TenÃa un ejemplar de El Centro* y se lo llevó mi hermana a Japón, que vive allá. Quise comprarlo y me dijeron que ya no quedan. No importa. No tengo el libro que recopila tus fotos pero tengo las fotos. Las tengo presentes y perdidas; reinventadas, exactas, confusas, sentimentales y estrictamente realistas.
Cuando te entrevisté para hablar del libro habÃan pasado ya siete años de su salida. No estábamos en una fecha aniversario ni nada por el estilo. Tampoco se trataba de una mirada curiosa hacia algo de otros tiempos. Quiero decir, no habÃa muchos justificativos, en términos periodÃsticos, para hacer la nota. Pero siempre intenté hacer lo que necesité. Escribir cosas que tengan que ver conmigo. Escribir sobre asuntos que me importaran.
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En la charla te dije:
—Qué buena foto la del hombre que toma café en el minimarket, un dÃa mataron a uno en la pensión de al lado.
La foto muestra a un viejito que lee el diario en un minimarket que es un quilombo: estantes desprolijos, paquetes de mercaderÃa dispersos, una hilera de cabinas para hablar por teléfono.
A vos te sorprendió que te comentara lo del asesinato, y me preguntaste cómo lo sabÃa. Bueno, yo también le prestaba atención a esos lugares. No sé qué edad tenÃas cuando hiciste esas fotos. Pero ese minimarket me recuerda a mis diecisiete y dieciocho años. Andaba por esas calles, dando vueltas.
Otra vez te dije que iba a escribir sobre la foto de la mujer del comedor Paraná, que ya vieja se sentaba entre la barra y el salón y, desde ahÃ, miraba su lugar de mundo. No lo hice. Porque soy escritor pero además soy vago, y tengo infinidad de ideas que no realizo. Igual no tenÃa mucho que decir, solo querÃa participar de la foto de alguna manera.
Tus fotos hablan de lugares que se están despidiendo. JoyerÃas, tintorerÃas, peleterÃas, bares, galerÃas de oficinas. Los detalles dan cuenta de eso. Los carteles, los decorados, los pisos, los adornos, todo viene de antes y sigue ahÃ.

Un piso de mosaicos gastado que da lugar a una puerta doble, de esas con banderola arriba, en lo que parece el pasillo de una pensión. En los vidrios de la puerta hay un montón de plantillas para zapatillas de distintos colores y un cartel hecho en fotocopia que dice MercerÃa. No sé por qué, pero ahora esa foto viene a mÃ.
En la mayorÃa de las imágenes no hay gente. Tu trabajo es una suerte de arqueologÃa sentimental. Me gusta que la sombra sea protagonista, me gusta que no haya ruido. Me gusta que todo sea frontal, evidente y a la vez sutil.
Tus fotos retratan lugares de antes que ahora son más de antes todavÃa. Muchos se fueron o se remodelaron. No me sorprende. Me sorprende que algunos sigan iguales, o casi iguales.

¿Cuánto aguanta un comercio siendo idéntico o, al menos, parecido sà mismo, en una ciudad donde el mercado inmobiliario y el lavado de dinero se llevan todo puesto?
Por suerte tus fotos no son tristes, melancólicas ni dolidas. Son tiernas.
El Centro. Lo que queda (lo que quedaba), arquitectónicamente, materialmente, del núcleo de una ciudad dedicada al comercio, al contrabando, en algún momento a la industria.
Mentira. Esa es una descripción muy formal. El Centro es un retrato realista y fantasmal de los espÃritus que viven en los objetos y en las edificaciones que los contienen. Sillas, mesas persianas, cajas registradoras, algún póster. O de los espÃritus que nacen de la conjunción de todo esto.
Nos vemos, y si no nos cruzamos en la ciudad, igual nos cruzamos. Chau.

* Presentación de la reedición de El centro (EMR) de Paulina Scheitlin. En 2012, la Editorial Municipal de Rosario edita El centro de Paulina Scheitlin, dando inicio a la colección de libros de fotografÃa contemporánea. Trece años después, y a pedido del público, este libro vuelve a editarse y se presenta el viernes 19 de diciembre en GalerÃa La Toma de Rosario, Tucumán 1349.
