Habrá que preparar de nuevo las voces, calibrar el cuerpo en el tono necesario, desandar el hartazgo, buscar detrás de los ojos, despegar la piel de las paredes, iluminar el sentido, rescatar del silencio los textos abandonados. Porque los escenarios de la ciudad se preparan para abrir puertas y liberar de una buena vez a lxs últimxs cautivxs, la fauna actoral, bestiecitas tan pequeñas e indefensas que –¡cuidado!–, con tan solo una luz y una palabra, son capaces de transformarnos.

Tanto esperar el momento del camarín. De la otra luz. Ropitas. Ropajes. Semblante. Escenarios demasiado inclinados. Abismo. El público. La oscuridad.* Tanto imaginarlos para aquietar la pena. Tanto hacer nuditos en los dedos para no olvidar. Habrá que ver  en qué pájaro se convierte ahora todo este deseo contenido. Habrá que reivindicar, ante tanta muerte, esa cuota de vida que desborda, que es excesiva y tan poderosa cuando alguien, frente a otrxs, actúa.

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¿Será que no queremos que el mundo se acabe en medio de esta soledad de los cuerpos? ¿Las tecnologías sexuales serán nuestro único destino en la pandemia?

Habrá que volver a querer desde los escenarios a un mundo que, como dice la poeta Diana Bellessi, se achata cuando no lo amás. Otra vez una existencia redonda, retorcida, tridimensional. En equilibrio sobre la incertidumbre y la fascinación habrá que arremeter y empaparse de alcohol las manos cuanto sea necesario. Habrá que subirse a escena para vengarse del mundo en la ficción y no vengarse del mundo en el mundo, de su desolación, de sus terrores, de su materia irreal.

Habrá que pegar, pegar sin parar. Demoler al público, demolerlo. Actuar como si actuar fuera una venganza.

Espacio Bravo y Teatro de La Manzana: Los patios

Bajo el título de “Patios Bravos” y “Manzanas de verano”, dos de las salas independientes más reconocidas de la ciudad preparan sus instalaciones para llevar adelante, a partir del 15 de enero, una serie de funciones al aire libre. Con capacidad muy limitada y los protocolos pertinentes, seis obras con distintxs actores, actrices y directorxs volverán a habitar el espacio escénico en simultáneo.

Las entradas pueden reservarse vía WhatsApp al 3424322267 (Teatro de La Manzana) y al 3416900944 (Espacio Bravo).

La Comedia municipal: Una programación rosarina e independiente

Durante el mes de diciembre, el teatro de la ciudad abrió la convocatoria “Un escenario distinto” dirigida exclusivamente a artistas rosarinxs con el fin de poner sus instalaciones –siempre inimaginables y poco accesibles para los grupos independientes– a disposición de la escena local. El jurado estuvo integrado por Simonel Piancatelli (por el quehacer teatral rosarino), Vanesa Moreira (representante de la danza en la ciudad), Orlando Verna (por la crítica especializada) y Marcos Ramos (de la Secretaría de Cultura y Educación). El resultado fue la selección de dieciséis espectáculos con prioridad y otros dieciséis suplentes entre 104 propuestas que participaron, incluyendo obras de danza y de teatro.

Por otra parte, la programación de La Comedia  de esta primera parte del año incluye también un convenio con algunas salas de la ciudad nucleadas en ATIR, por el que cada una de ellas se presentará con una obra en el teatro. Puede consultarse la grilla completa a través de las redes de La Comedia, una oferta amplia y de enorme calidad que incluye también la apertura de la cúpula de la gran sala para que las funciones se desarrollen con la ventilación necesaria. Las entradas tendrán un valor de $400 y se conseguirán a través del Sistema 1000Tickets  o en la boletería del teatro, solicitando previamente un turno web. Un dato más que interesante es que la totalidad de lo recaudado por venta de entradas será percibido por la Asociación de Teatros Independientes de Rosario (ATIR).

Tanto las propuestas del Teatro de La Manzana y Espacio Bravo como las funciones que se llevarán a cabo en el Teatro La Comedia respetarán la restricción horaria que prohíbe la circulación entre las 23 y las 6 de la mañana, finalizando los espectáculos antes del comienzo del toque de queda para permitir al público un regreso tranquilo y organizado.

Imposible disimular la alegría, el vértigo de volver a los escenarios (aunque nadie sepa con certeza por cuánto). Imposible ignorar cuán fundamental resulta para nuestra actividad –y sobre todo en estas circunstancias– la presencia del Estado. Sin embargo, quizás sea preciso seguir preguntándonos: ¿Qué ocurre con aquellos grupos y con aquellos espacios que quedan por fuera de las nuevas disposiciones y programas? ¿Son éstos suficientes? Basta indagar un poco para descubrir que más allá de ellos la amplia comunidad teatral resiste de los modos más variados y lleva adelante otros eventos igualmente comprometidos y responsables, a pesar de que no se incluyan, por diversos motivos, en las guías oficiales.

Aunque insista y lo devore todo la cultura institucional, reptan, se esconden y cultivan así su brillo las artes escénicas en nuestra ciudad. Como una chispa, un verso de Mirta Rosemberg: “mejor lo explícito es callado”.

Alguien dijo alguna vez que no es teatro el edificio ni el cartel ni la trayectoria ni el programa ni el nombre, que el teatro se mueve por napas subterráneas y es lo que pulsa debajo, lo que respira detrás, la fuerza que empuja el agua. Un bichito viscoso que cambia de estado e, imperceptible, pica justo donde menos se lo espera. Quién sabe dónde andará aleteando ahora. Si podremos o no encontrarlo. Pero qué enrome alegría, qué exaltación de los sentidos será levantar un gesto, correr hacia allá la última línea de un texto, espiar apenas debajo de un vestuario y sorprenderlo chupando sangre, bien alimentado, comiendo de la carne nueva e irradiando mundo, belleza, lenguaje. Verlo por un instante en su expresión máxima es un hallazgo. Apareció en pantallas, en destellos, es cierto. Ahora fue liberado. Parte otra vez la noche oscura, ese bichito incandescente, el teatro. Quien tenga el privilegio, sabrá contarlo.

* Los textos en cursiva pertenecen a “Axolotl”, de Cristina Banegas.

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Sobre el autor:

Acerca de Sol Pierobón

Actriz y estudiante de Lengua y Literatura. Llegó del pueblo a la ciudad de Rosario hace ya muchos años, pero todavía arrastra los paisajes del campo. Participa de producciones audiovisuales y teatrales en diferentes roles. En los últimos tiempos, coordina talleres en espacios territoriales abocados a cuestiones de género.  

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