Javier Milei habló como un iluminado en el Foro Económico Mundial: “Hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro”. Al día siguiente descalificó a la periodista Luisa Corradini por afirmar que la sala en Davos estaba medio vacía y el auditorio quedó asombrado por el tono delirante de su discurso. Las fuerzas del odio plantaron otra vez batalla ante la conspiración mundial descubierta por el presidente elegido por los argentinos.

Milei trató a Corradini de “mentirosa”, una calificación que ya dirigió a otras periodistas mujeres. La contraparte de esta figura en su discurso es un tipo de periodista representado por varones y cuyo modelo puede encontrarse en las entrevistas de Alejandro Fantino: el periodista que hace de partenaire y se limita a darle pie para sus explicaciones y a manifestar, no la duda ni el cuestionamiento, sino la sorpresa del ignorante que necesita del iluminado.

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Hemos empezado a ganar la batalla cultural”, proclamó Javier Milei en su última visita al programa de Mirtha Legrand. La expresión batalla cultural es en sí misma un trofeo de la ultraderecha, apropiado a los intelectuales peronistas que en su momento advirtieron al kirchnerismo sobre la necesidad de legitimarse en la escena mediática. El triunfo no le pertenece tanto a La Libertad Avanza como a ideólogos de la derecha que estigmatizaron al feminismo, el ambientalismo y los reclamos de minorías sexuales e indígenas como formas solapadas del marxismo. Esta reversión que niega el sentido original de una expresión y a la vez se apropia de su connotación reivindicativa no es un caso aislado, ya que Milei retoma frases de Perón y del Mayo francés como postulados de su programa económico y represivo.

Prohibido prohibir”, una consigna histórica del Mayo francés, es citada en el decreto de necesidad y urgencia para justificar la desregulación de las importaciones. Milei desconoció el origen de la frase; a Mirtha Legrand, por lo menos, le sonó que venía de Francia. “Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”, una frase cortada de un discurso de Perón, viene a respaldar por otra parte el protocolo antipiquetes y la represión a la protesta social.

La interpretación brutal

El procedimiento consiste en sacar de contexto y reinterpretar. Milei recurre a ese tipo de maniobras en sus entrevistas con la prensa. “¿A usted le parece que robar está mal o está bien?”, le repregunta a la periodista colombiana Patricia Janiot. “Está mal, por supuesto”, responde Janiot, forzada a hacer de partenaire. La periodista es además infantilizada, el iluminado desciende a un nivel donde tiene que hablar como se hace con los chicos. Cualquiera contestaría lo mismo ante la pregunta en abstracto; Milei la toma como “un principio moral”, dice a continuación que la emisión monetaria es un robo y finalmente llega a donde quiere llegar: por qué vendería el Banco Central.

Nadie podría oponerse tampoco a una voz que reclama el imperio de la ley o que se pronuncia contra la impunidad, como en el lema subsidiario de Patricia Bullrich: “el que las hace las paga”. El problema es el nuevo uso de la frase y el nuevo contexto a partir del cual significa: la ley que se invoca es la que deviene del DNU y entre otras normas contempla la prisión de quienes organicen protestas y avala el gatillo fácil. La consigna aislada resulta eficaz porque produce consenso instantáneo, oculta la operación de trasvasamiento y fuerza al receptor a definirse ante una abstracción donde la ley es un concepto universal vacío de las determinaciones del presente.

El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en la defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”, afirma Milei. La cita pertenece al “prócer” Alberto Benegas Lynch. En principio nadie se opondría a estos valores así formulados, pero el presidente los refiere a la libertad de circular por la calle, es decir que vuelve a poner al margen la protesta y los reclamos de los que no acuerdan con su programa.

La interpretación brutal del concepto de justicia social proviene de otra operación discursiva. El macrismo planteó el mérito individual como una idea superadora y pretendió contar la vida de los próceres desde ese punto de vista. Milei es innovador y más efectivo al rechazar la justicia social a partir de valores virtuosos: la igualdad ante la ley y la moral. Así se lo explicó a Luis Majul en la primera entrevista que concede en la Casa Rosada:

–Yo quiero hacer caridad con el muchacho que está acá (señala a fuera de cámara), entonces te robo a vos para dárselo a él. ¿Qué te parece?

–Mal –responde Majul, haciendo de partenaire.

Milei se impone como una figura de autoridad en la escena de los medios, más allá de que sus exposiciones pueden parecer desarticuladas, contradictorias o como dijo Myriam Bregman copiadas de apuro de Yahoo respuestas. En la entrevista de Alejandro Fantino después de las elecciones primarias, Milei exhibe esa figura, la del que posee un saber que resulta complejo y supuestamente lo vuelve comprensible a través de ejemplos concretos y simples.

Como revela su versión práctica sobre la justicia social, Milei corta y pega frases o sucesos heterogéneos para “explicar” e ilustrar tanto a la gente común como a “los economistas brutos”. Majul lo interroga por el aumento de la medicina prepaga y Milei responde con una cita de Milton Friedman (“no hay almuerzos gratis”) y tras un balbuceo agrega: “Es decir… el kirchnerismo nos pisaba el pasaje del tren. La tragedia de Once nos costó más de cincuenta muertos. Cuando vos regulás los precios y no dejás que sean libres, te va (sic) a ajustar por cantidad o por calidad”. El accidente ferroviario sería una consecuencia del costo bajo del boleto y la asociación remite a un ícono de la corrupción estatal que soslaya la responsabilidad de la empresa privada que concesionaba el servicio.

Los espejos de colores con que Milei deslumbra a los periodistas provienen de la jerga del discurso económico. La “dominancia estocástica” es una de las fórmulas que repitió ante Fantino, ante José Del Río, ante Luis Novaresio, y en todos los casos provocó la misma reacción en sus interlocutores: la sorpresa, la pregunta por el sentido de la frase, el vasallaje del periodismo ante el saber supremo del ahora presidente. Milei llamó a Fantino y a Mauro Viale “los padres de la criatura”, pero más bien los periodistas son sus intérpretes, los divulgadores de su palabra.

La dominancia estocástica es un concepto que Milei toma de la estadística y parece aplicar para temas diversos: por ejemplo, la elección de presidente fue “un problema de dominancia estocástica” porque el votante se representaría que con La Libertad Avanza tendría un margen de incertidumbre o de esperanza mayor al que podían ofrecerle el peronismo o Juntos por el Cambio con sus fracasos. La expresión es innecesaria para lo que pretende argumentar, pero funciona según el código televisivo para llamar la atención y reforzar la propia autoridad.

En la entrevista con Patricia Janiot, recurre a otro concepto: “el principio de revelación”, según el cual (explica en una nota para Infobae) “si unos agentes tienen algo que ganar revelando un valor favorable de algún rasgo, otros se verán obligados a revelar sus valoraciones menos favorables”. Janiot no sabe a qué se refiere, por lo que Milei tiene que ponerse a explicar una figura que es accesoria a lo que quiere argumentar pero que apuntala su representación de autoridad. Fantino representa en este juego al hombre común, el que está preocupado y no entiende las cuestiones de la economía, pero que vota “a Javier”; además es el mediático que está en la calle, al que la gente accede de manera espontánea y amable, que se pone a conversar con el repartidor de Rappi, con el empleado de una estación de servicio, con el pintor de obra, y lleva la voz de estas personas al espacio público. Lo que se dice un comunicador.

Milei se aviene entonces a explicar con paciencia sus planes y su “pensamiento”, a repetir dos y tres veces conceptos que, nuevamente, impresionan como complejos y son insignificantes (qué es un transable, por ejemplo); la entrevista se despliega como una especie de clase magistral en la que Fantino asume la voz del alumno o del ignorante que necesita ser instruido (“explicame eso”, “pará, pará, pará”) y celebra los supuestos hallazgos de Milei para que todos comprendamos de qué habla (“es clave lo que estás contando”) o para que nos ilustre, finalmente, por qué el aire es gratis: “porque es súper abundante”.

Cuentas que no dan

Las expresiones técnicas y las consignas descontextualizadas vueltas del revés se articulan en el discurso de Milei con las informaciones falsas y las estadísticas imposibles de verificar. Se sabe que la información falsa, amplificada en redes sociales, no queda neutralizada por la desmentida: Adam Ramsay Jourdan, jefe de la Oficina de Reuters para el sur de América Latina, podrá rebatir las cifras de empleados de la agencia que lanzó Patricia Bullrich en el programa de Mirtha Legrand, pero la información falsa de la ministra de Seguridad contribuye al consenso negativo sobre los gastos del Estado y al clima de ideas para legitimar el proyecto de privatización de Télam.

Milei mezcla estadísticas conocidas –las cifras que difunde sobre pobreza e indigencia en Argentina– con otras incomprobables y con mediciones simplemente truchas, que ningún periodista cuestiona: “el 60 % del ajuste recae sobre la política”; “el megadecreto tiene más del 75% de aprobación de la gente”; “entramos al mundo siendo el país más rico del mundo, hoy estamos 140”.

Las citas de supuestas estadísticas sostienen además un regodeo narcisista: “soy el presidente más votado de la historia”; “la entrevista que me hizo Tucker Carlson es la más vista en la historia de la humanidad”. Milei solo se encuentra comparable con personajes de la Historia: entre otros con el presidente Carlos Pellegrini, “el piloto de tormentas” después de la crisis de 1890. La referencia es consistente con sus designios de refundar el país sobre los principios que remite a Juan Bautista Alberdi.

La ley ómnibus bautizada Bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos alude en su título a las Bases y puntos de partida de Alberdi con las que se organizó el país a partir de la Constitución de 1853. Pero el sesgo autoritario de esta versión del liberalismo resulta inocultable, porque ya no recuerda a la última dictadura sino al nazismo: la pretensión de que los piqueteros asuman los costos de los operativos de represión tiene como antecedente la Noche de los cristales rotos, cuando los judíos fueron obligados a pagar daños en comercios y edificios; las Bases de Milei, como observo Pablo Stefanoni, remiten más bien a la Ley para el remedio de las necesidades del Pueblo y del Reich que en marzo de 1933 cedió de facto todo el poder legislativo a Adolf Hitler.

El giro al absurdo de la supuesta erudición es patente en la proyección que Milei dice y repite: la Argentina puede ser una potencia dentro de 35 o 45 años, si se aprueba el DNU que elimina además al Congreso; “dos tercios de esa mejora se ven en el primer tercio de tiempo, en los primeros diez años se va a notar”, según le dijo a Mirtha Legrand. En su discurso de fin de año volvió sobre el tema: “Nuestras reformas implicarían niveles de libertad económica que en un lapso de 45 años nos permitiría aspirar a multiplicar por diez veces nuestro PBI per cápita alcanzando niveles similares a los de Irlanda que hoy mismo se encuentra 50% por encima de EEUU”. Y si se aprobara el DNU, “Argentina escalaría noventa posiciones en los índices de libertad, lo que haría que en 30 años podríamos parecernos a Alemania”. Esos cálculos y conjeturas no tienen ninguna base de apoyo, pero parecen indiscutibles.

El portal La Derecha Diario consagra al presidente como el personaje del año 2023 y afirma que su proyecto no solo es innovador para el país sino que inicia una nueva era mundial. Milei pretende reescribir la historia económica de Occidente, pero lo hace a través de la extrapolación de datos aislados y de cifras arbitrarias y solo para llegar al único lugar que le interesa, el aval a sus planes de destrucción económica y cultural de la Argentina: “Cuando llegó el capitalismo a la humanidad el 95% del mundo vivía con menos de un dólar diario –dice–. La población del mundo era de mil millones de seres humanos. Después de la llegada del capitalismo ese número es inferior al 5%. La única forma en que se sale de la pobreza es el crecimiento económico y el crecimiento económico necesita de las instituciones del liberalismo”.

Las expresiones de odio no son necesariamente demostraciones de baja tolerancia a la frustración. Milei grita e insulta cuando los otros hacen objeciones, pero estas salidas son también enseñanzas del panelismo televisivo, estrategias para imponerse en una escena donde no hay diálogo sino confrontación y donde se trata de acallar al oponente. Necesita reavivar la confrontación para imponerse, lo que plantea como la división entre “los argentinos de bien” y “la casta”, y en ese plano asocia un imaginario mesiánico con otro contestatario para darle un sentido épico a su programa. Milei sería el que se rebela contra el statu quo, una figura que vendría a incluir a todos los que no están de acuerdo con sus reformas; todavía se presenta como un outsider, para explotar la frustración y el hartazgo de la ciudadanía con los gobiernos del peronismo y del macrismo, y al mismo tiempo sugiere que hay una intervención divina en sus planes, con la ya consabida cita sobre “las fuerzas del cielo”, tomada del Libro de los Macabeos.

La victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados sino de las fuerzas que vienen del cielo”, explica Milei cada vez que le preguntan. El anuncio de “una catástrofe de proporciones bíblicas” si los legisladores no avalan el DNU resuena en ese contexto. Pero estas expresiones no son las de un loco suelto sino las de alguien que, como él mismo dice, tiene padres y tiene intérpretes.

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Sobre el autor:

Acerca de Osvaldo Aguirre

Nació en Colón. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Rosario. Es periodista, poeta y escritor. Ha publicado poesía, crónica, novela y ensayo, entre los que destacan: Las vueltas del camino (1992), Al fuego (1994), El General (2000), Ningún nombre (2005), Lengua natal (2007), Tierra en el aire (2010) y Campo Albornoz (2010), y reunió sus tres primeros libros en El campo (2014). Fue editor de la sección Cultura del diario La Capital de Rosario.

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