El prestigioso economista serbio-estadounidense Branko Milanović publicó este artículo sobre el final de la serie Succession en inglés en GlobalInequality, su blog personal. Menos interesado en los debates que originó la serie de HBO por algunas de nuestras más notables observadoras del fenómeno, apuntó a la genealogía y matriz de esa forma de vida que llamamos capitalismo. Desde siempre un estudioso de la desigualdad, su análisis señala un escándalo invisibilizado: el capitalismo actual no permite ser exitoso y ético a la vez. Sus fuentes no son el marxismo ni el keynesianismo, sino quien se considera uno de los padres del capitalismo, Adam Smith. P.M.

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Si de algo nos sirve Succession es para acabar con la ilusión del capitalismo ético. Los temas son los mismos que aparecieron en los inicios de la sociedad comercial, y fueron discutidos por Bernard Mandeville y Adam Smith. La pregunta era la siguiente: ¿puede conciliarse el uso descontrolado de lo que convencionalmente se consideran vicios, a saber, las pasiones por el poder y la riqueza, con la existencia de una sociedad ética? ¿Puede ser ética una sociedad que pone en el pedestal la adquisición de riquezas, la considera el atributo social más deseable y considera a los ricos dignos de emulación?

Es importante hacer aquí la distinción entre una sociedad ética y una sociedad donde la adquisición de riqueza se realiza dentro de las normas legales. Según Hayek, hablar de ingresos “justos” no tiene sentido (ni la ética debe estar en absoluto involucrada en el juicio de cómo se obtienen los ingresos de mercado); lo único que importa es si se han obedecido las reglas del juego. Pero eso no significa que adquirir ingresos siguiendo las reglas del juego sea suficiente para que una sociedad resulte moral.

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Adam Smith, mientras criticaba lo que yo llamo en The Visions of Inequality (“Visiones de la desigualdad”) el “capitalismo realmente existente” y la forma en que la riqueza se genera a través de la esclavitud de las personas, el saqueo, el monopolio o el ejercicio crudo de la política aún mantenía abierta la posibilidad –en segundo plano– de que una sociedad comercial pueda ser ética. Para ser ético, debe minimizar el uso y la capacidad de apelar al poder. El poder llega ya sea a través de la capacidad mediada políticamente para imponer las propias preferencias o a través de la capacidad de ordenar a otros, a cambio de un pago, que hagan lo que deseamos. El uso del poder puede reducirse al mínimo si existe una competencia plena para que los actores no puedan influir en los precios y las condiciones en las que venden sus productos. Esto descarta monopolios, oligopolios y poder económico derivado de la política. Pero además de los mercados de salida, también es importante minimizar el ejercicio del poder dentro de las empresas. Las empresas, especialmente cuando son grandes, están jerarquizadas. Cuando son jerárquicas, el poder de los de abajo se reduce y el de los de arriba aumenta proporcionalmente.

El “ideal capitalista” de Adam Smith que, creo, combinaría eficiencia y agencia se realizaría en pequeñas empresas, ya sean familiares o con pocos empleados, permitiendo que se escuche la voz de los empleados y reduciendo el poder de los propietarios del capital, mientras compite en igualdad de condiciones con cientos de empresas similares. El poder se dispersaría y el poder de todos se mantendría bajo control por el poder similar de los demás. Tal sociedad nunca permitiría que los «amos» se vuelvan lo suficientemente poderosos como para dictar decisiones políticas. Por lo que serían así políticamente iguales también.

El problema es que las sociedades capitalistas actuales son cualquier cosa menos un “capitalismo ético” a pequeña escala. Nuestro mundo, por el contrario, es un mundo de grandes corporaciones, monopolios, competencia despiadada entre tales corporaciones, así como dentro de las corporaciones mismas, donde los trabajadores no tienen derecho a tomar ninguna decisión e influir en el proceso de producción que los mantiene alienados. Es el mundo de la mercantilización extrema y las relaciones jerárquicas. Las relaciones jerárquicas dentro de las empresas y las diferencias jerárquicas de poder entre las empresas permiten que los más ricos asuman un papel político que hace que la sociedad parezca una plutocracia.

El valor de Succession es que nos muestra claramente ése mundo, sin cometer el error de introducir actores extremadamente inmorales que violan la ley. La fuerza del guión radica en que todos los intérpretes se mueven dentro de los límites de la legalidad sin, por eso mismo, ser éticos ni comprensivos. Todos siguen únicamente el interés propio y exhiben en el proceso grandes volúmenes de amor propio y son ajenos a cualquier consideración moral. Aparte de la necesidad de permanecer dentro de la ley o, acaso más exactamente, de no ser descubiertos por haber infringido la ley, todo está permitido.

Todos viven en el mundo de la zona gris de la moral. La zona gris es tan generalizada que es imposible distinguir entre aquellos personajes que exhiben matices más oscuros de bajeza moral de aquellos que pueden mostrar algunos matices más claros. Este comportamiento no se limita a la vida profesional sino que se filtra en la vida familiar. En Succession esto es obvio desde el principio porque la cuestión es quién de entre los hijos sucederá al padre y, por lo tanto, la mayor parte de la acción tiene lugar dentro de la familia. Padres e hijos se comportan entre sí de la misma manera que se comportan con todos los demás: sus empleados, proveedores o inversores. La comercialización y el comportamiento amoral han invadido la vida familiar a tal punto que ya no hay diferencia entre la familia y el resto del mundo. Solo hay esa zona gris moral unánime entre los personajes y entre la vida profesional y privada.

Esta ausencia de diferencia de comportamiento entre las dos esferas (la privada y la profesional) es algo que habría sorprendido a Adam Smith. Porque sus dos grandes obras La teoría de los sentimientos morales (TSM) y La riqueza de las naciones (RDLN) fueron escritas para aplicarlas a dos esferas diferentes de nuestra existencia. TMS se ocupa de nuestras relaciones dentro de la familia, con amigos y otras personas relativamente cercanas a nosotros, a lo que se puede llamar la “comunidad orgánica”. Se supone que RDLN se aplica a nuestras relaciones dentro de la Gran Sociedad, es decir, con respecto a, y en el trato con, todos los demás. Pero en Succession las dos áreas ya no están divididas, ambas son partes del mismo mundo mercantilizado, y las mismas reglas de amoralidad se mantienen ya sea que estemos hablando de familias y amigos o de personas que hemos conocido una vez en nuestra vida. Los personajes principales son notablemente igualitarios en el trato que dan a las personas. Es probable que complazcas a Shiv, Rom y Kendall si eres su primo más cercano o si te conocen por primera vez. La zona gris envuelve a todos.

La incompatibilidad de una sociedad plenamente mercantilizada con una sociedad ética es un problema para quienes –pruebas en contrario– creen que el capitalismo puede ser exitoso y al mismo tiempo ético y se engañan a sí mismos inventando el “capitalismo de tenedores de bonos”, “empresas responsables” , “café o textiles producidos éticamente” y similares. Succession nos desengaña de estas nociones. Más bien con crueldad. La similitud de comportamiento que observamos en la pantalla y en la vida real, y la desolación moral de los personajes, trastorna esta visión ingenua.

Para preservar la fantasía del capitalismo exitoso y ético, una discusión muy superficial de la serie en The New York Times ignora todos los temas mencionados aquí y pone el acento en una característica completamente incidental, a saber, que la empresa por cuya propiedad los hijos se pelean es una empresa de medios que influye en las personas a través de noticias sesgadas. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con la historia principal, que es la historia de la ética y el capitalismo. Exactamente la misma situación habría existido si la empresa hubiera estado vendiendo electricidad como Enron, hubiera estado involucrada en hipotecas “empaqueteadas” como cientos de empresas durante la crisis de 2008, hubiera lavado dinero como Credit Suisse, maltratado a los trabajadores como Amazon o utilizado su poder de monopolio como Microsoft. Entonces, cualquiera que sea la compañía que poseía Logan Roy y sus hijos, no tiene nada que ver con el mensaje principal de Succession. El mensaje principal era desengañarnos de la noción de que una sociedad mercantilizada de avanzada, que para su éxito depende de la “obsolescencia” de las normas morales convencionales, puede ser ética. O podría volverse ética si estuviéramos dispuestos a modificar un par de cosas. Succession dice: no se pueden tener las dos.

 

Nota bene: Se respetaron todos los hipervínculos de la edición original en inglés y se agregaron nuevos. Traducción de Pablo Makovsky.

la ciudad está en obra
Sobre el autor:

Acerca de Branko Milanović

Según la entrada de Wikipedia, Бранко Милановић nació en Serbia en 1953. Es un economista serbo–estadounidense especialista en desigualdad económica, economía de la pobreza, economía del desarrollo, economías en transición, economía internacional e instituciones financieras internacionales. Branko Milanović logró el grado de doctor en economía por la Universidad de Belgrado en 1987 con la tesis Desigualdad en Yugoslavia que posteriormente fue publicado como libro en […]

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