La realidad nos sitúa ante la voz de un líder cruel. Su voz no tiene proyección, cuando se exaspera se atrofia, no es sexy tampoco. Sin dinámicas, sin sutilezas ni medios tonos, el presidente nos ofrece un viaje áspero y montonal, mientras se le escapa un bostezo, o atisba la realidad sobre sus anteojos multifocales. Nos llegan palabras ajenas a nosotras. Rompe la voz con violencia: ¡Hola a todos!
Apagamos la radio, las pantallas, la tv. No soportamos ese timbre porteño y metálico. No es el zorzal criollo, ni el mejor abrazo entre algodones plurisensoriales. Es un machote horrible que queremos evitar. No hay música, hay ruido estertórico en el ambiente colectivo. ¿Qué hacer? La parálisis es total.
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Subimos al primer piso del Museo Castagnino, rumbeamos al ala derecha, y entramos al túnel suave y sonoro. Nos cobijan murales a la tempera (todo un oxímoron en sí mismo) y nos baña de alegría la música, gozadora de Howling for Judy de Jeremy Steig. Alguna vez organizamos un living del amor con esas sonoridades, al ritmo de los cuerpos dispuestos al goce: mucho, mucho groove ya de entrada antes que entre la banda. La música se responde a sí misma y es invitadora. No podemos parar de escuchar. Siempre una idea nueva. En la música nos encantan las respiraciones a partir del minuto tres y cuarenta segundos, cuando se empieza a cansar y no le da para tocar el hook principal. Ahí, pareciera que nuestros cuerpos nos llevarán a un final increíble y percusivo. Una obra maestra. El recorrido por la muestra podría durar cinco minutos o seis horas tántricas.
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Lila: ¡Vamos a la exposición de Silvita!, nos decimos entre amigas.
Vir: Silvita, ¿vos sabés que hiciste una bomba, no?
Silvita: ¡Bombaza para todas!

Lila: Es tesoro y es refugio. El refugio lo da la escala del plano pictórico, la escala de los trazos, y el rasgo del pincel de témpera acariciando el papel. El goce lo ofrecen las formas orgánicas, en su mayoría, con apenas estridencias en capuchones que desnudan puntas de lápices o lenguas rosadas. El éxtasis gana expansión en la paleta atenta y subversiva que nos ofrece la gran colorista de nuestro tiempo: Silvita Lenardón.
Silvita: Estaba asombrada, perdida y dislocada. Necesité dibujar para drenar, dibujar escuchando lo que me hacía tanto ruido en mi interior. Hacía años y años que había perdido eso de escucharme a mí misma, escucharme con más profundidad. Sin pensarlo y concentrada sólo en mi intuición me puse a dibujar, a dibujar y pintar fragmentos, todos fragmentos del cuerpo femenino, en papeles afiche que conseguí rápidamente en el kiosco cerca de mi casa, estaba muy movilizada, con los sentimientos y las emociones al palo, y al toque necesité ir pegando los papeles en las paredes de mi casa, en la cocina, en el living, pegué todos los papeles del piso al techo, y armé una inauguración en mi casa, invité a todos mis amigos, eso tan íntimo yo lo quería compartir, quería que se viera, que lo vieran. Y se ve…. jajaja

Vir: Silvita, la última vez que conversamos de tu obra fue en el CCPE junto a la instalación Obra Agotada. Ahí hablamos de maternidad, de madres artistas, de creación, de cuidados, y me quedé con una idea: “todo lo que producías al poco tiempo de parir cabía en una mano”. Pensé que todo entonces tenía el tamaño diminuto de las piezas de un recién nacido: una manito, un piecito, un diente de leche, un chupete, un pañal. Y aunque tiene reminiscencias a esas formas de Maternidad, aquí y ahora todo es grande, más expandido, de piso a techo, liberado, desbordante y envolvente. No sólo no cabe en una mano, sino que ¡cabemos todas en tu obra!
Silvita: Así como en Maternidad, hace unos años atrás, aparece el cuerpo fragmentado, medio disuelto y confundido entre manos tetas, emojis, ojitos-bebé gotas, etc, y en un formato pequeño, no había tiempo para explayarse, de a ratos aparecían dibujos pequeños cuando se podía. Ahora esos fragmentos son de la intimidad de la mujer, sólo de ella, ella ampliándose, sin importarle nada, el erotismo se mete a fantasear en el dibujo, hay liberación, se agranda la escala a tal punto que casi no cabe en la sala. Ella pide tiempo, placer, diversión, fantasía y humor. Se vuelca a una exposición derribando mandatos, desprejuiciada, emocionada. ¡Y es para todxs!
Vir: La exposición dice: ¡Vengan, vengan, vengan! A experimentar, a fantasear, a moverse y a conmoverse.

Silvita: Son muy locos y misteriosos los acontecimientos que nos suceden a las mujeres, hay que atravesarlos, ya sea maternidad, pareja, trabajo, etc, son acontecimientos singulares pero a la vez plurales. Esta es una obra que nace desde lo íntimo pero que luego se convierte en algo para todas todxs juntos. La Exposición emocional es compartida. Se abre, y nos sentimos más en empatía y ya no tan solas solxs.
Vir: Hay manos que van y vienen, hay dedos, hay extremidades, hay personajitos simpáticos que producen roces, caricias y cosquillas. Los dibujos vibran, las dimensiones nos superan. Hay bocas y dientes (¿hay acaso algo del mito de las vaginas dentatas?). ¿Qué puede un cuerpo? ¿Qué puede un cuerpo en la intimidad que en esta obra toma estado público? Silvita traficas el erotismo singular y doméstico, lo haces fluir en las paredes convertido en goce colectivo.
Lila: Silvita te cargás la tradición, la abducís en sus fauces excitadas, y la devolvés a los desorientados por el displacer político para que renazca entre las músicas, las fuerzas de roces y las pieles maquinales en la intimidad. La intimidad en el espacio público.
Vir: Las hermanas Lenardonas super unidas para esta exposición. El texto de Cecilia nos trae la lisergia de los años 60 y 70. Todo nos recuerda a aquella segunda oleada feminista y a las que rugieron hasta acá. El sexo aparece libre pero ocupando el lugar de estrategia de supervivencia, es zona de paz frente a la destrucción total de la guerra. Hay un manifiesto, un llamado a salir de la trinchera, a abrirnos en estos tiempos bélicos, de crisis política y desconcierto. Hay que salir del encierro, ir al encuentro de nuestro propio cuerpo y del de los otros también.
Silvita: Mi hermana Cecilia en todo ese proceso estuvo presente y me observaba… veía que la cosa necesitaba desbordarse más, y se le ocurrió a ella que armara una muestra afuera, en el museo por ejemplo, y me propuso la gran escala, y un papel gigante que abarcara todo, yo estaba subida a una locomotora que no podía parar de pintar, y le dije que sí. Ella pensó en un gran papiro zigzagueante para que todxs nos metamos adentro. Mientras dibujaba y pintaba escuchaba música psicodélica de los años 70, a todo volumen, eso me daba mucho empuje para seguir pintando, era mi combustible, me inspiraba y potenciaba.
Lila: Las hermanas nos detenemos en el score del amor, volvemos a esa instrumentación rara de flautas, contrabajo y batería, sin herramientas armónicas: no hay piano ni guitarra. Flotamos así en un loco y osado vacío, con un esfuerzo tan titánico como fisiológico por la supervivencia de nuestros deleites, ¡¡y salimos victoriosas!!

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