Uno

Este texto es la introducción al fanzine del taller Serás más que un verano. Cada encuentro del mismo fue construido con una dinámica de lectura y escritura sobre lo contemporáneo. Se leyeron y trabajaron consignas con fragmentos de obras de distintos escritores y escritoras argentinas.

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Mañana nunca se sabe

Gonzalo Aloras publicó “Síndrome de Greta”, libro en el que piensa la época desde “lo que puede un cuerpo” de un movimiento social y la alegría de la resistencia a la destrucción capitalista.

El collage de voces narrativas fue construído mediante la literatura de Ariana Harwicz, Camila Fabbri, Carlos Busqued, Fabián Casas, Juan Diego Incardona, Julia Kornberg, María Gaínza, María Negroni, María Moreno, Sonia Budassi y Paula Puebla.

Acá podrán leer los relatos de sus integrantes: César Suppo, Leonela Sagasti, Facundo Petrocelli, Javier Segata, Josefina Cricco y Juan Bautista Aguilar.

 

Dos

Adornar un hogar con extractos de naturaleza y coordinar un grupo de personas que desean construir un lugar para leer, escribir y ser leídos, pueden ser dos actividades parecidas.

Para cosechar se necesita tiempo, para escribir un relato también. Para podar se necesita precisión para editar también. Para hacer crecer o revivir una planta se necesita riego, limpieza, abono, una exposición justa al sol y a la sombra, para hacer crecer o revivir un texto también se necesitan herramientas simbólicas y cambios posicionales. Para leer se necesita el mismo silencio que se precisa para escuchar el susurro de la naturaleza. Concentración.

Existe la mano verde, la buena prosa, los talentos pero también existe el trabajo, la mejor herramienta para combatir las cualidades precoces. La literatura y la jardinería, nobles hijas de la lentitud, la paciencia y la perseverancia, son dos técnicas que mejoran cuando se las ejercita.

 

Tres

La literatura y la jardinería son dos técnicas que se comprenden pero no se justifican, por esa y por otras razones, estas dos formas de habitar el mundo no son útiles para el alma mercantil de la época.

Comprender no es justificar, es otra cosa, es un proceso mucho más difícil. La comprensión no tiene como aliada a la precipitación, ni la inmediatez, es un trabajo ambivalente y arduo. 

Es mucho más fácil justificar que comprender. Encontrar las causas de un fenómeno, ir tras sus pistas, entender porque una palabra suena mejor que otra, analizar porque una planta crece de tal manera en un lugar y no en otro son acciones que necesitan tiempo y espacio. La comprensión tiene guías pero no manuales, es una fórmula: prueba más error más contingencia.

 

Cuatro

Toda lista no contiene una forma de ver la realidad, toda lista construye una realidad. En un departamento tipo (living, comedor, cocina, baño, dormitorio y balcón) acá, allá o en cualquier lugar del mundo, puede haber, con gran entusiasmo, tres tipos de plantas: exteriores, interiores y todoterreno. Un taller de lectura y escritura puede ser habitado por tres tipos de participantes catalogados de la misma manera.

 

Cinco

Las plantas todoterreno no requieren mucho riego, ni mucho sol, ni mucha sombra, tampoco una iluminación específica, son las más sencillas de cuidar en lo cotidiano.

Cada un tiempo, precisarán de un trasplante o un cambio de tierra si es que se las quiere ver crecer o cambiar de forma. Son de fácil reproducción y dejan hijos desperdigados por distintos lugares, casi nunca mueren pero pocas veces sorprenden. Entre estas plantas se pueden encontrar algunos cactus, suculentas y arbustos silvestres.

Los participantes todoterreno asisten a cada clase, leen el material, escriben lo justo y necesario, participan muy de vez en cuando, acotan poco y escuchan mucho, son ese estilo de personas que cumplen y obedecen, son los más fieles, los que construyen el sentido profundo de la permanencia.

 

Seis 

Las plantas de interior son recelosas, precisan una ubicación específica, un tipo de riego espaciado, una sútil y precisa exposición al sol que ingresa desde los ventanales, una mayor atención al crecimiento de sus hojas y una temperatura predilecta para su crecimiento armónico.

Son por definición las plantas más débiles pero las más hermosas. Saben crecer en muebles, pisos, estanterías, apropiarse y ser dueñas de la casa, sus valores decorativos y salvajes camuflan sus esporádicas traiciones.

Los participantes de interior entregan su potencia a cuenta gotas, leen murmurando textos breves que suenan perfectos. Son difíciles de llevar porque son personas que saben escribir, que confían en ese saber y así les cuesta más, su talento es su arma de doble filo porque confunden el piso con el techo.

A esos participantes les cae bien esa frase que escribe Felisberto Hernández en Por los tiempos de Clemente Collins: “No creo que solamente deba escribir lo que sé, sino también lo otro”.

 

Siete

Las plantas de exterior, por su carácter de vida silvestre y su relación con la intemperie son las que mayores riesgos corren pero también son las que más crecen, dan mayor cantidad de frutos y flores. Su potencia está relacionada con lo variable. Saben soportar los daños con mayor facilidad pero también son esas plantas que pueden desaparecer de un día para el otro sin aviso previo.

Son ese estilo de participante que puede faltar a tres clases seguidas pero puede volver con un texto increíble. A ese estilo de participantes es importante construirles un tutor para guiar su crecimiento y que los cambios epocales no le sean tan bruscos.

 

Ocho

Un alumno llega a un taller con una idea fantástica, comienza a escribir, un párrafo, dos párrafos. Cuando frena, se aburre y decepciona. No escucha entonces no corrige, deja el texto y abandona el taller. 

Un día vuelve, comienza otro texto, escribe de un tirón dos carillas, no son buenas pero persiste, hay algo en su forma de ver eso que acaba de crear que es distinta. 

Lucha hasta encontrar el tono, las acciones, los personajes, el sonido de los diálogos, los climas, es decir, los verbos, los sustantivos, los adjetivos, las palabras adecuadas.

Una planta crece en un balcón, sus hojas son verdes, carnosas y su tronco está firme, agarrado a la tierra con entereza. Pasa un tiempo, llegan otras plantas a la casa, después una mudanza, y la misma planta se deprime, sus hojas se chamuscan, pierden el color, su tronco comienza a padecer, el agarre afloja y con el paso del tiempo se muere.

Alguien puede no escribir y empezar a hacerlo, puede escribir y también dejar de hacerlo, una planta puede florecer en una época que no es la indicada para su especie o puede morir de un día para el otro por una plaga incontrolable.

Las plantas pueden cambiar, las personas también. Su relación con el ambiente las afecta, ambas son también lo que sucede a su alrededor. Toda taxonomía contiene en sí misma una trampa.

 

Nueve

Podar las hojas de un ficus que crece en una estantería, modificar el orden de las oraciones en un párrafo, son formas de alejarse y abandonar el espacio tiempo actual. Ir hacia los rituales en una época vacía. Habitar un taller y armar un jardín, escribir, leer o regar una planta, hackear la velocidad del presente.

La contraposición entre cultura y naturaleza es una lectura. Oponer lo silvestre a lo civilizatorio es un error. La naturaleza es lo que hace lugar ante condiciones adversas. Lo natural es la mutación, las transformaciones y el ensamble de la historia, lo contradictorio.

Lo cultural es lo rígido, lo natural es lo sorpresivo, lo cultural son las formas preestablecidas de pensar el mundo, lo natural, como decía Derek Jerman es lo que se cultiva.

Pasar horas eligiendo el comienzo de un verso o armando un tutor para hacer subir una enredadera hasta el cielo son dos preocupaciones nimias que permiten otro tipo de conexión con el presente.

Los textos que siguen a este texto son eso, pequeñas plantas que crecieron en un hogar fuera del hogar.

logros
Sobre el autor:

Acerca de Andrés Mainardi

Nací en Rosario en 1996. A veces estudio Comunicación Social. Escribo para cazar fantasmas. A la vida no se viene a ser feliz o infeliz: se viene a aprender lo que te enseñan los amigos.

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