El aislamiento social y preventivo dispuesto desde principios de año por el Estado produjo un impacto determinante sobre los cuerpos. Detrás de las pantallas, la vida siguió pulsando en un intento –desesperado a veces– por no perder el contacto con el mundo. El teatro, esa bestia sensible nacida siempre de la convergencia de unos sujetos en el tiempo y el espacio, también tuvo que inventar sus propias estrategias para sobrevivir. La virtualidad, en este sentido, abrió las puertas a una dimensión aterradora y fantástica en la que nos vimos obligados a volver a soñarnos. Y así se instalaron nuevas preguntas: ¿Cómo tocar al otro, cómo conmoverlo, cómo convocarlo? ¿Cómo lograr que a las pantallas les crezcan manos?

Al grito de ¡emergencia cultural! y alejados de las salas de teatro, algunos de los artistas de nuestra ciudad lo dejaron claro: no podrán con la poesía, no podrán con el deseo, no podrán con la fuerza poderosa de establecer, entre los cuerpos, un roce, un contacto. Entonces el lenguaje encontró las grietas por las que mostrarse. Ríos de ficción, anchos, caudalosos, relumbran y arrasan bajo la forma de un vivo mediado por una cámara o de una voz detrás del teléfono. Como una incandescencia, como una esperanza, los versos de Susana Thénon: “En lo imposible también hay casas”. De Rosario para el mundo: mientras estemos vivos, habrá teatro.

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La materia de los sueños

A través de la plataforma Teatro Uaifai, Jesica Biancotto y Matías Martínez, reconocidos artistas de la ciudad, llevan adelante Onírica (inPerfaz), una experiencia audiovisual en puro presente donde la materia de los sueños dialoga con lo real. La intérprete y el director, con un amoroso equipo detrás, han logrado volver poético el salto ético hacia la incertidumbre. Convirtieron su propia casa, esa que para todos se ha vuelto el lugar absoluto, en un espacio que desborda de resonancias, en una conmovedora caja de los recuerdos donde se encuentran la cámara, la acción, la imagen, la palabra, la luz, el collage. Una superposición de materialidades que estallan en miríadas de significados y se vuelven un mar de telas brillantes, la escena antigua de una mujer detrás de una ventana, un pequeño altar en el que rendir culto al arte. Bajo las lógicas de la performance, aunque encontrando en ella nuevas potencias, Jesica Biancotto y Matías Martínez transparentan las paredes del deseo y nos invitan a entrar. Sin minimizar lo mucho que añoramos todos volver a la presencialidad, estos artistas apuestan a la construcción de un nuevo dispositivo escénico, más permeable, menos definible, una nueva forma en la que lata con más fuerza el corazón de la actividad teatral. La obra se presentará una vez más el domingo 15 de noviembre, a las 21. Si nos atrevemos a compartir la experiencia, quizás logremos que se multiplique y se expanda la belleza.

Tenés una llamada

S.O.S. Experimento Teatral Telefónico es una producción de Paui Aiello y Fran Alonso, jóvenes artistas rosarinos que encontraron en el maravilloso mundo de la voz un territorio fértil en el que dejar crecer la ficción. Se trata de un diálogo íntimo entre un actuante y un oyente, una llamada que irrumpe al horario pactado y que nos permite sumergirnos por un rato en los laberintos del sonido humano. En cada una de las ediciones de la experiencia se incorporan nuevas voces que se suman a las de Alonso y Aiello. Las historias, a su vez, se organizan en función de una premisa. En ellas, la magia de The Beatles entra en escena: “Todo lo que necesitas es amor” (“All you need is love”), “La noche de un largo día” (“A hard day’s night”), “Con un poco de ayuda de mis amigxs” (“Whith a little help from my Friends”), un especial “Mágico y misterioso” y, actualmente, “¿Querés saber un secreto?” (“Do you want to know a secret”). Las voces nuevas son, en este último caso, las de Sol García Casanovas, Paola Santi Kremer y Adriano Espinosa Catalán. Hay funciones viernes, sábados y domingos y las entradas pueden conseguirse a través de Alternativa Teatral. Hay que dejarse llamar y aventurarse al misterio, una experiencia única e irrepetible que tensa los bordes de la ficción hasta hacerlos estallar.

En tiempos de pandemia, el acto poético se convirtió en una herramienta indispensable, en la única posibilidad de intervenir en el presente de los demás. Atravesamos un contexto de incertidumbre y desolación, pero allí está siempre el teatro para recordarnos que todavía estamos vivos y que la verdadera fuerza está en nuestras potencias creativas e imaginativas. En la red, un espacio en el que somos números y algoritmos lanzados al aire, nos volvemos cuerpos a través del lenguaje.

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Sobre el autor:

Acerca de Sol Pierobón

Actriz y estudiante de Lengua y Literatura. Llegó del pueblo a la ciudad de Rosario hace ya muchos años, pero todavía arrastra los paisajes del campo. Participa de producciones audiovisuales y teatrales en diferentes roles. En los últimos tiempos, coordina talleres en espacios territoriales abocados a cuestiones de género.  

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