Esta conversación se inicia en el marco de una ciudad sitiada por Casa Páez, fenómeno que movilizó multitudes en los distintos teatros, butacas de terciopelo más ancestral y campos a la vera del Paraná el pie del Monumento Nacional a la Bandera.

Las aglomeraciones escucharon a un Fito Páez pletórico, enamorado, en medio del desastre local, regional, nacional, global e intergaláctico. Encantó a rosarinos y rosarinas y también a visitantes que lo vieron expandirse como nunca. La ciudad de pobres corazone vibró por un espasmo al ritmo del movimiento Páez. Ante ese delirio musical, acompañando en vivo notablemente con su participación especial el disco Novela, Lorena Vega clavó dos funciones de Yo, Encarnación Ezcurra.

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La salvación por el teatro

Omar Serra, es un "escapista". Uno de los creadores de la dramaturgia transgresora y under, cuenta su vida: de Mar de Ajó a Buenos Aires, las drogas, la locura, Ionesco y de vuelta a Rosario.

En esta obra, que lleva 10 años en cartel, ofrece cuerpo y voz a un fenómeno cultural histórico. “Con el público de Rosario pasa algo muy particular que es que ya hay un lazo estrecho. Todo el tiempo me hablan como si fuese local. Realmente es un espacio en el que se tejió algo muy fuerte y eso también me hace pensar en volver. Me dan muchas ganas, disfruto la ciudad que ya me gustaba desde antes, pero además me hace pensar en construir más cosas. Charlar con la gente, que se emocionen y que se arme esta sensación de fiesta, de encuentro. Es muy multiplicador pensar que todavía se pueden generar más cosas y la verdad es que las visitas son posibles gracias a la actividad que tiene Rosario y a sus hacedores. Hemos viajado en alianza con actrices y actores locales independientes que nos abrieron las puertas para que empiece este intercambio que fue muy fructífero y lo sigue siendo”, dice Vega.

Tres amigas, Alejandra, Virginia y Lila, coincidieron en el teatro durante esos días locos en los que Lorena dejó un surco urbano para la cultura de nuestra ciudad, la rodean con preguntas, pensamiento y afectividad en este intercambio:

 

Lila Siegrist: La presencia del espejo en el escenario, que habilita posibilidades expandidas en lo plástico y en lo narrativo y que lleva a múltiples referencias artísticas de la pintura, de la literatura, del cine y por supuesto del teatro ¿cómo la trabajaron en la obra? Nos da curiosidad.

Lorena Vega: El espejo es uno de los elementos centrales y principales que capturó del texto Andrés Bazzalo, el director de la obra, un poco teniendo en cuenta todo esto que se plantea en tu pregunta. El objeto espejo da nuevas posibilidades. El reflejo como identidad, como identikit, como ampliación de escenarios, como intimidad, como frontalidad. Volver a ese lugar del reflejo y de algo que se habla mucho en la obra al asumir una identidad; en algún pasaje Encarnación dice “mi cara es federal. Yo apesto a federal en cada poro”; también dice que su madre le decía “usted es india, usted es lo que es y aprenda a sacarle lustre”. Ella también dice “voy a dejar mi cara partida, la que mostré y la que había que adivinar”. El espejo ofrece lo que se puede ver y lo que está escondido; lo que se muestra; lo que tiene que ver con la apariencia y lo que se oculta. Lo que conviene que no se conozca o lo que no se puede decir. La especulación. Ese juego de claroscuros, ese juego de exposición y retracción. El espejo ofrece juegos de frontalidad desplegados en el espacio, para volver a un anclaje de  postas en el espacio escénico. Debajo del espejo, aparece un sin fin negro, que lo podríamos pensar como un gran inconsciente en el que Encarnación está sumergiendo sus últimas horas de vida. En esos momentos en que se encuentra afiebrada, con saltos en la memoria un poco erráticos y aleatorios, el espejo funciona como lugar en el que miramos la realidad cruda. En ese espejo ella se reconoce en sus decisiones.

Lila Siegrist: Claro, aquí en Encarnación, el espejo es ventana, es compañero, es ágora, es platea, es rostros, es un frontón coqueto en la conversación monologada, que propone intriga y ampliación de sentidos. El espejo como umbral para la construcción colectiva política y poética. Y en esta obra, el espejo abre, abre, abre.  Esta obra expande. Genera conversación, como esta que estamos teniendo entre nosotras, y que seguramente se estará replicando en otras charlas que vieron la obra.

Vir Giacosa: Es increíble como la obra provoca un debate sobre el rol de la mujer en la política y la construcción de la identidad argentina. Vemos en Encarnación a una mujer adelantada a su tiempo pero sobre todo vemos a una operadora política. ¡Una rosquera total! Me mata cuando dice: “No soy la mujer de Rosas, soy el cerebro”.

Lorena Vega: El lugar de la mujer es uno de los puntos centrales de la obra. El efecto de shock que genera pensar en el rol de Encarnación en una época tan lejana, en relación con las mujeres sin derechos, y sin embargo ella ocupaba un lugar muy importante en el ámbito de la política.

Alejandra Benz: En el monólogo vemos como Encarnación fue construyendo ese poder cuando se da la retirada de Rosas al desierto, ver cómo queda una mujer defendiendo sus causas amorosas y maritales, cuidando una casa, cuidando hijos, cumpliendo funciones instrumentales muy claras, asumiendo un rol de informante y estratega y poniendo a raya a todos estos varones que rodeaban el poder.

Vir Giacosa: La obra recupera una figura, la de la esposa de Rosas, que la historia oficial quiso borrar. Incluso, muchas veces la dejó relegada detrás del aura de Manuelita, su hija, que la sucedió en gestiones varias y también en devoción popular. Aunque todo la ubica como socia y hacedora del ascenso al poder de su marido, pareciera haber cierta contradicción: ¿al ser la palabra de Rosas, perdió su voz propia? Algo que interesante de la obra es ver el desdoblamiento de la Encarnación valiente y audaz que va de reunión en reunión, y cierta maña para lidiar con los vínculos de la vida más bien doméstica: el rechazo de una suegra que la quería poco y el ordenamiento de las criadas, que va del servir al espiar.

Lorena Vega: La obra está articulada a través de la lectura de las cartas que dejó Encarnación y en las que Cristina Escofet, autora de la obra, se basa. Esas cartas reales, que son patrimonio y documento de nuestra historia, nos permiten leer de puño y letra cómo pensaba Encarnación, qué sentía y de qué manera le interesaba transmitir su poder. También hay en la escritura giros de mucha ironía con humor
inteligente y punzante. Encarnación hacía propuestas a Rosas, le daba indicaciones, y se evidencia en sus cartas una personalidad muy potente, de avanzada, diría yo. Fue pionera en ocupar un lugar y en asumir una centralidad en decisiones de gestión, en decisiones políticas.

Alejandra Benz: Me encanta que el origen del texto sean esas cartas. Cuando una produce una carta pone minuciosidad y detalle para decir lo que quiere decir. Ajusta el texto a la intimidad. Para que aparezca esa voz que, por momentos, está tan enojada, por momentos tiene miedos, que revela lo íntimo y lo doméstico de ese vínculo. Por todo esto me resulta espectacular.

Lila Siegrist: Y acá las cartas se vuelven no sólo testimonio, sino una herramienta con doble filo. Agudísimas. Las cartas como amor, como testimonio, como instrumento público y como fuente primaria y, ahora una vez la investigación de Escofet, como documento historiográfico. Así obra magnánima del teatro en el cuerpo Vega. Vuelvo: las cartas son el material más editado, nos detenemos mucho en el momento de escribir y enviar una carta. Nos editamos, nos autoeditamos. Y la obra se sostiene en esa lectura transgeneracional de las cartas, que se vuelven transhistóricas.

Vir Giacosa: Pienso en cómo se va resignificando la obra según pasan los años y de acuerdo a cómo cambian los contextos políticos en los que sucede. La obra termina siendo más que actual, pese a la distancia con los hechos históricos que le dan lugar. ¡Es imposible que no se vengan a la cabeza otro montón de mujeres de la historia política del país más o menos reciente!

Lorena Vega: La obra cumplió en abril 9 años de existencia, es decir que atravesó distintas gestiones políticas y momentos históricos de nuestro país; de ésta casi última década y siempre tuvo vigencia. Siempre parecía reactualizada y que estaba visitando el pasado nombrando algo del presente. Creo que esta cuestión, que ya viene desde la época de la colonia, donde hay dos grandes formas de pensar la construcción de nuestro país, se sigue replicando y sosteniendo en el tiempo esa discusión, como puja y hasta como batalla. La obra está situada un poco en la génesis de esa discusión. Entonces es muy posible ponerle caras de personas actuales, en los personajes de esa época que se nombran en la obra o pensar estos distintos actores sociales que hoy conocemos corporizados en movimientos o personajes de aquella época. Ese traspaso o ese juego de analogías es parte de los comentarios del público en la salida del espectáculo y siempre hay una gran sorpresa en la tremenda actualidad que la obra tiene. Siendo que está situada alrededor de 1830, años más años menos, y esto demuestra su resignificación y su vigencia.

 

Alejandra Benz: En la obra se va urdiendo toda esa historia y bueno que sea Lorena Vega la que pone el cuerpo a esta Encarnación, y encontramos una potencia absoluta porque ella es un animal. Creo que hay algo entre esa frontera entre lo seductor del poder de esa mujer que queda anclado muy bien en ese cuerpo y en esa voz que le presta Lorena a Encarnación.

Vir Giacosa: No sé si sentís que te define más la palabra actriz o la palabra performer. Pero hay algo de lo que sucede cuando te vemos en el escenario que es performático. Siento que pones en juego un accionar donde sos canal, médium, vaso comunicante al encarnar a un personaje, en este caso una mujer histórica, pero que a la vez tenés la capacidad de traernos algo como del más allá. Un accionar con todo el cuerpo, donde perforás hasta hacerla hablar aquí y ahora.

Lorena Vega: Me define actriz, sí ante todo hay una actriz inevitablemente. Tengo todos los estigmas, colores y asuntos intrincados que puede tener una actriz. Pero también creo que la actuación es un canal y un vaso comunicante y, en ese sentido, quienes actuamos también somos médium.

Lila Siegrist: ¿No les parece que en la obra de Lorena emerge un horizonte para pensar el arte, la política y las subjetividades?

Alejandra Benz: Podríamos hablar horas de Encarnación, los que la queremos y los que no también. Se han escrito páginas sobre ese personaje tan fascinante y magnético propio de lo que generan las mujeres corridas de los lugares de poder. Encarnación y Lorena toman, y luchan a capa y espada, con la palabra y el cuerpo hecho voz y palabra, operando situaciones de poder muy alucinantes.

 

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Ficha técnica:
Actúa: Lorena Vega
Dirección: Andrés Bazzalo – Dramaturgia: Cristina Escofet
Música Original: Agustín Flores Muñoz; Sebastián Guevara; Malena Zuelgaray
Músicos en vivo: Martín Miconi; Victoria Tolosa
Vestuario: Adriana Dicaprio
Diseño de luces: Soledad Ianni
Asistencia de dirección: Pablo Cusenza
Dirección Musical: Agustín Flores Muñoz
Producción local: Pulpo Producciones
Sobre los autores:

Acerca de Alejandra Benz

Es psicóloga, poeta, lesbiana, gorda. Autora de Torta alemana de la Colección Brillo de poesía Joven editada por Iván Rosado.

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Acerca de Lila Siegrist

Nació en Rosario en 1976. Es artista visual, editora, productora cultural. Actualmente es Asesora Experta en Análisis de Gestión Cultural, Jefatura de Gabinete de Ministros, Presidencia de la Nación. Se ha desempeñado como Subsecretaria de Industrias Culturales y Creativas, Municipalidad de Rosario (2015-2018), como Directora Provincial de Comunicación Estratégica, Gobierno de la Provincia de Santa Fe (2018-2019). […]

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Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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