Se va Fallabella y se abren interrogantes para la ciudad, porque se va el ícono del microcentro, el lugar que convocó durante décadas al paseo antes que a la compra, el shopping antes de que llegaran los shoppings. Algo distinto a todo y un orgullo de la ciudad, si es que se nos permite estar orgullosos de un negocio o de una empresa que no es nuestra –sería quizás nuestro pecado progresista tolerado. De hecho, cuando cerró La Favorita en la década de 1990 la empresa extranjera que vino a reemplazarla también vino a decir que no había pasado nada, que cambiaban la cartelería y todo seguiría igual, que los dejemos a ellos nomás que se encargan. Vaya tranquilo, señor rosarino, duerma tranquila señora rosarina, su tienda está en buenas manos.

Durante las décadas de 1960 y 1970 se había discutido el concepto de desarrollo asociado en el ámbito de las ciencias sociales. El mayor exponente en favor de esta tesis, Fernando Henrique Cardoso (eminente sociólogo que sería presidente de Brasil muchos años más tarde) sostenía que el desarrollo económico se podía lograr asociando al capital extranjero en los procesos de crecimiento nacionales en América Latina. La inversión extranjera, en esta mirada, ayuda al crecimiento proveyendo capital y tecnología, de la cual carecíamos y, en última instancia, no importa la nacionalidad del capital. El desarrollo económico llegaría de todos modos. No importa el color del gato, lo que importa es que cace ratones, sostuvo algunos años más tarde Deng Xiaoping al abrir la economía china asociándose al capital extranjero.

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El obstáculo a este optimismo aparece en momentos de crisis, porque una mariposa aletea en Santiago de Chile y provoca un tifón en Rosario. Y ante la tormenta no hay una empresa rosarina a la cual sentar a la mesa del intendente Pablo Javkin, llevar a “De 12 a 14” o convocar a una vecinal en Las Flores. Sólo hay decisiones tomadas más arriba, en un esquema de la banalidad del mal capitalista: nadie es responsable, todos cumplen órdenes. Una decisión económica pensada para un mercado latinoamericano en el cual Rosario es sólo un pin en el mapa virtual de sucursales arrasa con el trabajo de 110 personas empleadas y con la vida cotidiana de la peatonal.

Rosario, antes de ser la ciudad del helado artesanal y de los sicarios, fue la ciudad de la industria metalmecánica y, antes, fue la ciudad del comercio. La que creció a oleadas y tenía más de 250.000 habitantes hace un siglo, cuando ya se erguía el edificio de los García en la esquina de Córdoba y Sarmiento. ¿Qué hacemos ahora con el emblema del comercio local? ¿Volvemos a esperar una inversión extranjera que nos devuelva la tienda por departamentos, esa anomalía rosarina, ese Macy’s de entrecasa, el Corte Inglés a metros de las columnas de La Capital? Hacer eso sería comprarse hoy el trauma de la próxima década. Volver a rezar cada noche antes de dormir que a ningún consejo de administración en Nueva York, Madrid o Santiago se le pase por la cabeza reencauzar sus negocios.

Si me preguntaran por un posible reemplazo, imagino algo que rescate la tradición comercial local: nostalgia multiespacio rosarina y santafesina. Donde artistas y artesanos puedan vender y exponer. Donde las colectividades puedan darnos su magia culinaria no sólo 10 días al año. Donde llegue la producción barrial y comunitaria de alimentos, pero también los quesos de la cuenca lechera y los embutidos de los pueblos del sur de la provincia. Donde puedan convivir quienes diseñan ropa con los juguetes artesanales. Me dirán que ya tenemos el Mercado del Patio y el de Frutos Culturales y que esto será una versión céntrica. Pero bueno, al fin de cuenta las y los rosarinos seguimos siendo gente sencilla, nos gustan las pequeñas cosas, tomar un helado por Pellegrini, salir los sábados a la mañana al centro y, antes de decidir para esa tarde ir a tomar mates en algún parque, caminar por la peatonal hasta encontrarnos con nuestros afectos en la esquina de La Favorita.

El punto central pasa por convertirlo en un espacio económicamente sustentable. Sus perennes dueños, herederos de los García, cobran un alquiler y no van a dejar de hacerlo. Para lograr esta viabilidad, el espacio de La Nueva Favorita tiene que lograr una coherencia y organización de negocio que permita recaudar lo suficiente. Eso se puede lograr únicamente con la escala y la planificación de una empresa pública. Ejemplos recientes de gestión de empresas públicas, como la SEMTUR o el aeropuerto Islas Malvinas han sido exitosos por lo que parece un camino que ya se empezó a recorrer y que tiene mucho más futuro que pasado: la coordinación y planificación desde el Estado Municipal junto con la innovación y el entusiasmo de las rosarinas y rosarinos en modo inteligencia colectiva. No tengo dudas de que en futuras mañanas de sábado seguiremos encontrándonos en el centro y, ante la duda, preguntaremos como siempre ¿está bien a las diez y media en la puerta de La Favorita?

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Acerca de Lavih Abraham

Se licenció en Economía en la UNR y cursó maestrías y el doctorado en Ciencias Sociales en Flacso. Es miembro de la Sociedad de Economía Crítica, participó de encuentros y publicó artículos en Argentina y Uruguay. Integra también MATE (Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía) donde se producen informes regulares sobre la […]

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