En agosto de 2007 el crítico David Oubiña estuvo en Rosario para presentar un libro suyo y le hice una entrevista en la que decía que entonces no abundaban los libros sobre cine argentino. Concretamente me dijo: “Hay una gran producción de películas desde principios de los 90, pero no hay un acompañamiento bibliográfico.” Y agregaba:Más allá de que muchos directores dicen que no leen críticas, la crítica siempre prepara un territorio o da un marco, las películas también se completan por el modo en que son vistas. Creo que hay una buena producción y una gran cantidad de público, pero no hay mucha reflexión, hay pocos libros y una separación muy tajante entre la crítica periodística y la académica. Por otra parte, los académicos no suelen trabajar sobre la producción contemporánea, sino sobre la historia del cine, mientras que la periodística está muy pegada a la actualidad. Eso es como un problema, no hay demasiada comunicación entre los dos áreas, más bien hay una tensión…”

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El reclamo por la soberanía sobre las islas está en la Constitución nacional. Analizar su larga historia permite entender no ya el destino del archipiélago sino la condición de Nación soberana.

Ese acompañamiento entre las películas, la crítica, la bibliografía, puede escucharse también en el podcast Historiar, que realiza la Asociación Argentina de Investigadores de Historia. Allí hay un episodio dedicado a Hugo del Carril en el que se cuenta la historia detrás de su película Las aguas bajan turbias, estrenada en 1952, tres años después de que Hugo del Carril grabara la más celebrada de las versiones de “La marcha peronista”.

Fernando Varea

Aunque Hugo del Carril se identificaba con el movimiento peronista, Las aguas bajan turbias fue una película basada en una novela de Alfredo Varela, un autor reconocido por su pertenencia al Partido Comunista. El éxito de la película en esos años generó rispideces entre Hugo del Carril y los peronistas, que le echaban en cara haber filmado un manifiesto marxista en lugar de mantenerse fiel a los principios de la tercera posición.

Ésa época, la de los años 50, engendra también la crítica de cine tal como la conocemos hoy, es algo que sucede en todo el mundo, son los años en que aparece el concepto de autor, es la época en la que los críticos “leen” las películas y también demandan en esas películas una mirada que en algunos casos era social, era estética o formal, experimental, etcétera. Grandes críticos, por ejemplo los franceses Francois Truffaut o Claude Chabrol comenzaron haciendo crítica de cine antes de volcarse de lleno a la dirección de películas. En Argentina sucedía lo mismo, surgieron críticos que no habían existido hasta entonces y se reunían en torno a cine clubes y revistas. Uno de esos cine clubes, que también tenía una revista, se llamó Gente de Cine que estaba interesada en renovar el cine argentino, identificado en su época dorada por los teléfonos blancos, las mansiones con grandes escaleras y las divas de entonces. De modo que esos críticos encontraron en la película de Del Carril Las aguas bajan turbias un modelo de cine, un cine más comprometido socialmente, que mostrara la explotación, la realidad de las clases trabajadoras. Por lo general antiperonistas, vinculados a la intelectualidad del Partido Comunista, estos críticos de cine tenían como modelo el neorrealismo italiano, un tipo de cine nacido de la posguerra en Italia, hecho fuera de los grandes estudios, protagonizado muchas veces por actores no profesionales y con bajos presupuestos. Entonces, Las aguas bajan turbias, una película que narraba la explotación de dos hermanos en unos yerbatales del norte argentino, donde terminan liderando una rebelión contra la crueldad de los patrones, se convierte en el paradigma de ese tipo de cine que promovían los críticos de Gente de Cine, y Hugo del Carril se convierte así en el director del que se esperaba esa renovación. Pero más tarde, cuando Del Carril estrena Más allá del olvido –película que pasó casi inadvertida entonces porque había sido derrocado el peronismo y Del Carril era perseguido–, que era una película más melodramática –aunque magistral, una película que se anticipa a Vértigo de Hitchcock– los críticos de Gente de Cine se muestran decepcionados, dicen que la nueva película de Del Carril es un “retroceso”.

Cuando en los 60 el cine argentino comienza a dar cuenta de la influencia del cine neorrealista y otras tendencias europeas, las películas de Del Carril ni siquiera son reseñadas en la sección de Críticas, que eran las que daban prestigio a los estrenos nacionales y extranjeros.

Tal vez estos ejemplos sirvan para dar cuenta de la importancia que tiene no sólo el cine, sino la crítica, la “lectura” del cine en la historia social y política de una sociedad.

Esta noche nos visita Fernando Varea, docente, periodista, crítico, egresado de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario, autor de libros sobre historia del cine argentino, quien presenta un nuevo libro: El cine como eco. Vaivenes de la lengua en el cine argentino, que fue premiado en el Concurso Nacional y Federal de Estudios sobre Cine Argentino.

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Acerca de Pablo Makovsky

Periodista, escritor, crítico

"Nada que valga la pena aprender puede ser enseñado."

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