No hay más Ministerio de Cultura. Buenísimo. Hay que aprovechar.
Día uno. Siguiendo la corriente, vayan y den de baja también a todos los centros culturales y a todos los espacios de expresión de no sé qué. Sin miedo. Es simple. Vayan y pregunten en cada lugar: ¿qué hacen acá? Cuando les respondan con frases como “articulamos ejes”, “creamos espacios de reflexión”, “ponemos en juego a distintos actores” o “interpelamos a los discursos bla bla bla” van por buen camino. Ahí hay que cerrar. No duden. Pidan la llave y cierren. Si son muy melancos hagan un abrazo solidario al lugar, que alguien cante “Honrar la vida”, y listo, cierren. Asegúrense antes de cortar el wi-fi así nadie insiste con volver. Cierren sin miedo y comuniquen a cada empleado que su sueldo estará intacto y nadie lo despedirá de nada; que a partir de ahora podrán aprovechar del tiempo libre para hacer lo que quieran y también que si no quieren hacer nada estarán en todo su derecho.
No es un seguro de desempleo ni una indemnización en cuotas, nada parecido, todo lo contrario: el empleo ahora consiste en administrar la libertad y ejercer el deseo. Y eso no es joda, lo mínimo que pueden hacer es pagarte un sueldo. Cierren también todos esas cosas de nombre dudoso. ¿Cómo saberlo? Es fácil. Si la palabra de la dependencia o espacio no explica claramente qué es o a qué se dedica, se cierra. Tranquilos. Nunca cerraría el Hospital de Emergencias, los Bomberos ni nada que se explique por sí mismo. Para hacer un paralelo, si esta idea fuese aplicada a comercios, una carnicería seguiría abierta y un espacio de armonización se cerraría automáticamente.
Espero explicarme. Listo. ¿Cerró todo? Gracias. Fin de la ilusión. Ahora sí.

Día dos. Todo a la educación pública. Absolutamente todo a la educación pública. Y todo significa que no exista la educación privada hasta la universidad.
Primaria y secundarias públicas. Educación de calidad, generosa, exigente, prestigiosa, envidiable, premiada, creativa, humanística, actual. Una educación excesiva. Un lugar que nos enseñe a leer y a comer. A escribir y a coger. A multiplicar y a respetarnos. A divertirnos y también a manejar la tristeza. Enseñame poesía y finanzas. Enseñame filosofía y programación. Haceme crecer. Enseñame algo en cartapesta y dame impresoras para hacer prototipos 3D. Enseñame a escuchar música y a poner el volumen que se necesita para convivir. Enseñame guerras y explicame el Romanticismo. Que nada quede afuera. Dame todo lo que a Messi le dieron en el Barcelona. Poné toda nuestra guita ahí. Dejá de gastar en boludeces. Hacé un negocio conmigo. Invertí grosso. Todo lo demás cerralo que no es tan grave y además está en Internet. Hacelo ya, te lo pido por Dios. Bueno por Dios no; Iglesia y Estado asuntos separados.
Fin de mi gobierno

Cámara de Diputados de Santa Fe
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