish you were here”. El cuerpo del monte entrerriano que se abre al amor entre pelo y campo traviesa sin atajos; óseo, de golpe, se cierra y clava un ghosting tan eficiente que desaparece sin dejar cenizas. Y vuelve en la voz de su música. Y, en síntesis, aquel que quiera reconocer un fenómeno cultural tiene que investigar en lo más inmediato de su ámbito, en lo más próximo de su membrana endógena, en lo más fronterizo de lo amoroso de su piel. Así opera la Comunidad Leites.

Federico Leites, nacido Concordia, su familia es de Gualeguay, vivió Federación, San Salvador y Paraná y vive y trabaja en Rosario, nos informa que hará una “obra mega”, que la obra ya está resuelta pero que la podrá compartir en el espacio público en breve, en un lugar soñado de la ciudad. La información dice lo siguiente: “MONTARAZ Domingo 16 de diciembre a las 20.00 en el anfiteatro a cielo abierto del Centro Cultural Parque de España.  Federico Leites junto a Mauricio Vieiro presentan Montaraz, su flamante disco de canción-paisaje.  La escenografía a gran escala será una obra  site specific de los artistas Carlos Aguirre y Sol Pipkin, realizadores de la puesta quienes familiarizados con una obra del maestro Grela incluirán a los músicos en una hermosa fantasía.  El vestuario está cargo de Michelle Siquot, artista cuya obra esta dedicada al tejido y al bordado, gran investigadora de las morfologías hiladas, será la invitada para realizar dos piezas de vestuario original. El diseño de iluminación es de María Fernanda Weber, iluminadora teatral, y el sonido estará a cargo de Franco Mascotti, quién colaborará con Lisandro Aristimuño y Fito Paez, entre otros.  Todo lo musicaliza Rovere.  Acompaña la noche una barra de tragos de GIN LA SALVAJE del Litoral.   Ese día presentamos la versión física de MONTARAZ, editada x Ivan Rosado con portada y paisaje de Laura Glusman”.

 

Elecciones PASO 2019
Sobre el autor:

Acerca de Lila Siegrist

Nació en Rosario. Agitadora cultural, estudió y publicó libros, crió chicos, hizo muestras de arte, diseñó carreras, trabajó en política y ahora trata de alimentar una mascota con cierta habitualidad. Le gustan las comunidades amorosas y mucho estar entre amigas.

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