Compramos dos latas de cerveza y un paquete de papas fritas. Es domingo. Juntos sobrevivimos a una de las tardes más calurosas del año. Hace un rato volvimos de la pileta. La piel bronceada larga olor a vacaciones. Cloro y protector solar. Con ese aroma a colonia de club, nos sentamos en el sillón a merendar. Después del sol, Aftersun. La ópera prima de Charlotte Wells.

Ana baja la persiana. Prendemos el aire, abrimos MUBI. Ella se pone el control en el mentón y clava su mirada. Lo hace girar. Está pensando. Me advierte. Es triste esta historia. Ya sé, le respondo y sonrío. La angustia no angustia tanto si alguien te dice que quiere compartirla con vos. Somos cómplices.

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Uno

La película indie de la directora escocesa es una curaduría. Imagino el proceso creativo. Una mujer, ya de grande, en su casa, un día gris, nublado, cloudy. Una caja de fotos y otra con videocasetes, un reproductor VHS, una filmadora. Ojos de videotape. Un recuerdo es una mano llena de polvo. Un objeto olvidado que vuelve a existir. Un trapo húmedo que refresca la memoria.

Antes de las redes sociales, uno podía elegir y diseccionar cómo, qué y cuándo recordar. Por eso, la película inspirada en una filmadora, no se agota en ese registro fílmico. Aftersun no es lo vivido. Aftersun es crear algo con eso que se vivió. Recordar es crear, inventar.

Facebook dice “tienes un recuerdo”, Instagram comparte un “archivo aleatorio”, Google Fotos muestra dónde estuviste” con una foto de hace cinco años sin previo aviso. El otro día una amiga se largó a llorar de la nada. Estábamos en casa y una de estas aplicaciones le recordó unas vacaciones con su ex pareja. Sin previo aviso. Tienes momentos para recordar imprime el brillo del smartphone. Pero recordar no es la imposición.

El retorno del recuerdo continuo es un presente sin cortes, sin recortes, sin selección. Desde el punto de vista técnico, Aftersun construye un recuerdo y elige. Porque cura. Vivimos un presente de pura nostalgia. Pero Aftersun nos recuerda: la nostalgia es otra cosa.

Dos

Las vacaciones de Calum (Paul Mescal, nominado a mejor actor en los Oscars 2023) y Sophie (Frankie Corio, una excepcional actriz de once años) cuentan mediante esta relación la construcción de un padre a través de los ojos de una hija.

Un padre es algo que se construye. Nunca está dado. Un padre es lo que dicen de él: ese es su privilegio, su tabula rasa, pero también su doble filo, su responsabilidad.

Mientras la película sucede, pienso. Un padre es, antes que nada, un nombre. Algo que se inventa. Por eso un padre es alguien que siempre va después. Un padre es eso que dice Lacan. La no relación sexual. El momento en que un sujeto se inscribe en la cultura. Un padre es puro símbolo, alguien indigno, una hipótesis.

¿Cómo se comprobaba ser padre antes de un ADN? ¿Su identidad? 

Tres 

Es imposible responder la pregunta del padre por la positiva. No hay forma. Esto es Occidente. Y es dialéctico.

La madre es la verdad de la Historia. Alguien de quién nunca se dudó de su existencia. María, sí. La Virgen. La Santísima Trinidad y su locura. El padre fue una paloma pero también fue José, un accesorio. Ese padre que siempre estuvo en segundo plano.

La madre es un lugar donde el cuerpo está en juego siempre. Pienso en el libro El cuerpo es quien recuerda de Paula Puebla. Dos madres. Una hija. La subrogación de vientres. 

Cito la voz de una de sus protagonistas: “Para tu padre fue distinto. ¿Entendés? Sí, que raro un tipo sacándola barata, ¿no? Porque, sea como sea, no tienen que cargar con la criatura nueve meses, no tienen que parir, no les abren la concha con un tajo, no les salen los intestinos para afuera, no tienen que hacer una mierda. Ellos eyaculan y se sientan a esperar, o sea, la gloria. Cómo no te vas a sentir superior al resto de la especie si desde el vamos tenés una tarada al lado tuyo que hace un milagro por vos”. 

Un padre nunca es el protagonista. Los cambios en la maternidad y las paternidades avanzan pero el cuerpo siempre está ahí para decir algo sobre lo inmutable. Hola, existo. A pesar de los avances tecnológicos, las aventuras científicas y todo lo que quiera nombrarse de otra manera. Hay formas que persisten. Reales insoslayables.

Si la madre es la verdad, ¿Qué es un padre?

Una mentira necesaria. 

Una ficción. 

Una verdad a medias.

¿La ley?

Cuatro

La película viaja y avanza por Turquía. El país menos europeo de Europa. El país menos árabe de Medio Oriente. La incomodidad geográfica es al mismo tiempo la pregunta por el origen. Un film que avanza sobre un loop. Un resort es un lugar que le queda grande a una chica que se vuelve extraña entrando en su adolescencia. Un resort es un lugar que le queda chico a un padre que está en la crisis de los cuarenta. De ahí. Los viejos recuerdos en píxeles. El material descartable. El grano. Entre la historia de ella y la historia de él hay otra historia, su relación. 

El mayor momento de intimidad de la película. Ése en el que la cámara se apaga. La filmadora toma una pausa y ahí es donde los personajes conversan.

“¿Qué vida te imaginabas cuándo tenías mi edad?”, pregunta ella. 

Cinco

Ese loop veraniego y vacacional es interrumpido. Más de una vez. Y lo que lo hace es la fiesta. Una mujer que busca a alguien en medio de la noche. Un hombre perdido entre las luces hipnóticas de una rave a oscuras. Un lugar donde los cuerpos se vuelven fantasmas. Donde no se sabe si lo que sucede es real o no. Donde no hay tiempo. Y los límites se borran. Porque la fiesta es eso. Un lugar donde el tiempo se suspende, se licua. Donde las máscaras son mucho más importantes que lo que hay detrás. Donde lo que brilla, brilla más.

Por eso suena David Bowie y Queen. “Under Pressure”. Lo glam. Un golpe de rayo. La directora, con su elección musical, pacta con una sensibilidad. La sensibilidad pop. Esa que se escapa del mundo a través de la fantasía. Que destruye la linealidad. El tiempo como lo conocemos. “This is our last dance. This is ourselves”. Bajo esa estela, la lectura de Fabián Casas:

“Aftersun está narrada en pasado desde el presente de una Sofía adulta que mira los videos que filmó en esas vacaciones con su padre ¿Pero en qué tiempo sucede, entonces la película? En el presente de la Sofía adulta o en el pasado con su padre en el resort. En un momento, mientras bailan “Under Pressure”, ella aparece adulta y está en una discoteca y ve a su padre en medio de las luces del flash. En realidad, el pasado y el futuro no existen, aunque nos hostiguen constantemente, como el enemigo secreto al animal de Kafka en su madriguera. La película sucede en nuestro presente, mientras la vemos es lo único que tenemos. Por eso es una obra maestra”.

Seis

Nos despedimos con Ana. Siento en el pecho un hueco. Mañana trabajo temprano y tengo que darle de comer a Rubí, mi gata. De la nada ya estoy en el colectivo de vuelta.

Dos mujeres mayores van delante mío. Escucho su conversación. Desprendo del aire una frase: “El problema es que el padre deja mucho que desear”. Sigo escuchando. Están hablando del papá de la nieta de una. Ella es la madre de la madre. 

Miro por la ventana. La noche avanza. Agarro el celular. Abro WhatsApp. Papá está en línea. Hace semanas que no hablamos. Pienso en él. En nuestra relación. El ser todopoderoso que fue en mi infancia. Las alegrías compartidas. Su contención en la adolescencia. Su caída en la juventud. Los enojos necesarios. Las distancias cuidadosas. La reconstrucción. Sus aciertos, sus errores. No le hablo. Pero algo me tranquiliza. Sé que ahí está. Viviendo, errando, como todos. Bajo este mismo cielo. 

Pienso cómo terminar este texto. Vuelvo a la frase de la conversación en el colectivo. Un padre es siempre alguien que deja mucho que desear. Recuerdo una nota de Alexandra Kohan que también lo dijo. Un padre nunca está a la altura de su función, por suerte. Charly García también lo dijo. Plateado sobre plateado“Algunos hijos son padres y algunas huellas ya son la piel”.

 

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Sobre el autor:

Acerca de Andrés Mainardi

Nací en Rosario en 1996. A veces estudio Comunicación Social. Escribo para cazar fantasmas. A la vida no se viene a ser feliz o infeliz: se viene a aprender lo que te enseñan los amigos.

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