“Poder contarle al mundo lo que es la Aye”. Con esa frase Morena García resume y dice más sobre la génesis de Las mil formas de la noche, novela ilustrada por Malena Guerrero y Rocío de Zavaleta.

Cuando las ilustradoras la llamaron para contarle la idea y convidarla a escribir el guión, Morena se encontraba en medio de la grabación de Brotecitos (primer álbum en el marco del proyecto musical Nuestrans Canciones) en el Centro Cultural Kirchner, del que también formó parte la artista Ayelén Beker.

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Recuerda que todos en la locación estaban enamorados de la cumbiera trans rosarina:  “Todo el mundo enloquecido con Ayelén. Decían ‘es hermosa, es hermosa’. Y sí, la Aye es hermosa pero la palabra hermosa se amplifica mucho más cuando vos la llegas a conocer. Porque Ayelén es belleza como persona”.

 

En Las mil formas de la noche la hora azul se cubre de estrellas. En el cielo se recorta la luna y las calles de Rosario cobran una piel casi fantástica. Afuera, la gente hace fila en la puerta de un centro cultural. Adentro, Ayelén Beker, conocida como la Gilda de las travas, se prepara en el camarín para brillar sobre el escenario. Frente a una guirnalda de bombitas encendidas, la artista de la cumbia travesti se maquilla con glitter, rimel, lápiz labial. Sube a las tablas, canta, vuelve a bajar. Y como si no le importase romper el hechizo, se quita el vestido, se pone un top y unas ciclistas cómodas, prende un cigarrillo, estira las piernas y sale a caminar.

Las ilustraciones de Malena Guerrero y Rocío de Zavaleta despliegan una paleta que va del azul noche, al magenta, pasando por tonalidades violáceas. El texto de Morena recorre una noche posible en la vida de Ayelén donde se enlazan las luces del escenario, el copeteo en la esquina, la camaradería del téte a téte, el teje que es reflexión y diversión al mismo tiempo. En los bordes aparecen la Kitty, la Brumer, y otros personajes inspirados en personas, entonces la historia traspasa los límites: no es sólo la novela de Ayelén sino la de todes.

Como en aquel relato milenario que todavía sorprende, entre otras cosas, por su estructura de cuentos que encajan dentro de otros cuentos, Las mil formas de la noche tiene algo de Las mil y una noches. Y ese algo va más allá del juego de palabras del título. En ese recorrido nocturno alguien camina tras los pasos de Ayelén como si se tratase de una Sheherezade contemporánea que busca ingeniosamente una historia que le salve la vida. Pero cuando se encuentra con ella descubre que la artista, lejos de frotar una lámpara maravillosa, se desnuda en la sencillez, tiene anhelos cotidianos y apuestas colectivas.

Morena se toma de la metáfora del paraguas travesti, que ampara y abre a la vez, para escribir. El texto se aleja del tono biográfico para hacerse un lugar dentro del lenguaje del cómic donde el arquetipo de la heroína empuja la historia. Pero acá la narrativa da vuelta el sentido de lo heroico y la protagonista se presenta con todos los elementos de una antiheroína: Ayelén es mortal, de origen humana, no tiene super poderes, pero mantiene un halo extraordinario y singular.

Lo importante era que la novela trafique otro mensaje: “Quise reflejar eso que queremos consumir, aún dentro del colectivo, que tiene que ver con la hegemonía de los cuerpos y con esa cosa mainstream de consumirlo hasta que se agote. A veces le pedimos a la trava que llega que sea bella, talentosa y joven y esa no es la realidad. Hay muchas travas que rompen con ese circuito de hegemonía que nos permeó. Eso es parte del mundo donde crecimos y que no nos deja ver más allá de la lindura”.

Las calles están empapeladas con la cara de Ayelén, sus fotos cosechan miles de likes, pero esa criatura mágica y nocturna que fulgura en el escenario es también una chica común a la vuelta de la esquina, que se resiste al cánon asesino de la belleza porque ante todo es anarquía y revolución fracturada en el espejo.

Ayelén quiere que se caiga el patriarcado pero no teoriza. Persigue deseos fogosos pero es reina de las derrotas más auténticas. Avisa que se tiene que ir a dormir porque al otro día trabaja y se esfuma antes que aparezca el sol, enemigo de las travas. Se sumerge en un baño de rosas y champagne pero se lleva a la boca un elixir de uvas de un tetrabrik Toro.

¿De dónde venís, cómo combatís al mal, que haces de tu vida? ¿A quién le importa? Todo el mundo pregunta, quiere saber, le pide que de algo más allá de lo que da.

“Ayelén te ofrece miles de variedades pero ante todo te ofrece la simpleza de una piba que podes encontrar en la calle. Popular que no es lo mismo que pública”, conjura Morena como quien conoce el secreto bien guardado de su magia.

Presentación

Las mil formas de la noche se presenta este jueves con la presencia de las tres autoras en conversación con Joaquín Gómez Hernández. Acompaña Capitana taller de impresión estampando afiches y Ayelén Beker que realizará un concierto acústico. A partir de las 19, en el Museo de la Memoria (Córdoba 2019) con entrada libre y gratuita.

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Sobre el autor:

Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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