La catedral interior
Polémica y contradictoria, la figura de Grisélidis Réal irrumpe como un torrente como sus versos plenos de lirismo y crudeza editados por Serapis, con traducción e introducción de Vivian Lofiego
Nació en Lausana en 1929 en una familia de intelectuales. Pasó su infancia en Egipto, donde su padre dirigía la Escuela Suiza de Alejandría, y en Atenas. Su padre murió, volvieron a Lausana en permanente conflicto con su madre autoritaria, y se matriculó en la Escuela de Artes Decorativas de Zúrich, donde se diplomó en 1949 e intentó vivir de la pintura.
A los 20 años se casó para salir de la casa, tuvo su primer hijo y abandonó a su pareja por maltrato, a lo que siguió una serie de situaciones límite: nuevas relaciones, tres hijos más, pérdida de la custodia, recuperación y huida a Alemania. Allí intentó ganarse la vida como pintora, en pareja con un afroamericano esquizofrénico y dos de sus hijos. A causa de la violencia de su amante y una cruel falta de recursos, decidió prostituirse en 1961. La actividad que le permitió alimentar a sus hijos, y que inicialmente practicó para sobrevivir, se transformó en la base de su militancia hasta 1995.
Fue encarcelada en Alemania por haber vendido marihuana a soldados americanos y luego repatriada a Suiza. Durante los años 70, Grisélidis Réal comenzó su vida de activista, siendo una de las líderes de la «Revolución de prostitutas» de París. La traslada luego a Ginebra en 1977. Fue una de las fundadoras en 1982 de la Asociación de Defensa de las Prostitutas (Aspasie, Ginebra). Participó defendiendo su trabajo como meretriz en conferencias internacionales, en universidades, dando numerosas entrevistas y animando reuniones públicas. En su modesta casa de Ginebra, creó (y sostuvo) un Centro Internacional de Documentación sobre la Prostitución.
Paralelamente a ese combate político, Grisélidis Réal reivindicó siempre el rol social de la prostitución como «un arte, un humanismo y una ciencia». Falleció en Ginebra en 2005. En 2009 sus restos fueron trasladados al Cementerio de los Reyes en Ginebra, a pesar de la polémica suscitada.