Yanina Leonardi* –doctora en Historia e investigadora del Conicet– visita Rosario en el marco del Festival El Cruce y expone en Plataforma Lavarden (este viernes a las 18 con entrada gratuita) acerca de las prácticas y las formaciones artísticas que considera parte de la democratización de la cultura durante el peronismo y que surgen de una concepción pedagógica del arte.

La idea de que el bienestar también incluía a las actividades artísticas –no sólo como forma de transmisión educativa de valores e ideales, sino también para contrarrestar el elitismo cultural que imperaba hasta entonces– son parte de la tesis de su exposición. Pero sobre todo su discurso indaga en la profesionalización de la tarea y el binomio arte/trabajo, relación siempre en disputa y tensión, más aún en un contexto de alta complejidad como el que atraviesa el estado de las políticas culturales en pleno tiempo de pandemia.

—Tu eje de investigación son las políticas culturales diseñadas e implementadas por el Estado en la primera mitad del siglo XX. Sin dudas que las políticas culturales del peronismo adquieren ahí un rol fundamental. ¿Qué debates abrieron?

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—Me interesa pensar otros modelos y los pienso en retrospectiva. Tuvimos en Argentina otros modelos de gestión y hubo momentos en que la cultura se pensó desde otro lugar. He realizado estudios sobre las políticas culturales, el rol del Estado en la primera mitad del siglo XX y claramente cobra notoriedad lo que se hizo durante el primer peronismo. Primero hay que considerar un contexto mundial de intervencionismo del Estado, en el momento de postguerra donde se piensa que el Estado debe incidir en reconstruir esos países y donde la cultura es un espacio donde hay que incursionar y es el Estado el que comienza a hacer pie y diseñar políticas específicas. Eso empieza a pasar a mediados de la década del 30 y se profundiza. Se crean instituciones y se empieza a pensar a la cultura desde ese momento. Se crea el Instituto Nacional de Estudios Teatrales, entre otras instituciones, se conforman elencos, revistas, se hacen ediciones de libros y se comienza a pensar en formaciones específicas como también en personas a cargo del diseño de esas políticas. Es un momento en el cual se está pensando. Quizás es más interesante lo que se pensó que lo que se llegó a hacer.

No solo se lleva a ese público al teatro a ver una programación, sino que también se lleva esos espectáculos al espacio público. Un momento de la cultura con criterios amplios, si bien hay visiones bastante peyorativas es un período de mucha apertura, de mucho crecimiento.

—Hay en tus investigaciones cierta tesis de un camino que fundó el peronismo en torno a la gestión cultural. ¿Qué consecuencias se vieron a futuro?

—En 1946, con el primer gobierno de Perón, es cuando se comienzan a ejecutar por primera vez políticas culturales desde el Estado en la Argentina. Solamente había habido algunas intervenciones, pero la primera vez que se piensa en un intervencionismo cultural es a partir de ahí. Cuando se crea una entidad, secretaría o ministerio es cuando se está pensando en eso y de alguna manera el peronismo estaba en sintonía con lo que estaba pasando en el mundo, con esa idea del estado de bienestar que se replica en la experiencia local y frente a un contexto de crisis se emprende este proyecto de reconstrucción del país que tiene un carácter fundacional. Es así que se crean dependencias burocráticas específicas, se eligen perfiles profesionales específicos, personal técnico, gente especializada, y se definen los fundamentos, los contenidos, los programas, las instituciones. Ese carácter fundacional hace hincapié en lo público, en el acceso gratuito y en que es para toda la comunidad. Lo que nos hace encontrar con un panorama sumamente cambiado, la sociedad no sólo como público sino como productora, porque se emprende además una descentralización de los grandes teatros hacia el espacio público en un intento de democratización. No sólo hay un traslado de ese público, no sólo se lo lleva al teatro a ver una programación, sino que también se lleva esos espectáculos al espacio público. Un momento de la cultura con criterios amplios, si bien hay visiones bastante peyorativas es un período de mucha apertura, de mucho crecimiento, vamos a ver que se disparan un montón de cuestiones que fueron leídas en términos partidarios y hay que leerlos en términos de la dinámica cultural de esa sociedad.

—¿Cómo podemos repensar hoy esas políticas culturales que investigás? En una sociedad más activa, con mucha ebullición de proyectos culturales autogestivos. ¿Cómo se debería articular desde el Estado y la sociedad civil más allá del rol benefactor?

—Esas políticas interpelaron a las prácticas artísticas vocacionales. Desde allí se le dio un lugar desde lo público, desde el Estado. No tenían un tinte de profesionalidad y esto debe ser contemplado con otras características. Ese peronismo fue la institucionalización de las artes pero desde la formación. Hubo fuertes políticas que instaron a una formación académica, ese artista que se profesionaliza porque se forma y porque le da espacio a su formación nutre su profesionalización. Eso abre una puerta a una cuestión en discusión que es el vínculo entre el artista y el trabajo. Profesionalización, artista y trabajo son tres términos que aún estamos pensando y que es necesario que cuajen como parte de una identidad. Lo que se piensa en el primer peronismo, el arte y la cultura, son también vías de trabajo. Una de las cosas que me parece que hay que recuperar en este tiempo, en que el 40% de las niñas y los niños se encuentran por debajo de la línea de pobreza, es la de la infancia como sujeto o cuerpo político en el peronismo.
Hay que tener en cuenta el contexto internacional de esos años. A fines de los 40 se empezaba a pensar paulatinamente en los derechos del niño y se empiezan a diseñar políticas muy interesantes en relación a las infancias. Todo lo que se hizo en cultura durante el gobierno peronista también se hizo en deporte, en salud, en educación. Hubo un paralelismo entre todas esas áreas. Se pensaron festivales para niños y niñas diseñados desde el Estado, elencos infantiles y orquestas que rotaron por todo el país. Lo que significó una democratización del arte y la cultura para que los que menos tenían pudieran acceder. Pero es cierto que no se lo puede leer limitado a un contexto local sino global, porque fueron políticas públicas muy modernas en sintonía con el mundo de ese momento. En el caso de la infancia como cuerpo político, ya era algo que aparecía desde la izquierda, con su larga tradición de militancia y aún también en algunos sectores del catolicismo, pero lo que hace el peronismo es tomarlo como política de Estado.

—Si bien estamos asistiendo a una especie de primavera cultural con la reapertura, luego de lo que fue el año 2020, ¿cómo ves este tiempo y cómo analizaste el confinamiento? ¿Qué impacto tuvo en las artes escénicas?

—El contexto de la pandemia fue sumamente crítico para las artes escénicas. Las gestoras y los gestores que se quedaron sin trabajo, los y las artistas que son monotributistas, los espacios culturales que debieron cerrar sus puertas pero que a su vez siguieron pagando el alquiler, todo fue muy problemático. La situación laboral de artistas, trabajadores de las artes escénicas, bailarines y bailarinas, técnicos que muchas veces trabajan en los espacios oficiales y no tienen un trabajo en relación de dependencia. Y aunque hubo algunas medidas paliativas no pudieron suplir la situación en la que se encontraron. Digamos que era una situación que no se advertía con tanta gravedad hasta la pandemia del 2020 porque veníamos de un repliegue, de menos inversión en la cultura, pero de ningún modo una crisis tal como la que vivimos el año pasado. ¿Qué pasa con el rol de trabajadores de esos artistas, qué tipo de cobertura tienen, qué pasa a nivel gremial, qué tipo de contención puede tener el Estado? Lamentablemente las medidas con respecto al arte en instancias de políticas culturales están limitadas al fomento y eso hace que sea un vínculo bastante simple. Como artista te presentás a un subsidio, como Estado te lo otorgo y ahí se termina la relación. Entonces se nota la precariedad de limitar una política cultural de fomento al otorgamiento de subsidios. Lo del 2020 demuestra que la política cultural debe ser más completa y compleja.

¿Hay algo de las políticas culturales diseñadas e implementadas por el Estado en la primera mitad del siglo XX para tomar como aprendizaje?

—Una de las cosas que me interesa recuperar a raíz de lo que me preguntás –no solo el rol del Estado que me parece fundamental a la hora de programar y pensar a la sociedad, a la hora de ofrecer y establecer vínculos con la educación–: en principio hubo una planificación cultural: durante el primer peronismo se establecen muchas líneas y se pueden pensar previamente y no trabajar sobre la marcha. Que se piensen contenidos y se piensen fundamentos, quiénes van a ejecutar esas políticas, no solo capacitar a las personas y tener recursos técnicos, sino tener personas capacitadas, una diversidad cultural a tener en cuenta, la preservación de la misma, estar atentos a lo que consumen todos los sectores, los medios pero también los populares. Porque desde el Estado se tiene que contemplar esa diversidad de consumos y se tienen que ofrecer otros, esa heterogeneidad debe ser entendida en su complejidad. Argentina es muy diversa y su cultura también. No todo fue perfecto pero hay mucho para pensar eso en el presente.

*Yanina Andrea Leonardi es investigadora de Carrera del Conicet. Doctora en Historia y Teoría de las Artes por la Universidad de Buenos Aires y Profesora en Letras (UBA); investigadora del Instituto de Historia del Arte Argentino y Latinoamericano de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Como Investigadora de Carrera del Conicet, su trabajo se centra en el estudio de las “Prácticas y formaciones artísticas de intervención política destinadas a los obreros en la Argentina del siglo XX”.
La pintura que ilustra la nota es de Daniel Santoro:
“Vuelta a clase en invierno neoliberal”
Acrílico y carbón s/papel. – 70 x 50 cm. 2018.
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Sobre el autor:

Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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