“El que ama al Estado se odia a sí mismo”
El amor lento – Martín Rodriguez

Uno

Es imposible escribir sobre Puan sin pensar en el contexto sociopolítico. Pero antes de sumarse al coro apocalíptico sobre La Libertad Avanza y su proyecto como partido para reformar la educación pública argentina, es preferible escribir sobre Puan. Aunque no haya forma de poner en palabras las impresiones sobre esta película sin conocer el mundo simbólico y real que la rodea, sobre el cual este film basa su existencia en el presente, escribiremos sobre Puan en sí misma, sobre lo que la obra tiene para decir.

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Una película que va contra el clima de la época. Un film trágico y a la vez cómico, tan previsible como sensible. Puan es la transformación de un imposible en una posibilidad. Pensar y mostrar una facultad humanística desde adentro. Entre las demonización de las becas del CONICET y la fijación de Javier Milei por volar el INCAA. Aparece justo a tiempo, una historia sobre eso que hoy en día recorre las pantallas de la televisión y los smartphones como un gasto innecesario. El gesto de la soberanía: una película argentina sobre una facultad argentina en una Argentina donde parece que eso no es su leitmotiv

Pero Puan resiste. Narrada con sus contradicciones, fobias, errores y fracasos. Trazada en sus límites y tensiones, anclada ahí. Una película que dice que para defender hay que creer en lo que se defiende, que para proteger hay que saber qué se protege.

¿Qué se protege? ¿Qué se defiende?

Dos

Después de la muerte del titular de cátedra, dos hombres de gran trayectoria, con formas diametralmente opuestas de entender y transmitir la Filosofía Política, comienzan un duelo. El duelo, en vez de transformarse en un estado de existencia ante la pérdida, se configura en una batalla entre pares por ocupar un vacío de poder. 

Por un lado, Marcelo Pena (Subiotto), es el arquetipo de un docente melancólico que cree que todo tiempo pasado fue mejor y es, por condición de voluntad y disposición estética, el verdadero dueño de la herencia del reciente finado. Por el otro, Rafael Sujarchuck (Sbaraglia), es el arquetipo de un profesor heterodoxo heideggeriano del mundo becario europeo, un tipo que ve en la vacante postmortem el momento ideal para enmarcar su nombre en su país de origen.

La aparente posición de Sujarchuck ante la titularidad sería la reforma del plan de estudio en búsqueda de inyectar nuevas formas de pensamiento. Es por eso que da una masterclass sobre Baruch Spinoza en simultáneo a un teórico clásico y vacío de alumnos del profesor Pena, un hombre gris que lucha por la continuación de un legado extremadamente prodigioso por parte de su maestro

En fin, son dos tipos que de tanto pensar se olvidan de su alrededor. Alrededor de esta pelea entre dos hombre de ideas. En la película, un concierto de mujeres, introduce la voz del adentro y el afuera de la universidad: la falta de pagos, los salarios escasos, los cierres de fábricas, la persecución política y el amarillismo mediático, entre esos problemas que son los que –en realidad– son importantes.

En la praxis, la historia se transforma en un ring entre el que padece y cobra en pesos contra el que la vive y cobra en euros. Mientras las escenas transcurren quien la ve puede elegir su profe favorito. Sobre una lectura moral y bienpensante los honores deberían ser del profesor con mayor recorrido pero la trama sorprende.

Tal es así, que ni Pena ni Sujarchuk pueden leer la realidad que los termina venciendo. Si la Filosofía Política invita a conectar con el mundo sensible de las ideas y a reconectar con el plano real de la acción, ninguno de esos dos movimientos son posibles para estos personajes tan enamorados de sí mismos que se olvidan del verdadero rol de la comunidad a la que pertenecen. Construir pensamiento crítico no es desempolvar una mac llena de polvo cada unos meses, ni tampoco leer libros sin parar sin sentir el termómetro de la calle que los rodea. Puan lo dice así: Argentina necesita papers pero también personas que se la jueguen.

El film, como parábola, invita a la comunidad académica a dejar de vivir preocupada por el kiosquito de las horas cátedras y busca de alguna forma influir en la reconstrucción de una universidad afín a los tiempos que corren. Una reforma poética. Puan en ese sentido, deja una gran enseñanza, tan vieja como la historia de nuestra literatura: si entre hermanos se pelean, los devoran los de afuera.

Tres

Hay una escena anterior a la escena final. La locación es la puerta de la Facultad de Filosofía y Letras, ubicada en la calle Puan 480 de la Capital Federal. La comunidad se va acercando al establecimiento y el guardia les comenta que la Institución se encuentra en quiebra y que, debido a un mensaje del Ministerio de Educación, la facultad se encontrará cerrada hasta nuevo aviso.

En ese momento, Sujarchuck se transforma en un pelele y Pena en un mártir. Hay un axioma fogwiliano en esa escena. Si hubiese un grupo del que todavía se puede esperar algo, es de la gente muy fea, esas son las personas que todavía conservan un poder en el mundo más allá de las cámaras y los espejos.

El hermoso spinoziano de vestimenta new age, iPad y totebag, agarra el micrófono y propone una clase abierta. El narcisismo insoportable pregunta ante la comunidad desorganizada: ¿Qué es el pueblo? El pueblo le responde en silencio. Esa incomodidad es de alguna forma interrumpida por la aparición de las fuerzas armadas en búsqueda del desalojo de la protesta.

Pena construye su momento. Ese es el acto simbólico que le cambiaría la vida. El que le da sentido de ser. Su defensa de la Universidad Pública lo reanima. Pasa de ser el pobre tipo al héroe inesperado. Desactiva su impotencia y construye su virilidad en un acontecimiento. 

El sueño eterno del porteño de morral: ser reprimido por la yuta de Capital. Pero de ahí, el conflicto se disipa, la escena se oscurece y es su cara, siempre su cara, la vitalidad de un sabor amargo. El gusto final del film. Tal vez, en ese momento, con la cara contra el pavimento, siendo golpeado por unos uniformados, despierta algo de lo real. Un poco en redención o revancha a ese tema de Charly García que suena durante la película y parece enjuiciarlo a cada rato: “un día volverá a las fuentes, no creo que pueda dejar de protestar”.

Cuatro

Puan se centra en dos tipos que de tanto pensar se olvidan de su alrededor. Pero Puan también se descoloca y muestra alrededor de esta pelea, un concierto de mujeres que introduce la voz del adentro y el afuera de la universidad: la falta de pagos, los salarios escasos, los cierres de fábricas, la persecución política y el amarillismo mediático. Son, como signo de época, las mujeres las que van al grano de esos conflictos que son los que -en realidad- son importantes.

Más allá de Lali Espósito que aparece en la película como la nueva pareja de Sujarchuk, hay algo en las figuras femeninas del film que llama la atención. Entre ellas, el personaje que hace de la compañera de Pena, una mujer profesional de pies descalzos, una abogada defensora de otras mujeres, conectada con lo que pasa en la vida cotidiana de su familia y también con el afuera de la misma, dos ámbitos en los que su pareja sólo despliega desinterés y desatención.

Es ella la que conecta con su hijo, con las otras mujeres, con las fábricas, con la realidad de ese país construido en la película. También, es la compañera de cátedra la que reclama por su salario, piensa en la niñera, en los cuidados, en el fin de mes, en la guita y que –además y sobre todo– es generosa y propone soluciones a los conflictos que atraviesan como grupo.

La película también trasciende desde ahí, ninguna mujer es protagonista pero todas juntas arman un coro de voces que perfora y penetra el duelo de los muchachos por su honroso cargo. Puan también es una oda al segundo plano, una búsqueda de esas historias nimias que llevan todavía un axioma vital en sus manos: no existe una escuela que enseñe a vivir.

Cinco

Fe de erratas. Esta reseña iba a ser sobre una obra de teatro pero algo pasó. El día domingo tenía entrada para Matáte amor en el Centro Cultural Parque España, la obra dirigida por Marilú Marini y protagonizada por Érica Rivas pero me equivoqué el horario de comienzo. pero me equivoqué el horario de comienzo. El guardia de seguridad me dijo que ya se había ido la gente de la boletería y que no podía pasar.

Como Pena, que cuando no pudo entrar a la Facultad realizó una de sus tareas pendientes, agarré la moto, subí por la calle Entre Ríos y avancé. Cuando llegué a la zona de la Facultad de Humanidades, vi un pasacalle de Puan, la película de este texto, una pseudo publicidad e intervención que ya había visto días atrás en la ciudad universitaria de Rosario. Gracias a ese afiche, vi la película y por la noche, surgió este texto. 

Hace semanas que aparecen pasacalles anónimos en los ingresos de distintas facultades del país amenazando con su cierre inminente, el arancelamiento y la búsqueda del pago individual por la educación. Ver ese pasacalle de Puan y no otra cosa, ver Puan y no otra cosa, escribir sobre Puan y no otra cosa, fue de alguna manera, ante una semana enloquecida y enloquecedora por lo que pasará el domingo, una pequeña resistencia.

 

 

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Sobre el autor:

Acerca de Andrés Mainardi

Nací en Rosario en 1996. A veces estudio Comunicación Social. Escribo para cazar fantasmas. A la vida no se viene a ser feliz o infeliz: se viene a aprender lo que te enseñan los amigos.

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