Uno de los primeros actos de lo que podría ser la genealogía feminista de Rosario tuvo lugar el 8 de marzo de 1986 en el cruce de las peatonales con una intervención callejera. Ese día, en la esquina de San Martín y Córdoba, el grupo Unidas instaló una jaula que tenía adentro unas figuras de cartón pintado que representaban a una familia heterosexual modelo. Mientras afuera, colgadas de los bastidores, se leían escritas a mano las palabras que denunciaban la opresión dentro del hogar: «niñera, madre, modista, mucama, camarera, jardinera, mandadera”. Con una cartera colgando del brazo y un pañuelo blanco en la cabeza, en una de las fotos se ve a Esperanza Labrador (Madre de Plaza de Mayo) con megáfono en mano al lado de la instalación donde florecen pancartas que agitan frases de denuncia e ironía contra esa violencia patinada de mística de la feminidad: “Trabajadora del hogar, por qué se silencia mi explotación” o “Soy la Reina del Hogar”.

El registro de ese día marca una mirada local todavía a recuperar, teniendo en cuenta que el recorte en la historia del feminismo se hizo desde siempre a partir de una mirada porteña o bonaerense, sobre todo cuando se intenta retratar a la segunda ola.

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Mentiras verdaderas

Ríos de tinta corrieron antes de que que se corroborara, en 2015, que Mariano Moreno no escribió el "Plan de operaciones". Pero esa falsificación también hizo la historia de una nación aún dividida.

Unidas fue una agrupación feminista autónoma e independiente que nació en Rosario entre el final de la dictadura de 1976 y el comienzo de la democracia. Si bien el colectivo producía una revista donde volcaba su pensamiento y reflexiones, también fue una de las primeras agrupaciones de mujeres que se destacó por salir a la calle promoviendo acciones que visibilizaban las problemáticas que no estaban en la agenda pública en ese entonces, como la cosificación de la feminidad, la legalización del aborto, la violencia de género, entre otras cuestiones.

En Rosario, las experiencias que protagonizaron esas pioneras fueron fundamentales para el devenir del movimiento feminista y de mujeres en la región. “Tendieron lazos críticos pero sobre todo hicieron los primeros vínculos con otras organizaciones. Contribuyeron a gestar debates y promover encuentros a nivel regional y nacional”, cuenta Cristina Viano –historiadora e integrante de la Comisión de Género y Disidencias Sexuales de la Facultad de Humanidades y Artes.

Para ella, ese colectivo nacido entre la dictadura y la recuperación de la democracia fue un semillero que junto con otros movimientos de la ciudad, diferentes en sus estrategias pero similares en las búsquedas –el Grupo de Reflexión Rosario (GRR) que reunía a profesionales, psicólogas sobre todo, luego Unidas y más tarde (en 1984) la creación de Indeso–, forjaron el comienzo de una historia feminista local.

Eso sí, Unidas tenía una particularidad, dice Viano: “Eran transgresoras para su época e incluso de las primeras que tuvo acciones públicas de ese tipo”.

Con la idea de reconstruir esa genealogía del feminismo local que permita historizar, la Facultad de Humanidades y Artes recupera este año fotos de archivo del acto del 8 de marzo de 1986 en Rosario. “La intención de pensar en una perspectiva histórica no tiene que ver con lo que serían las disciplinas que hacen al ámbito de la facultad, porque las mujeres de las que recogemos una tradición no solo aportaron en lo académico sino en los activismos y sobre todo en las políticas públicas de género y diversidad sexual en la actualidad”, explica Natalia Cocciarini –secretaria de Políticas Sexogenéricas de la Facultad de Humanidades y Artes.

El 8 de marzo es una fecha de gran significación para el movimiento amplio de mujeres y el movimiento feminista. El acontecimiento inaugural se funda en su celebración de 1984 en Argentina. En ese año la Multisectorial de la Mujer sostenía: “Hoy, las mujeres argentinas de la mayoría de los sectores del espectro social y político del país, por primera vez en nuestra historia nos movilizamos conjuntamente un 8 de marzo, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, más allá de las distintas banderas ideológicas y políticas, conscientes del poder e importancia de nuestra unidad”.

Pero la idea de rescatar la celebración de 1986 no es nada casual y tiene más de un sentido que enlaza con nuestros días. Por un lado, es una manera de marcar esa gestación del movimiento feminista en Rosario pero por otro, es hacerlo en confluencia con el carácter  transfeminista que lo define en la actualidad.

El feminismo era aún mala palabra cuando en esa esquina céntrica de 1986 Unidas, junto con el Movimiento de Liberación Homosexual (MLH), montó la instalación de la jaula que interpelaba con la idea de conmover y llamar la atención a quienes pasaban.

Para Cocciarini lo simbólico de recuperar aquella actividad es que “se daba una confluencia del movimiento de mujeres feministas, junto a la del movimiento de derechos humanos a través de la participación de las Madres de Plaza de Mayo y con el incipiente movimiento de diversidad sexual que, si bien era particularmente de varones homosexuales, ya en ese año se estaba dando el debate por la incorporación de las identidades travestis”.

Las imágenes fueron cedidas por Mercedes Simoncini una de las integrantes de Unidas que participó de esa intervención y que fue una de las 50 entrevistadas por Viano, Mariana Bortolotti y Noelia Figueroa  para la investigación “Pioneras. La constitución del movimiento feminista en Rosario”.

Hace dos años, muchos de estos materiales ya habían salido a la luz en la muestra Revolucionistas, Rebeliones y Feminismos (curada de forma colectiva por Pamela Gerosa, Sonia Tessa, Lilian Alba, Joakina Parma y Romina Garrido y organizada por el Centro de Estudios del Che y la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario) realizada en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa que durante ese mes se llamó Angélica Gorodischer. La idea de construir este archivo es ir a contrapelo de aquella historia que se centra casi con exclusividad en el movimiento de Buenos Aires. “Es necesario recuperar las experiencias mucho menos visibles, haciendo foco en sus particularidades locales y regionales”, dice la autora.

Se podría decir que fue la irreverencia el sello que marcó a Unidas en términos epocales. Con pintadas en el marco de la visita del Papa Juan Pablo II a Rosario o con una acción completamente disruptiva durante el estreno en la ciudad de Camila, la película de María Luisa Bemberg, al que asistieron disfrazadas con vestidos de novia y de cura y desfilaron por la cola del cine cuestionando el rol histórico del control de la Iglesia sobre los cuerpos femeninos.

Ya en 1984, convocadas por María Elena Oddone, las integrantes del grupo habían participado de la Multisectorial en la plaza de los Dos Congresos en Buenos Aires con pancartas que quedarían grabadas, según Viano, en la memoria de todas y que no pasaron desapercibidas en las calles porteñas ni en los medios nacionales.

Entre las consignas, cuyos ejes eran la necesidad de legalizar el aborto, separar maternidad de sexualidad, denunciar la violencia machista, entre otras cuestiones, las rosarinas levantaron una que decía: “Basta de falocracia, reivindiquemos el clítoris”.

Mientras el acto del año 1985 había sido convocado por amplios sectores políticos y sociales, al punto que hasta las mujeres de Madres de Familia de la Liga de la Decencia se estima que habrían participado, el del año 86 es el que se puede leer en clave feminista.

“Las políticas de archivo tienen como propósito recuperar esa historia. Hacerlo a partir del acto de 1986 ayuda a marcar una historia más larga del movimiento feminista, porque hay una fuerte tentación a ubicarlo o a perder la historicidad del movimiento que viene de una larga marcha. Es necesario entender el reciente fenómeno en que el movimiento feminista es por primera vez un movimiento de masas y para eso hay que ir a esa historia para saber qué fue lo que lo hizo posible”, dice Viano. Historia discontinua, con texturas, con varias capas. Pero a la que siempre hay que volver para unir esos hilos, muchos de los cuales quedaron cortados, y entrelazarlos.

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Sobre el autor:

Acerca de Virginia Giacosa

Periodista y Comunicadora Social

Nació en Rosario. Es Comunicadora Social por la Universidad Nacional de Rosario. Trabajó en el diario El Ciudadano, en el semanario Notiexpress y en el diario digital Rosario3.com. Colaboró en Cruz del Sur, Crítica de Santa Fe y el suplemento de cultura del diario La Capital. Los viernes co-conduce Juana en el Arco (de 20 a 21 en Radio Universidad 103.3). Como productora audiovisual trabajó en cine, televisión y en el ciclo Color Natal de Señal Santa Fe. Cree que todos deberíamos ser feministas. De lo que hace, dice que lo que mejor le sale es conectar a unas personas con otras.

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