Gabriela Cabezón Cámara es periodista y escritora, realiza colaboraciones para el suplemento Soy, de Página 12 y es autora de los libros La virgen cabeza, Le viste la cara a Dios, Romance de la negra rubia, la novela gráfica Beya y su última publicación, Las aventuras de la China Iron, esta última con una gran repercusión, que indudablemente la consagró como una de las mejores escritoras argentinas contemporáneas.

Cada vez que Gabriela viene a Rosario, le gusta estar cerca del río Paraná, y por eso mientras charlábamos en un bar, mirábamos los barcos pasar. Tan familiar nos resulta el río que a veces necesitamos que un visitante nos recuerde la hermosura del paisaje.

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En un contexto de crisis, en el que las bajas en la venta de libros es visible, Gabriela cree que la posibilidad de resistir a estos tiempos es juntarse entre escritores y escritoras y pronunciarse como colectivo, tomar decisiones y ser conscientes de esa fortaleza. “Somos un colectivo de trabajadores, no artistas que viven del aire, hay que pelearle a la palabra y al poder”.

—En tu escritura, jugás con mezclar palabras en inglés o en guaraní dentro de la narración en español, ¿tus intenciones son eso? ¿Jugar y romper con la forma de escritura más “tradicional”, como una forma disruptiva de escribir?

—Lo de las lenguas tiene que ver con los registros, como por ejemplo, el registro callejero, me gusta que el texto tenga distintos relieves. No me gusta pensar en una homogeneidad de museo, entendiendo al museo como algo que muestra lo del pasado, no me interesa una homogeneidad que pueda dar una pureza al texto, porque la pureza no existe. Me gusta que todo se mezcle.

 

—¿Crees que en los últimos años las escritoras argentinas han sido más visibilizadas? ¿Por qué crees que es esto? ¿Debido al feminismo?

-Estamos produciendo más por el feminismo. Somos emergentes de este momento histórico, en el que tiene mucha fuerza la marea feminista. Nosotras estamos produciendo bastante y hay muchas mujeres haciendo mucho y maravillosamente. Pero antes también las habría, solo que ahora hay más espacio para nosotras en las editoriales, en los medios y sobre todo en la cabeza de los lectores.

—También pienso en Claudia Piñeiro, y su discurso en la apertura de la Feria Internacional del Libro de este año, y la decisión de tomar posición sobre ciertos temas sociales, como por ejemplo sobre la legalización del aborto.

—Ahí Claudia hizo un ordenamiento del discurso muy interesante, porque nos ubicó como trabajadores a todos y después como escritoras mujeres. Me parece un recorte interesante, la clase y el género operando juntos.

—Selva Almada en una charla mencionó que al mismo tiempo que se visibiliza la escritura de las mujeres, se las confina a determinados tópicos o cuestiones, de lo íntimo, del cuidado, como si las mujeres solo pudieran escribir sobre eso, y los grandes temas son únicamente para los varones.

—Cualquiera puede escribir sobre cualquier cosa. Me parece que eso pasaba antes, estoy hablando de Juana Manuela Gorriti, cuando los que podían o debían escribir eran los ilustres escritores varones. Pero estamos hablando del siglo diecinueve. Ahora todos escribimos sobre todo. De hecho, la literatura del yo cuenta intimidades, y la verdad es que los escritores que escriben ese tipo de literatura no han vivido grandes aventuras, y hablan de su intimidad.

—¿Y cómo empezaste a escribir? ¿Siempre quisiste escribir?

—Sí, siempre quise ser escritora, pero la verdad no sé dónde lo saqué, en mi casa no había biblioteca, mis viejos eran obreros, pero cuando leía la pasaba bomba. Además, tenía algunos problemas en distinguir ficción y realidad, pensaba que a los autores les pasaba esas maravillas que contaban. Y creo que pensé que iba a tener una vida un poco aventurera. Además, cuando leía me dejaban en paz, que era algo muy difícil que me pasara en mi casa, aparte era algo valorado: “Mirá qué inteligente la nena”. Se me consideraba que era mejor por leer. Y después pienso que no tengo mucha imaginación, elegí eso y listo. No pensé en ser astronauta, solo escritora. Nunca se me ocurrió que podía hacer otra cosa.

—Sí, sos escritora y también periodista.

—El periodismo me pareció algo bueno porque se escribía,  pero no tenía esa cuestión heroica, que tienen creo la mayoría de las personas que quieren estudiar periodismo sobre la investigación, de querer ser Walsh. Me interesó porque era una forma de escribir.

—¿Y cómo surgió tu novela La virgen cabeza?

—Estaba por cumplir treinta años cuando la empecé a escribir y entonces quería contar sobre un personaje que estuviera por cumplir esa edad y que tenga alguna clase de crisis por eso, que pensara en eso, como una bisagra, entre la vida adolescente y la vida adulta. Después fui adolescente hasta los cuarenta y cinco pero en ese momento me parecía que era una bisagra importante. Fue ahí que me puse a escribir y surgió la voz de Cleopatra, yo misma me reía mientras escribía y claramente la amé desde el comienzo. La voz de Cleo también tenía que ver con amigas travestis que tuve en mi adolescencia. La verdad que me llevó un montón de años armar la novela.

La cuestión de lo social atraviesa su escritura, su mirada sobre las cosas y su vida. Gabriela entre pregunta y pregunta aprovechaba para mirar el río.

—¿Qué leés actualmente?

—Leo a mis contemporáneos, porque además son mis amigos. Leo un poco de todo, crónica, ensayo, pero más que nada ficción.

Para ella, la lectura, es un acto creativo tanto como la escritura. Gabriela se suele encontrar con personas que le hacen devoluciones de sus lecturas que la enriquecen. En este sentido, comenta que el lector arma su lectura con su propio marco teórico, con su propia biografía y que eso ilumina ciertas cosas que tal vez ella no había visto de su propio libro. Piensa, además, que las mujeres debemos apropiarnos de ciertas lecturas, y hacer un poco lo que queramos con esa operación de apropiación.

—Y sobre los géneros literarios, ¿qué opinión tenés?

—No creo en los géneros literarios, son una cuestión de mercado.

 

Loteria de Santa Fe
Sobre el autor:

Acerca de Paula Turina

Es Comunicadora Social, egresada de la Universidad Nacional de Rosario. Adscripta en la cátedra de Periodismo Digital. Asiste al taller literario “Alma Maritano” coordinado por el escritor Pablo Colacrai. Algunos de sus cuentos trabajados en ese taller se publicaron en la contratapa del suplemento Rosario 12 de Página 12. Participó en la antología “Yo quería ser manzana”coordinado por la escritora Maia Morosano. […]

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