El Festival Cultur Ahl concluyó el 27 de septiembre, pero el debate alrededor de la exclusión de Ariana Harwicz continúa. No solo se trata de la contramarcha con respecto a la invitación inicial de la escritora para participar en el evento convocado en Granada sino de la división que produjo en el campo intelectual argentino entre el respaldo, el rechazo y el silencio. Un parteaguas complejo, que ya no reproduce la imagen de la grieta en particular entre los apoyos que recibió Harwicz. Y también asoma como problema la actitud de escritores y periodistas ante el genocidio en Gaza, un tema soslayado en la discusión pública y perseguido judicialmente bajo la sospecha de antisemitismo.
Harwicz (Buenos Aires, 1977) argumentó que los organizadores “cedieron al terror” y que fue excluida por “mala judía”. Se refirió así a una carta en la que la Red Universitaria para Palestina de Granada recordó sus expresiones negacionistas sobre el genocidio de Gaza. “Estamos contra toda forma de racismo y discriminación. Criticamos posicionamientos públicos, no identidades. Llamar antisemita a toda crítica al Estado de Israel, al boicot o a la denuncia del genocidio banaliza el antisemitismo real”, dijeron los universitarios, en un comunicado que tuvo muchísima menor difusión que las declaraciones de Harwicz a medios argentinos y españoles.
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Silvana Rabinovich (Rosario, 1965), profesora e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, observa críticamente las reacciones ante la exclusión de Harwicz: “El único motivo de escándalo es el genocidio perpetrado por el colonialismo de asentamiento israelí y la voluntad manifiesta de aniquilar la existencia palestina expresada por distintos altos funcionarios de Israel con la complicidad de muchos”. La “voluntad genocida”, como dice, es explícita en declaraciones que van desde la descalificación de los palestinos como “animales humanos”, por parte del exministro de Defensa israelí Yoav Gallant el 7 de octubre de 2023, hasta su negación como personas, formulada por el ministro de Seguridad Ben Gvir, “pasando por (Benjamin) Netanyahu, que una y otra vez los comparó con la figura bíblica de Amalec, cuya memoria, según la Biblia hebrea, debe borrarse de la faz de la tierra”.
Rabinovich es Maestra en Filosofía por la Universidad Hebrea de Jerusalén y en su última visita a la Argentina promovió debates con el documental La gran Palestina, del cineasta mexicano Rafael Rangel. “La discusión teórica distrae de lo que está probado: Israel está perpetrando un genocidio –reafirma la filósofa–, y por supuesto las etapas preparatorias se cumplieron con creces desde los inicios de la Nakba (“catástrofe”, la ocupación de Palestina por parte del Estado de Israel en mayo de 1948) pero en Gaza claramente se implementó desde el sitio de la Franja en 2007”.
“Me parece fundamental para una persona que valore la vida propia y la de otros el pronunciamiento público –interviene la escritora María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Córdoba, 1954)–. Se trata de una carnicería lanzada sobre un pueblo que como todo pueblo tiene derecho a la existencia y del abandono no solo de las condiciones mínimas de humanidad sino también de la desaparición de la política como modo de tratar las diferencias entre los pueblos y de la percepción del otro como ser”. Andruetto integra LIJxInfanciasdeGaza, un grupo de escritores, editores, docentes e ilustradores que se propone visibilizar y pedir compromiso público sobre las matanzas de niños y niñas en Gaza, “el mayor infanticidio del siglo”, a las personas que trabajan con las infancias.
El escritor y ensayista Federico Lorenz (Buenos Aires, 1970) describe la controversia como una especie de diálogo de sordos: “Algo que hubiera ameritado un espacio para discutir se transformó en voces antagónicas hablándose con una muralla de por medio. Son descensos en cierta irracionalidad, más allá de que se sostengan en argumentos racionales y posturas sólidas, puesto que lo que nos define es la posibilidad de la conversación. Por eso también hubo adjetivos tan fuertes en uno y otro sentido y posicionamientos tan taxativos”. Guillermo Saccomanno (Buenos Aires, 1948) coincide en que “fue una discusión de malentendidos”, pero según cree el autor de Arderá el viento (premio Alfaguara de novela 2025) “el problema no es estar o no estar con Gaza sino estar o no estar con el imperialismo: hay un genocidio y tiene que ver con intereses económicos, no con motivos religiosos”.
Rabinovich redobla la crítica: “Hay otra discusión de intelectuales más espuria y distractora: la de aquellos que sólo se miran en el espejo aumentado y se imaginan siendo televisados para pasar a la historia del lado correcto de la barricada. Es la cultura del like. A ninguno de estos ególatras le interesa lo único importante que nos mancha las manos de sangre y es la aniquilación ininterrumpida por tres años de seres humanos”.
El ruido del negacionismo
El periodismo recoge la interpretación de Harwicz: su exclusión de Granada fue un acto de antisemitismo; los motivos que se alegan sobre Gaza serían una impostura y quedan desplazados por las amenazas a la libertad de expresión y el disenso; la escritora fue víctima de una cancelación, esa operación ideológica que para el caso enmascara el castigo a las supuestas “incorrecciones” de su pensamiento. “Cancelado es aquel a quien se le cierran todos los lugares, no puede tener por un tiempo o por siempre una presencia pública y su palabra queda invalidada tanto como sus acciones –dice María Teresa Andruetto–. Harwicz no está cancelada, tiene sus lugares, muchos, más tal vez que muchas o muchos de los que firmaron en rechazo a su presencia en el Festival. No tiene todos los lugares, pero no está cancelada”.
En el libro El ruido de una época, Harwicz cita al filólogo judío Victor Klemperer y sus estudios sobre la lengua del nazismo. “El combate político de un escritor es ese, no escribir con la lengua del poder”, afirma. En el debate actual sostuvo que palabras como “negacionismo”, “racismo”, “apartheid” y “patriarcado”, entre otras, “están secuestradas por la ideología dominante”. El negacionismo que le atribuyen no sería tal sino incorrección política. Pero “la lengua del poder”, “la corrección” y “la ideología dominante” refieren en su discurso a la denuncia del genocidio y al feminismo.
Harwicz construye una figura de escritora “incómoda” y rebelde contra las imposiciones del mercado, aunque sus libros han sido traducidos entre otras lenguas al inglés, francés, italiano, ucraniano, hebreo y el mes pasado se publicaron en Irán, como ella misma lo promocionó. Sería inconformista y reactiva al ambiente literario y la industria cultural, si bien fue finalista del Premio Booker Internacional, comparte catálogo con escritores notables en la editorial Anagrama y Martin Scorsese compró los derechos para la adaptación al cine de tres de sus novelas.
“Entiendo a quienes objetaron su participación, sobre todo en una universidad como la de Granada que hace tiempo adhiere al boicot académico a Israel –sigue Silvana Rabinovich–. Lo único significativo en este asunto es que la voluntad manifiesta de borrar a los palestinos de la faz de la tierra está avanzando. Eyal Weizman dice que en noviembre de 2023 Israel destruyó los archivos de la ciudad de Gaza: el despojo territorial, de la memoria y la vida es lo único que nos concierne”. Weizman es un arquitecto y profesor israelí y entre otras acciones dirigió investigaciones sobre la destrucción del patrimonio cultural y arquitectónico en Cisjordania.
“No podría pretender que me invitaran a hablar de formación de lectores en unas jornadas en Tel Aviv”, dice Andruetto. Sus referencias a la masacre de niños y niñas en la apertura de la Feria Internacional del Libro Infantil en Buenos Aires en 2025, provocaron comentarios despectivos por parte del Secretario de Cultura de la Nación. “Pero no me siento víctima de nadie sino una persona que usa el espacio público que tiene o le conceden para decir lo que piensa y se atiene a las consecuencias”, dice la escritora que acaba de recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo.
Qué hacer con las palabras
Federico Lorenz piensa que “la volatilidad de la urgencia” consumió el debate. “Hasta el momento de la polémica, ¿cuán presente estaba en el debate intelectual argentino la cuestión del genocidio en Gaza? –se pregunta– No lo sé. Sé que por unos días hablamos mucho de esto”. El escritor hace “una analogía suave, porque no son fenómenos comparables, con el recalentamiento del tema Malvinas (por la política del gobierno de Milei) y las imágenes, tópicos, experiencias que están en la memoria colectiva pero tienen períodos de enfriamiento y eso es muy funcional a la cuestión de las redes”. En ese marco, “hoy la palabra de los intelectuales tiene poco valor, porque no manejamos la agenda; es muy difícil instalar discusiones, proyectos políticos, por eso la reacción termina siendo el corte abrupto de la discusión, la condena o la defensa a ultranza en vez del espacio para producir una discusión”.
Rabinovich urge a pensar nuevas formas de intervención: “Como seres humanos, no podemos despegarnos de la responsabilidad por la injusticia omnipresente. El mundo devino Nakba, como suele decir (el filósofo chileno) Rodrigo Karmy, y tenemos la obligación de encontrar cómo hablar. No es el problema de ‘después de Auschwitz’ de Adorno porque no hay ‘después’ del genocidio en Gaza”. Autora de La Biblia y el dron. Sobre usos y abusos de figuras bíblicas en el discurso político de Israel, la investigadora dicta en la UNAM el seminario “Cómo (no) filosofar en tiempos de genocidio” y presenta en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo INAH, ciudad de México, la exposición Traducir justicias, “cuyo núcleo es traducir para descolonizar situaciones de genocidio que abonen a la autodenominación –no sólo autodeterminación– de los pueblos y de las muchas formas de entender la justicia y la vida”.
“El negacionismo de Gaza es comparable con el negacionismo del Holocausto, peligro que anunciaron tantos intelectuales judíos y no judíos desde Primo Levi en adelante –afirma Andruetto–. La proximidad temporal y visual ciega a mucha gente y es aún peor: mientras sucedían los asesinatos de millones de personas en la Alemania de Hitler muchas personas podían aducir que no se habían enterado, como también sucedió aquí en la dictadura, pero hoy podemos ver filmaciones, declaraciones, investigaciones sobre las matanzas y permanecer cegados”. La escritora cita a Susan Sontag: “frente al dolor de los demás, las imágenes en su abundancia pueden anestesiarnos, pero también despertar nuestra conciencia”.
“Más bien lo que está adormecida es la vocación de informarse, y en general –dice Lorenz–. En esto es más urgente, porque implica vidas humanas, pero me atrevería a preguntar, sin restarle importancia a lo que sucede en Gaza, frente a cuántos episodios de sufrimiento y muerte humana estamos anestesiados. Hay un problema mayor, la posibilidad de conectarse y desconectarse de la realidad, que hoy parece más virtual que analógica. Ese es el verdadero problema para mí, trasciende la discusión sobre Gaza y esta polémica”.
Rabinovich sostiene que la denuncia no debe ser el objetivo de los intelectuales, “porque no es efectiva y en su horizonte está siempre la policía”, y suscribe la comparación del Holocausto con Gaza: “Los negacionistas tenían tretas horribles como exigir documentos y evidencias de los muertos y de la muerte industrializada. Los negaSionistas (sic), en cambio, en la sociedad del espectáculo y de la provocación de la porno-política, no buscan convencer a nadie. Todo el affaire con Harwicz es más policial que intelectual, y ella se puso la gorra primero. Con las palabras debemos hacer algo más digno e interesante que denunciar. Los profetas bíblicos no denunciaban: amonestaban, exhortaban a reconocer la humildad, buscaban ablandar corazones… y también proferían maldiciones, pero nunca en nombre propio sino en nombre de los condenados de la tierra”.
Un caso testigo
La discusión alrededor de Harwicz y la decisión del Festival de Granada exhumó un incidente olvidado: la reacción de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y de escritores encabezados por la propia Harwicz contra un artículo publicado el 21 de mayo de 2021 en el suplemento Rosario 12, bajo el título “Canción a Palestinauschwitz” y con la firma de Hugo Alberto Ojeda.
La acusación por antisemitismo contra Ojeda se comprende a la luz de otro antecedente y prefigura las acciones judiciales emprendidas desde entonces contra artistas, dirigentes de izquierda, periodistas y militantes solidarios con Palestina. En junio de 2020 el presidente Alberto Fernández introdujo en el sector público nacional la definición aprobada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA): “El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos. Las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto”. Fue “un error grueso”, dice Rabinovich, “porque es una definición judeocéntrica que no contempla la islamofobia, que es también parte del antisemitismo, y asimila la crítica al Estado de Israel con el antisemitismo”.
Ojeda se preguntó qué diferencias había entre las condiciones de vida entre los campos de concentración nazis y la franja de Gaza y utilizó los términos “genocidio” y “limpieza étnica” a propósito de los palestinos. La DAIA repudió el artículo al día siguiente de la publicación, invocando la definición de antisemitismo incorporada por el gobierno de Fernández, que para la entidad “equipara de manera legal el antisionismo con el antisemitismo”. Esta interpretación sustenta hoy las persecuciones judiciales, la vigilancia y el ciberpatrullaje policial.
El 23 de mayo de 2021 se publicó la solicitada de los intelectuales y artistas precedida por un escrito de Harwicz, Ariana Saénz Espinoza y Facundo Milman. La escritora transgresora e incómoda, según los títulos que le concede el periodismo, definió al artículo en cuestión “como parte de una campaña de fabricación sistemática de odio hacia lo judío”, que “se escuda en una supuesta crítica a la política del actual gobierno israelí” y lo vinculó con crímenes en Francia, manifestaciones en otros países europeos y declaraciones del dirigente de izquierda Juan Carlos Giordano. La política de Netanyahu quedó fuera de discusión. El texto fue bajado de la web y Ojeda no volvió a colaborar en Rosario 12.
La asociación de Gaza con el genocidio nazi no era novedosa: en 2002 ya la había planteado José Saramago. Tampoco resultaba una simple ocurrencia ni un hecho aislado: Raz Segal, entre otros notables historiadores del Holocausto, definió la situación en Gaza como “un genocidio de manual”. Sin embargo, los firmantes de la solicitada observaron “una confusión intolerable entre dos realidades”.
El 26 de junio de 2026 organizaciones de derechos humanos y referentes políticos, culturales y sociales acusaron a la DAIA de “persecución ideológica y política” contra quienes critican las políticas del gobierno israelí en Gaza, y de tergiversar los cuestionamientos al gobierno de Netanyahu para presentarlos como expresiones de antisemitismo. Más de un centenar de personalidades de la comunidad judía, el Llamamiento Argentino Judío y la Federación de Entidades Culturales Judías (ICUF) suscribieron la declaración: la DAIA, afirmaron, confunde “deliberadamente” la denuncia de los crímenes de Netanyahu con antisemitismo y los bombardeos sobre la población civil gazatí con judeofobia. El caso Ojeda fue el primer acto de una práctica que se extiende hasta la investigación actual de la fiscal federal Federica Tiscornia contra dos militantes de Izquierda Socialista por su participación en Asamblea Acción por Palestina Rosario.
Una pregunta
“Estoy caminando en la calle –escribe Rabinovich por mensaje de WhatsApp–, pero te quiero contar lo que me pasó hace una semana, cuando vi por quinta vez La gran Palestina junto a una madre de Gaza con dos hijas que vinieron a México para ser curadas. La madre quedó sin una pierna y la hija más chiquita, que había recibido una bala en la cabeza, estaba recuperando la movilidad del lado izquierdo. La nena miraba la película y al escuchar los bombardeos se tapaba los oídos… ¿para qué sirven nuestras discusiones ociosas y nuestras certezas si no podemos hacer nada para que esa gente encuentre sosiego?”
