Es domingo y me invitan a ver *Todavía no (lo importante de acordarse), la obra que dirige Felipe Haidar y protagoniza Laura Copello. La puesta fue seleccionada en el proyecto Descarriadas, las artes escénicas expandidas, desarrollado en 2022 en Centro Cultural Parque de España, y se podrá ver durante todo abril en el Teatro La Manzana.

Le pregunto a M. si quiere venir conmigo. Sin dudarlo me dice que sí y en esa afirmación siento que los dos hacemos un esfuerzo por estirar un poco más el fin de semana y olvidarnos, aunque sea por un rato, que mañana es lunes y que hay que volver a la escuela y al trabajo.

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Cenizas de memoria

“Cenizas en las manos” –obra dirigida por Francisco Alonso– es una comedia oscura que explora el difuso límite entre la vida y la muerte.

De camino al teatro me pregunta de qué se trata lo que vamos a ver. De la memoria, le digo. La obra habla de la memoria.

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Un espacio desordenado. Una lámpara de pie con luz cálida. Cajas, cajones, cajitas. Una mujer que guarda.

Hay quienes dirían que se trata de una acumuladora. De alguien que no se puede desprender de los objetos en desuso y que ya perdieron su valor. Pero las cosas que se amontonan alrededor de la protagonista son mucho más que eso. Son mucho más que cosas. Juntas o por separado componen un relato y le sirven para hablar de la vida, de la muerte, de la vejez.

Me veo en esas miniaturas que aparecen en la escena: una calesita, personitas de plástico, una pequeña máquina de coser, un Topo Gigio, autitos, una muñeca destartalada, una copa verde de cristal, un pollito a cuerda, revistas, recortes de diarios, libros, cuadernos.

La protagonista de Todavía no (lo importante de acordarse) está en su casa. No sale de ahí. Todo lo que la rodea está guardado en cajas y cajitas. Y todo lo que saca de cada una de ellas le da la posibilidad de recordar.

Y tal como sucede en la memoria, nada es lineal. Todo son fogonazos, situaciones entrevistas por el resquicio de un parpadeo, fragmentos. Aparecen las vacaciones, las mudanzas, las casas, las militancias, las cartas, los mares, los amores. Una mujer que reconstruye su infancia y dirige con un conjunto de pequeños objetos afectivos las escenas de su vida como en una película en miniatura.

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¿Lo importante es acordarse? Al día siguiente quiero hablar de la obra y me olvido del nombre de la actriz. ¿Cómo es posible? ¿En qué cabeza cabe si la vi anoche? Y entonces sobreviene lo peor que puede ocurrir ante la pérdida de una palabra. Otra aparece en su lugar, errónea y errática. Vienen a mí nombres de otras actrices de la ciudad. Toda una generación de mujeres que compusieron parte de la historia teatral rosarina se amontonan, se superponen, suman confusión.

Busco en el diccionario mental para dar con un nombre que empieza con “L” y caigo en la trampa. Zaz. ¿Laura Alfonso? No. Además es Mónica Alfonso, no Laura. ¿Mónica Discépola? No, tampoco. Laura Copello. Sí. ¿Cómo pude olvidarme de su nombre? Laura Copello. La mujer de esos ojos redondos que siempre me parecieron grises. ¿Estoy acaso perdiendo la memoria?

Es entonces que aparece casi en sombras el rastro de la fotógrafa Tina Modotti y una obra que vi allá por el año 2000. La protagonizó Laura Copello, estoy segura, y la dirigió Mónica Discépola, si no me equivoco. Igual eso no justifica mi olvido. Nada me consuela. Nada alcanza para reparar ese agujero que perforó mi memoria.

¿Qué extraño fenómeno hace que nos empantanemos en esas lagunas borrosas? ¿Qué provoca que nos olvidemos el nombre de ese libro que no nos gustó nada o de esa película que nos gustó un montón? ¿Además de asumir que el pasado no volverá también tenemos que aceptar que va a desaparecer?

El verano pasado leí un libro de Nora Ephron que se llama No me acuerdo de nada. El primer relato lleva ese nombre y la autora, con su característica mirada mordaz, aborda el tema de la pérdida de la memoria.

Ephron confiesa: “Antes creía que mi problema era que tenía el disco lleno, ahora me veo obligada a reconocer que en realidad me pasa lo contrario: que está vacío”.

La escritora habla además de aquellos datos concretos que hasta ayer no sabíamos cómo completar en medio de una laguna mental y que hoy rellenamos sencillamente sacando el celular y abriendo Google. Pero: ¿Qué hay de la vivencia personal? ¿Qué sucede con ese material intransferible una vez que no se recuerda? Podemos recuperar un nombre que olvidamos gracias a un motor de búsqueda e incluso sentirnos jóvenes por un rato. Pero: ¿Podemos recuperar toda nuestra vida?

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La puesta de Todavía no (lo importante de acordarse) hace lugar a la belleza en los más mínimos detalles y apela tanto al humor como a la ternura aún al sumergirnos en el agujero negro de la existencia.

El recuerdo aparece en la obra como antídoto para ahuyentar a la muerte. Cada noche de insomnio, en la soledad de su casa, la protagonista inventa rituales para no olvidar.

Al teatro de objetos se suma la presencia de una cámara que graba a Copello y la proyecta (o tal vez la multiplica) a través de la técnica del mapping.

La protagonista se ubica en cuadro y habla a la cámara. ¿Es cine o es teatro? ¿Es esto lo que se llama un arte escénico expandido? ¿Acaso hay el ejercicio pandémico de la video llamada detrás de este gesto? ¿Esta obra se habrá gestado en el confinamiento mediado de director y actriz?

“¿Quién va a ser tu orden, tu agenda, mi consuelo?”, pregunta Copello.  Y en ese interrogante aparece el oficio de la dramaturgia en el cotidiano de la casa (casa que está montada en el escenario de la sala teatral La Manzana, espacio de trabajo pero también de lo doméstico afectivo). Copello, la actriz mayor que le habla a Haidar, el director joven. Hay una transmisión (en todo lo que la palabra dice) de lo que ella quiere dejarle a él cuando ya no esté. Un streaming para no ser olvidada.

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Termina la función. La protagonista baja del escenario y abre las puertas de la sala como quien abre las de su propia casa, de par en par.

“La casa es el lugar al que uno vuelve/cuando no tiene dónde ir”, dice un poema de Pablo Makovsky, y hay algo de eso en el gesto final. Irse para volver.

La actriz nos despide a todos en el patio a medida que vamos dejando la sala. Al ver a M. (12), se detiene especialmente y le pregunta cuántos años tiene.

De regreso a casa M. dice que la obra le gustó pero que cuando oyó que se trataría de la memoria imaginó que tendría que ver con Malvinas, la última dictadura militar o algo así.

También dice que uno de los sonidos le recordó a un juguete a cuerda que colgaba en su cuna cuando era bebé. Pero que algo de la puesta lo inquietó cuando ella sacudía los brazos y gritaba de repente: “Tomátela de acá, no te quiero ver”. “¿A quién le gritaba, mamá, si no había nadie más?”, pregunta.

En voz alta nos prometemos una salida al teatro por mes y en silencio repito el deseo de la protagonista como un mantra: que la muerte no nos trate mal.

 

* Todavía no (lo importante de acordarse) con Laura Copello y dirección de Felipe Haidar. Los domingos de abril a las 21 en Teatro de la Manzana (San Juan 1950).
Ficha Técnica:
Texto: Felipe Haidar y Laura Copello
Intérprete: Laura Copello
Dirección: Felipe Haidar
Asistente de dirección, mapping e iluminación: Flavia Cisera.
Acompañamiento plástico y construcción de objetos: Pali Diaz.
Diseño de vestuario: Nicolás D’Aquila
Música Original: Agustín Alzari.
Diseño Gráfico: Celeste Ciafarone.

 

 

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Sobre el autor:

Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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