Las plumas. Los brillos. Las tetas al aire rematadas en pezoneras perladas. El pasito de comparsa. Los murgueros custodiándolas. Las lentejuelas. Los portaligas. Los besos. La previa en los colectivos rumbo al corso. La que posa frente al espejo de la casa de chapa o la que se recuesta como una sirena sobre el Fiat 600. Las que al final de la fiesta salieron reinas, princesas o nada. Las carrozas. El alboroto. Las boquitas pintadas. Los cuerpos. La libertad.

Una serie de fotografías tomadas en los años 1950 y 1960 —y algunas otras, más actuales— que forman parte del acervo del Archivo Memoria Trans se pueden ver con turno previo en las galerías del Centro Cultural Parque España hasta el 31 de agosto y desde el jueves 22 de julio*.

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Rosario analógica

Galería de fotos

Retratos y Carnavales es el nombre de la muestra que reúne cartas y piezas audiovisuales que reflejan la vida de la comunidad trans en Argentina en el marco de esas celebraciones paganas que fueron para ellas algo más que un festejo anual dentro del calendario. Esos cuatro días locos, donde se podían mostrar en su esplendor, eran el acontecimiento más esperado del año. Uno de los únicos momentos de libertad, sin persecución policial y sin ser juzgadas por la sociedad.

Dice el texto curatorial: “Los carnavales fueron para nosotras, las feminidades trans, una forma de visibilización, lucha y resistencia. El carnaval –ese bochinche estético– fue además un lugar de reencuentro, un momento de reunión. Festejamos el estar vivas como también nos lamentábamos por la compañera que faltaba”.

La última dictadura militar interrumpió los carnavales y con ellos la única semana de respiro para la comunidad travesti trans en el país, que podía esos días circular por la calle sin represión y con soltura. Pero los vestigios que documentan esa fiesta disruptiva se pueden ver por primera vez en la ciudad de Rosario, luego de sobrevivir a exilios internacionales, migraciones internas, miles de mudanzas, inundaciones, maltrato, y la inacción total de políticas estatales públicas. Como política del archivo los materiales no son restaurados porque precisamente la idea es conservar esas marcas por las que tuvieron que pasar para llegar a estas manos. Catalogados a través de distintas categorías (vida cotidiana, exilio, carnavales, cumpleaños, oficios/profesiones/trabajo, infancia, activismo, shows, trabajo sexual, mi cuerpo –lo que documenta el proceso de hormonizacion–), todos esos fragmentos reunidos componen el álbum familiar de una vida cotidiana y también el de una ética travesti.

 

 

La memoria de les sobrevivientes

La criminalidad hacia las personas trans fue alta entre los años 80 y 90 pese a la apertura democrática. En 2004 se realizó el primer informe sobre mortalidad trans en Argentina que arrojó un promedio de vida de 35 años de edad. Y fue recién a partir de 2012 que las personas trans del país fueron reconocidas como ciudadanxs.

Según el Registro Nacional de Personas (Renaper) el promedio de vida en 2020 es de 40,7 años de edad, cualquier persona trans mayor de 40 años es considerada sobreviviente. Un conjunto de números y una realidad que se profundizaron con la pandemia.

El Archivo de la Memoria Trans se conformó en 2012 con la idea de trabajar sobre la historia pasada y presente de las personas trans del país.

La tarea –que comenzó siendo casera con un escáner y una computadora, a partir de un subsidio internacional (Ibermemoria) se fue profesionalizando tal como lo narra el documental Memorias reveladas del director francés Quentin Worthingtone– se centra en documentar, recolectar, archivar y difundir material (fotografías, correspondencia, diarios, documentos de identidad, relatos, etc.) que da cuenta de los procesos vividos, las luchas ganadas y perdidas, los cambios sociales, los derechos adquiridos y las vivencias, lo grupal pero sobre todo el universo cotidiano de cada historia de vida.

Todo comenzó con una caja repleta de fotos y cartas que la activista Belén Correa heredó de Claudia Pía Baudracco, también activista y fundadora en 1993 de ATTTA (Asociación de Travestis,Transexuales y Transgéneros Argentinas).

En 2012, meses antes de lograr la sanción de la Ley de Identidad de Género, Pía falleció y María Belén, desde el exilio en Hannover, cuenta cómo se encargó de fundar el Archivo a partir de ese tesoro heredado.

Pía tenía una particularidad: coleccionaba fotos, guardaba sus recuerdos y los de otras travas, los objetos, todo aquello lindo y bueno que no quería que se perdiera entre los pliegues del olvido.

Si en una familia esa memoria se tramita de generación en generación en formato de álbum de fotos, con imágenes que van del nacimiento a los últimos años de vida de la persona, pasando por los primeros pasos, los cumpleaños, casamientos, graduaciones, fechas o acontecimientos más o menos significativos, dentro de la familia trans esa herencia (que ninguna familia quería cargar) se convierte en la joya para ser pulida, cuidada, salvada de esa hostilidad. “Lo primero que desaparece de alguien a quien se quiso esconder y mandar lejos por ser la ‘oveja negra’ de la familia es el testimonio. Y las fotos son el registro que queda de esa vida”, cuenta Belén Correa desde Hanover en una conversación a través de YouTube en el mes de la diversidad, (organizada por la Dirección General de Pedagogía Urbana de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario y el CCPE).

Así fue que ella se tomó el trabajo de crear un grupo cerrado de Facebook para empezar a reconocer y juntar esas piezas pero también para reunir a estas y estos coleccionistas, porque el archivo se apoya sobre todo en quienes se han encargado de resguardar todo el material. “Todo aquello que sobrevivió a la desidia familiar muchas veces lo hizo porque cayó en manos de una compañera o compañero que tiene en su poder materiales de cinco o más personas trans”, dice.

Pero fue también la experiencia de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo lo que le dio a Belén un puntapié para abrir este proceso de saberse vivas, de empezar a hablar, de contar cada una de las cosas que les fueron pasando, según la época el relato se torna más cruel.

Cuenta que estaba viendo un documental sobre la historia de Madres y Abuelas en el que preguntaban cómo hicieron para tener el archivo más importante con un Estado que se encargó de destruir las pruebas. Y ellas respondieron: “Teníamos lo más importante que es la memoria de los sobrevivientes’. Eso me hizo un click”.

“Comenzamos por revisar una historia mal contada por los archivos policiales o de la psiquiatría, basada en una memoria heterocis, sin tener madres ni abuelas, ni hijos que reclamaran por nuestros cuerpos, pero sobre todo fundamentada en esos 400 legajos que volvieron a desaparecer por lo que decían. Nos llamaban depravados, degenerados, pederastas, homosexuales, o que nos vestíamos en contrario a nuestro género”, dice Correa y agrega: “Esos 400 legajos, que no fueron reconocidos por la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep), aunque sabemos que pertenecen a los 30.000 desaparecidos, mientras sepamos donde están y no salgan a la luz los pedimos y los pensamos como 30.400”.

El AMT tiene también una serie documental estrenada el martes último en Canal Encuentro, de mismo nombre, que comenzó con el testimonio de María Belén Correa, fundadora del archivo a partir de la amiga y activista que soñó ese archivo con cada foto robaba, cada pasaporte, cada carta, cada DNI ganado a la destrucción de quienes las negaban cuando morían.

 

Proyecto político y artístico

Durante dos años, el AMT fue un espacio virtual donde se compartían anécdotas, fotos, testimonios, cartas y crónicas policiales de la comunidad.

En 2014, con la ayuda de la fotógrafa y artista visual Ceci Estalles, se inició un trabajo de recopilación y de preservación digital de la documentación. A fines de 2017 se pudo ver la experiencia iniciática montada en el Centro Cultural Haroldo Conti. Fue la manera de sacar del clóset a la comunidad travesti-trans, ampliar el sentido y darle visibilidad en el campo cultural como un proyecto político y artístico también.

“No sólo es un espacio de memoria, es necesario trasladar esa memoria al arte. Somos artistas visuales, lo que hacemos es artivismo, es decir, disputar en el arte ese lugar de la comunidad LGBTIQ+ que hasta hace poco estuvo invisibilizada, y de a poco vamos ganando terreno”, dice Estalles y agrega: “Nos interesa el recorrido y la experiencia viva que deviene de la documentación visual, transitando vida cotidiana, festejos, domesticidad, vacaciones, lucha, vida”.

Desde el 2020 el AMT cuenta con una página web que se puede recorrer de manera interactiva desde el inicio. El cursor, que se mueve dejando una estela de purpurina, permite reubicar las fotos recortadas que aparecen en la home, moverlas, superponerlas, crear lo propio en forma de collage.

El Archivo contiene un acervo de más 10.000 documentos que comienzan desde principios del siglo XX hasta fin de la década de los años 90 y conserva una colección que incluye memorias fotográficas, fílmicas, sonoras, periodísticas y diversas piezas museográficas: dnis, pasaportes, cartas, notas, legajos policiales, artículos de revistas, diarios personales y objetos.
Actualmente el objetivo es federalizar el archivo, que en cierta forma ha tenido ese espíritu desde el comienzo. Del recupero de fotos resulta que las más reconocidas son precisamente de Salta y de Santiago del Estero. Y una que sin duda también se ha hecho famosa fue la que eligió la escritora Camila Sosa Villada para la tapa de su libro Las Malas, que muestra a dos travestis riendo arriba de un caballo.

El AMT ya cuenta con oficinas en Córdoba, Neuquén y Santa Fe donde activistas como Pamela Rochi, Santiago Quizamas y Giovi Novello, entre otres, llevan adelante el registro trans del Litoral. . “Ya vas a ver cuando venga tu padre”, es el registro realizado en la localidad de San Justo sobre la vida de Santiago Quintana.

Página de entrada del archivo online de AMT.

Correspondencia luminosa

La muestra que se puede ver en la ciudad de Rosario itineró por otros lugares. Se trata de un conjunto de aproximadamente 30 ó 40 piezas, muchas de las cuales son de los años 48 y 60 y es el acervo más antiguo. Se centra en fotos de carnavales y cartas, muchas de ellas del exilio, dos espacios de pseudo libertad para la comunidad trans.

En esta edición se anexó material de los varones trans que hasta hace poco no estaban, y se agregaron audios a las cartas que se van a poder escuchar en el teléfono de cada visitante a través de un código QR en el recorrido de la muestra.

“La correspondencia figura como documento. Lo mismo que cuando en un museo se ve una carta de San Martín a Belgrano o las de Frida Kahlo. Cada vez que buscamos una caja, lo simbolizamos como un tesoro. Hay cartas que cuentan a un compañero argentino del extranjero el momento socio económico y cultural que se vive acá”, dice Correa.

Las cartas y postales son esa correspondencia luminosa que tiende un puente donde se habla de la vida cotidiana, de los deseos y también de las cárceles, la militancia, las celdas, la libertad condicional. “Mi vida sigue igual que siempre”, dice una. Otra cuenta que la está pasando mal y “que no tiene un peso en el bolsillo”. Alguna escribe que está enferma o se siente cansada de batallar. No falta la que extraña a su mejor amiga del otro lado del charco y lo cuenta en unas líneas. La que está enamorada y la que se arrepiente de haber dejado pasar de largo el amor por “taradez o inmadurez”. La que por fin se siente querida y la que promete no olvidar en toda la vida y pide a quien lee la misma condición: “No te olvides nunca de mi, nosotros antes que una pareja somos una gran familia. Gracias por tu amor y comprensión”.

*Los turnos se solicitan en el sitio del CCPE para visitarla los días: jueves 22/07 y viernes 23/07, a las 17 y a las 18. • Sábado 24/07, a las 11 y 12. Las personas que asistan sin turno deberán esperar a que se libere el cupo permitido por el protocolo sanitario en vigencia (hasta 40 personas por turno).

sta fe Salud
Sobre el autor:

Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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